Pierre-Yves es el menor de los cuatro hijos de Jacques Cousteau y como si se tratara de una herencia familiar ineludible, se ha dedicado a la conservación de los océanos, fundando incluso su propia ONG que recopila datos del fondo marino a través de un sistema colaborativo.

  • 8 noviembre, 2018

Tenía solo 16 años cuando su padre, el afamado explorador subacuático francés, murió. De él conserva los mejores recuerdos y se declara su mayor fan. “Tengo la suerte de haber buceado con mi padre varias veces y de conocerlo en un momento de su vida en que estaba menos dedicado a las expediciones y más a pensar en el futuro y en la filosofía de la preservación. Ese es el padre que me inspiró”. Pese al orgullo incondicional que profesa hacia la figura de su progenitor, la carrera profesional de Pierre-Yves (37) comenzó lejos del mar. Primero cursó astrobiología, que es el estudio de la vida en el universo, y luego trabajó con la NASA y la Agencia Espacial Europea. Fue en Chile, concretamente buscando signos de vida en el desierto de Atacama, que el menor de los Cousteau se reencontró con la conexión entre el origen de la existencia y el fondo del mar. Piensa hoy que su destino lo persiguió, pero él fue quien decidió que no bastaba con disfrutar del buceo y la navegación, sino que aprovecharía el peso de su apellido para dedicarse a la conservación del ecosistema en los océanos. “Tengo la suerte y la oportunidad de usar la notoriedad de mi nombre para decir cosas importantes y no quedarme pensando: ‘¿Quién soy yo comparado con mi padre?’. No hay tiempo para eso”, cuenta desacomplejado el hijo del capitán del Calypso. 

 

Mar de plástico

Bajo ese espíritu, el también conservacionista fundó en 2012 la ONG Cousteau Divers, que se basa en un modelo colaborativo. Pierre-Yves pensó que la experiencia de inmersión de miles de submarinistas anónimos a lo largo de todo el mundo podría servir para recabar datos y hacer un diagnóstico de la salud del mar. Se sabe que la biodiversidad de los océanos está amenazada por la pesca indiscriminada, la contaminación y el cambio climático, lo que se traduce en un alarmante aumento de la temperatura, cuya total complejidad y escala sigue siendo mayormente desconocida para la ciencia. Hace dos años, la fundación de Cousteau lanzó el Proyecto Hermes que buscaba financiarse a través de una campaña de crowdfunding en IndieGoGo. El plan original era recopilar la información de buceo y procesar los datos en tiempo real, pero en el camino descubrieron que era mucho más valioso reunir esas mediciones y luego procesarlas con tiempo para fines científicos. “Si usted es buzo y está interesado en contribuir con sus datos, únase a nosotros. Si es un amante de los océanos, regístrese”, dice su sitio web www.cousteaudivers.org. 

La información se completa con mediciones de la superficie del mar vía satelital y softwares especializados. Así, el Proyecto Hermes ha creado una importante data de código abierto y sin fines de lucro. “Los datos son el nuevo oro o petróleo, un recurso muy valioso que a nosotros nos interesa obtener en equipo y de manera abierta. Hay gente que intenta hacer lo mismo pero con fines comerciales, nosotros, en cambio, solo buscamos la sustentabilidad económica del proyecto porque esos datos serán importantes para todos: científicos, empresarios, pescadores y políticos”, señala Cousteau. En los años que lleva sumergiéndose en el océano ha podido constatar con sus propios ojos el devastador efecto de la contaminación bajo el mar. “En cada inmersión que hago veo más plástico y menos peces. Todavía no sabemos cómo nos afecta el plástico porque este material posee un lípido que podría tener efectos bioquímicos muy nocivos para nuestra salud. Lo averiguaremos en veinte años más. De todas maneras, a mí al menos no me apetece comer plástico”, afirma el buzo sonriendo. 

 

Las víctimas del modelo

Pierre-Yves es delgado, tiene los mismos ojos claros de su padre y parece tímido, pero su rostro adquiere total pasión cuando aborda el desafío ético que debemos asumir como sociedad para generar un cambio. Cousteau apunta al consumismo como uno de los mayores responsables del daño que le hemos generado al planeta, pero va más allá: “Hice un MBA para entenderlo y el problema es que hay un tema que no está dentro de la economía: las externalidades. Muchas veces, cuando haces un producto, el precio de mercado implica un costo que se traspasa a la naturaleza y a las personas que lo fabrican”. Usa el lápiz que tiene en su mano como ejemplo y continúa: “¿Por qué tienes niños en las fábricas?, ¿Por qué hay polución? Porque un lápiz puede costar apenas unos centavos”. Según Cousteau, no internalizamos el real costo de lo que consumimos, de lo contrario, el precio del lápiz nos parecería insólito y lo cuidaríamos como si fuese de oro. En cambio, es más conveniente diseñarlo de tal manera que sean baratos y no importe perderlos. “Así compras más”, sostiene el submarinista, y agrega que la conciencia de los individuos no basta porque que la solución debe pasar por un trabajo conjunto entre políticos y empresas. “No vamos a regresar a un sistema peor, el capitalismo es el mejor sistema que tenemos hoy, pero está teniendo un costo muy grande y debemos encontrar un equilibrio. Avanzar hacia algo que resulte más lógico, más científico y sustentable”, concluye.