Dice que cayó mal cuando partió, junto a su hermano, ofreciendo su propuesta en las viñas de Colchagua: el famoso maridaje comida-vinos. Su discurso era que la cocina de la zona no estaba a la altura de los vinos que ahí se producían. Que la primera tenía que estar al servicio de los vinos y […]

  • 25 febrero, 2013
Pilar Rodríguez

Pilar Rodríguez

Dice que cayó mal cuando partió, junto a su hermano, ofreciendo su propuesta en las viñas de Colchagua: el famoso maridaje comida-vinos. Su discurso era que la cocina de la zona no estaba a la altura de los vinos que ahí se producían. Que la primera tenía que estar al servicio de los vinos y que mientras los viñateros no entendieran que la gastronomía es el mejor aliado del vino chileno, no vamos a dar el paso siguiente.

Pilar Rodríguez venía llegando de Europa, con estudios en Le Cordon Bleu y con experiencia laboral en un restaurante 3 estrellas Michelin. Venía con otra mirada, aprendió inmersa en otra cultura. Con convicción, persistió en su propósito; con el tiempo fue ganando terreno y hace un buen rato se instaló con su Food & Wine Studio, único en encanto, y donde en sus preparaciones pensadas para acompañar y potenciar el vino, sólo se usan productos nacionales. Es una gran promotora de los sabores propios, meta que persigue una y otra vez como asesora de ProChile, cocinando y posicionando nuestros productos en el extranjero. Intensa e inflexible, Pilar cuenta que no le fue fácil convencer que el pulmay sería el plato representativo en una de estas cenas de promoción imagen-país en alguna metrópolis asiática: “El pulmay se prepara con puros productos nuestros exportables, y a los orientales les encanta la sopa… era perfecto. Y fue un éxito, se chupaban las conchas los comensales”.

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Pilar Rodríguez es respetada en el medio. Aunque no lleva más de 10 años en el rubro. Es diseñadora de profesión. Fue directora de marketing para Latinoamérica de Tommy Hilfiger. Trabajó para la empresa de ropa norteamericana por 15 años y se peina en temas de estrategias de marcas, de creación de mundos y generar “experiencia” alrededor de ellas. Y eso es lo que aplica en su taller. La chef taquilla del valle de Colchagua que vive y trabaja en su estudio, a unos metros de las bodegas de Viu Manent, con quienes comparte parque, asociación, complicidad, amistad. Una sencilla casa de inquilinos remodelada, entera blanca, entera luminosa, con muebles provenzales livianos, donde sobresalen la cocina a la vista, la larga mesa de comedor, la declaración de principios de la casa y la pizarra con los platos de día.

Desde sus comienzos conocemos la mano de Pilar. Hace casi diez años, en una viña de Colchagua cuando recién comenzaba, varios platillos frescos, bien preparados y presentados acompañaron y potenciaron la degustación de los vinos. Otra ocasión fue en una espléndida terraza suspendida sobre viñedos del Alto Cachapoal. Es cierto que la magia del entorno, la belleza de los lugares y el atractivo de los comensales hacen mucho. Pero el recuerdo esta vez se enfoca en el “inolvidable” almuerzo de Pilar para los magníficos vinos Altaïr y Sideral.

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La última vez, en su encantador estudio, nuestra anfitriona nos da a probar el último producto de la viña Tamaya: unos riquísimos jugos de pulpa natural, mientras prepara el pebre con el que, cinco minutos después, acompañamos las carnosas patas de jaiba que disfrutamos con un rico Sauvignon Blanc Secreto, de Viu Manent. Seguimos con ostiones salteados en oliva, ajo y cacho cabra sobre una perfumada y suave crema de coliflor. A la mesa se van integrando comensales que aportan, esta vez, una pasta de ají artesanal, dulce, concentrada, fresca, muy muy buena. La degustación del ají y la apertura de las botellas de carménère y syrah nos preparan para el plato que viene: cordero de la zona –magro, jugoso– y longaniza de pollo de Putú, acompañado de cremoso mote. El volumen de las voces sube, las risotadas se intensifican, la complicidad crece y la tarde pasa volando con un “tremendo” queso lugareño con mermelada de cebolla y adictivo pan casero de higos y nueces.

“¿Cómo se puede entender que a los distribuidores extranjeros que vienen a comprar vino chileno los lleven a comer a La Mar?”, se queja con humor Pilar Rodríguez.

Respetaremos mucho a Gastón Acurio, pero éste es el embajador de la gastronomía peruana. Pilar propone entrar a la competencia. “No voy a quedarme haciendo catering toda la vida”. Esta mujer audaz y decidida lo ha dicho más de una vez: “Quiero poner a Chile en el mapa gastronómico”. •••