Pilar Larroulet es la autora del mayor estudio que se haya realizado en el país sobre reinserción de mujeres privadas de libertad. Ahora ha estado en primera línea durante la discusión del proyecto de ley que busca disminuir la población penal, para evitar que aumenten los contagios de coronavirus.
Ilustración: María Schultz

  • 14 abril, 2020

El primer borrador salió del computador de Pilar Larroulet (39), académica del Instituto de Sociología UC, en la madrugada del jueves 19 de marzo. Esa misma tarde, la presidenta de la Corporación Abriendo Puertas, Ana María Stuven, lo leyó, le hizo un par de cambios y se lo envió de vuelta. Al día siguiente, Larroulet envió el texto a El Mercurio, y fue publicado el lunes 23 en la sección de las cartas al director.

“Aplaudimos la decisión de las autoridades de presentar un proyecto de ley para aplicar un indulto conmutativo a personas privadas de libertad en riesgo de agravarse al contraer Covid-19 en virtud de su edad (…) Sin embargo, creemos que se deben considerar otros agravantes”, decía la misiva. A continuación, el texto sugería ampliar el beneficio a nuevos grupos y restringir las visitas al penal, permitiendo, en su reemplazo, por ejemplo, el uso de celulares.
La respuesta del economista Klaus Schmidt-Hebbel, al día siguiente, fue dura. “Ampliando su fecunda imaginación a otros grupos de potenciales beneficiados, no sería difícil para las autoras proponer beneficiar a la totalidad de la población carcelaria del país con su puesta en libertad inmediata”, sentenció. Luego de rebatirles cada uno de los planteamientos, aseguró que, entre otras cosas, la propuesta “no ponderaba el dolor, daño y seguridad de millones de víctimas de la delincuencia en Chile, de los cuales algunos pueden vivir más tranquilos sabiendo que sus victimarios están encarcelados”.
La carta, reconocen en el entorno de Larroulet, molestó a las autoras. Si bien manifestaron en privado que cometieron un error al no especificar sobre los delitos a los que se debería aplicar el indulto –dado que eso no era materia de discusión– y, por lo mismo, que debieron haber sido más cuidadosas al escribir de cara a las víctimas, no les pareció el tono “arrogante” que utilizó el economista. “Objetivamente, yo sé del tema”, manifestó ese día Larroulet a su círculo cercano. No había espacio para no responder. Durante la tarde redactaron una nueva carta y la enviaron al diario.
Si bien el tema con Schmidt-Hebbel se cerró ese miércoles, la publicación de la columna puso la lupa en Larroulet, quien según varios expertos es de las personas que mejor conoce de temas carcelarios sobre la base de investigación. Ese mismo día, la académica recibió un llamado del subsecretario de Justicia, Sebastián Valenzuela, para invitarla a exponer –aunque remotamente, desde su casa– ante la comisión del Senado, junto a Stuven.
Felipe Harboe es uno de los parlamentarios que escuchó su presentación. “Yo no sabía quién era y la encontré muy sólida, muy conocedora del tema, con una visión integral del indulto y cómo enfrentarlo. Se acogieron varios de sus planteamientos”, relata.

Quienes conocen a Larroulet aseguran que le gustó participar –por primera vez– en la discusión legislativa. Y que se nota su marcado interés en la política pública, que heredó de su padre, Cristián Larroulet, jefe del segundo piso de Sebastián Piñera. Sin embargo, agregan, lo suyo no es la política como tal, sino la academia. “Es muy técnica, metódica, con una formación más analítica, metida en datos. Ella todo lo analiza basándose en evidencia”, señala Sergio Urzúa.

El paso por EE.UU.

Quería ser jueza, y por eso entró a Derecho en la UC. Pero al poco tiempo se imaginó trabajando en traje de sastre en una oficina de derecho comercial –ya que en esa casa de estudios el área penal recién se imparte en tercer año– y se frustró. No era lo que quería para su futuro. “Debí haber entrado a la Universidad de Chile”, es algo que suele reconocer.
Se cambió a Historia y ahí conoció a su profesora Ana María Stuven, quien tenía un programa ad honorem en la cárcel de San Joaquín. Hasta entonces, Larroulet solo conocía los penales por los libros, pero era un tema que le intrigaba. El voluntariado la llevó a meterse en la investigación de las cárceles y para eso comenzó un magíster en Sociología. Al alero del académico Eduardo Valenzuela, de la escuela de la UC, empezó a elaborar diferentes estudios sobre el mercado de las drogas, consumo y microtráfico. Todos ellos enfocados en la cárcel.
Dos años más tarde postuló a una beca para hacer un magíster en Criminología y Justicia Criminal. Financiada por Fullbright aterrizó en Maryland a fines de 2012, junto con su marido, el actual subsecretario de Desarrollo Social, Sebastián Villarreal, y sus dos hijos.

Se instalaron en un departamento de 70 metros cuadrados repartidos en dos piezas y un espacio común, en la ciudad de College Park. En el mismo edificio vivían los chilenos Ricardo Espinoza y María José Cuesta –ambos trabajan hoy en la OCDE–, y David Moreno, economista del Banco Central. Mientras Pilar estudiaba, Villarreal se hacía cargo de los niños, que hoy tienen 10 y 8 años.

Durante los fines de semana hacían picnics en los parques junto a otros compatriotas o comían en la pizzería Ledo. Los Villarreal Larroulet visitaban con frecuencia Washington DC, que estaba a 15 minutos.
El economista Sergio Urzúa coincidió con Larroulet en Estados Unidos. “Pilar acaparó la atención de los profesores por su capacidad e interés, no por ser hija de. Siempre pensé que podía hacer una vida académica acá”, señala el profesor de la U. de Maryland.

Dos años después, Larroulet optó por un doctorado, financiada con fondos de la universidad norteamericana y con Becas Chile. En la Universidad de Maryland, una de las de mayor prestigio en criminología, trabajó con el académico Terence Thornberry, autor de un estudio longitudinal que sigue a un grupo de jóvenes escolares desde los años 80 junto con sus padres, y desde el año 2000 entrevista también a sus hijos mayores. Larroulet se metió en la investigación para analizar el traspaso generacional: qué patrones de parentalidad influyen en las bandas delictuales.
Pero hasta entonces su aproximación al sistema carcelario había sido tangencial.

Estudio longitudinal

En una conversación con Rafael Rodríguez, jefe de desarrollo de la fundación San Carlos de Maipo, él le contó que quería hacer un programa de intervención con mujeres privadas de libertad. “Programas exitosos en cárceles de mujeres hay pocos porque no hay estudios en reinserción”, le dijo la socióloga. “¿Por qué en vez de hacer una intervención no levantas primero qué es lo que ocurre a través de un estudio que siga a las privadas de libertad?”.

Apenas colgó el teléfono, Larroulet pensó: “Si hay alguien que haga el estudio, voy a ser yo”. Llamó a la socióloga Catalina Droppelmann –que se estaba doctorando en criminología en Cambridge– y a Eduardo Valenzuela, para tener el respaldo de la UC. Luego, sumó a Sebastián Daza, doctorado en Wisconsin, y a Paloma del Villar, quien se hizo cargo del terreno, desde Chile.

Para el estudio invitó a participar al total de mujeres que salieron de la cárcel en Santiago entre septiembre de 2016 y marzo de 2017. Un 81% de ellas se sumó. Las entrevistaron antes de salir, a la semana fuera del penal, a los dos meses, a los seis y al año.

Los resultados del terreno fueron presentados en enero del año pasado, junto con la fundación Colunga y San Carlos, quienes ayudaron al financiamiento de la investigación. El estudio –que insertó en su tesis doctoral– sigue siendo analizado en un comité asesor donde participan Olga Espinoza, desde el mundo académico; Ana María Stuven y Sergio Chacón, por las ONG; Michelle Barahona, por Gendarmería; Patricia Pérez, ex ministra de Justicia; y Ana María Morales, de Paz Ciudadana.
El documento que daría cuenta de un análisis más extenso iba a ser presentado en diciembre de 2019. Pero el estallido social hizo que se portergara para mayo. Y el Covid-19 volvió a correrlo hasta nuevo aviso.

“Es la base de datos más importante que tenemos sobre problemas de reincidencia a nivel país. No hay otra base de datos más rica”, señala Valenzuela. Y agrega: “La inteligencia y el diseño del proyecto son de ella”.

De derecha a izquierda

A comienzos de 2018, Sebastián Villarreal –que en ese entonces se desempeñaba en el BID– recibió una llamada de Sebastián Piñera para invitarlo a participar en el gobierno. La decisión de volver a Chile fue difícil, cuenta un amigo de la pareja en EE.UU., sobre todo porque Larroulet no había terminado el doctorado. “Sebastián tiene este componente más político. Ella es más académica: mira las cosas con la frialdad del técnico y no se enreda en cosas ideológicas”, agrega Urzúa.
Ya en Chile, la criminóloga se incorporó de inmediato como profesora asistente a la Escuela de Sociología de la UC, además de sumarse al Centro de Estudios Justicia y Sociedad que dirige Catalina Droppelmann. Desde el año pasado comparte un curso de Introducción a las Políticas Públicas con Rodrigo Valdés. “No conozco a nadie que sepa más que ella en Chile sobre temas de cárcel, delitos y reinserción”, asegura el ex ministro de Hacienda.

Quienes han estado con Larroulet cuentan que políticamente navega por mundos muy disímiles: “El de la sociología es muy distinto al de la elite del gobierno. Ella puede hacer puentes muy importantes, conectar a mundos que a veces no conversan”, asegura Valdés. Y agrega: “Le debe pasar que es la más de izquierda en un grupo y la más de derecha en otro en un mismo día.

En su entorno la definen como “de centro”, que bien podría apoyar la candidatura de alguien del perfil de Óscar Landerretche o Andrés Velasco. En materia de justicia, en tanto, respeta lo que ha hecho el gobierno de Piñera en ambos períodos. Sin embargo, es muy crítica del manejo que tuvo el gobierno tras el estallido social. “Le molesta la falta de conciencia de los privilegios que tiene la elite, de la que ella sabe que es parte. Le enerva ese discurso de su entorno de ‘a mí nadie me ha dado nada, lo he trabajado todo’”, relata un cercano. Y agrega que post 18 de octubre, le ha costado más la relación con su mundo “más de elite” que con el de izquierda.

Pilar es la segunda de los siete hijos del asesor de Piñera. En el entorno de los Larroulet Philippi cuentan que, a pesar de que tiene una relación fluida con su padre, en el caso de la aproximación al tema de la delincuencia, padre e hija tienen posturas disímiles: el ex ministro se identifica con la mirada del fallecido economista Gary Becker –que postulaba que delinquir tiene un precio, mientras más alto, más cuesta cometer el delito–, mientras que la socióloga se enfoca más en la reinserción por sobre las sanciones. Por esto, dicen, cuando Pilar envió la carta al diario, el ex ministro se enteró cuando la leyó en la prensa y se lo comentó en el WhatsApp familiar. “A Cristián le gusta que sus hijos tengan una mirada en la política pública”, asegura un amigo de la familia.

La socióloga, dicen, se preocupa, especialmente, de mantener distancia de su padre en su profesión, porque “le carga tener un apellido que la marca”, sobre todo políticamente. “Le acomodaba mucho el anonimato de Estados Unidos. Allá las discusiones son menos polarizadas, el foco está en la academia con distancia de tu pensamiento político. Esa libertad acá la tiene menos porque sus comentarios se leen con mayor suspicacia”, señala una amiga.

El viaje que no fue

Por estos días, Pilar Larroulet viajaría a Maryland para poder avanzar en su tesis doctoral sobre los factores que inciden en la reincidencia delictiva en las mujeres. Sin embargo, el coronavirus interrumpió esos planes. En vez, ha estado siguiendo en primera línea, vía remota, la tramitación del proyecto de ley que busca conmutar las penas de algunos presos. A la vez, ha estado mirando con atención lo que se ha hecho en Irán y algunos estados de EE.UU. cuando llegó el Covid-19 a los penales: muchos de ellos adelantaron las salidas y otorgaron indultos.

A su juicio, la iniciativa del gobierno es conservadora –debiera involucrar a un número mucho mayor de condenados– y se ha visto entrampada por razones políticas. Por ello, ha señalado en la prensa que esta urgencia es una oportunidad de pensar en un problema no resuelto y asumir actitudes humanitarias y solidarias con los más necesitados. En privado, en tanto, ha asegurado: “Soy académica, pero tengo un tema afectivo producto del vínculo con Gendarmería que en este contexto me genera angustia”.