Todavía nos quedan largos días de verano para dedicarle a
la lectura, pero como siempre habrán más títulos que horas disponibles, aquí una selección de libros que merecen nuestra atención.
Por: Felipe Gana y Sofía García-Huidobro

  • 14 febrero, 2020

Sin Paz, Richard Yates

El autor de Vía Revolucionaria es uno de los principales exponentes de la generación de cuentistas estadounidenses que también integran John Cheever y Raymond Carver, entre otros. Su novela Sin Paz se sumerge en una atmósfera oscura y decadente para contar la historia de John Wilder, un publicista neoyorkino relativamente exitoso, pero infeliz, que producto de un arranque nervioso termina internado en una clínica psiquiátrica. Esa breve estadía abrirá un camino, a ratos calmo y a ratos tormentoso, donde la cotidianeidad, el alcohol y los sueños cinematográficos se van fundiendo en un delirante relato que conduce al abismo. SGH.

Ensayo de eclipse , Alfonso Iommi

Este libro del viñamarino Alfonso Iommi es, a la vez, una biografía, un ensayo y puede ser leído como una novela, todo esto gracias a la pericia de su autor para narrar la vida del dibujante norteamericano, nacido en Rumania, Saul Steinberg. Ilustrador de revistas como Vogue, Life o The New Yorker se definía como “un escritor que dibuja”. Basado en las cartas y conversaciones con Aldo Buzzi, Iommi se centra en la madurez del dibujante, específicamente en el año 1984, cuando a sus setenta años, un tanto hastiado de su obra y de lo que la rodea, ha dejado de ser un asiduo a las celebraciones bohemias e intelectuales de Nueva York. Este ensayo no agota con una cronología estricta, sino que va contando anécdotas o situaciones del afamado dibujante. FG

Las chicas no lloran, Olivia Gallo

Relatos directos, donde los adjetivos son mínimos y los problemas resueltos en giros ajenos a la tensión de los mismos, caracterizan este primer libro de la argentina Olivia Gallo, y su resultado sorprende. Dueña de una prosa limpia y directa, la joven escritora domina sin dramas eso que se podría llamar la “difícil juventud”. En cuentos como “Caramelos ácidos de limón”, en el que la protagonista debe sobrellevar la muerte de un amigo de sus padres, muy cercano a ella, o “Toda la gente sola”, donde visita a su abuelo en un geriátrico, se puede palpar la soledad de la adultez. Y los problemas que en la adolescencia parecen insondables –como besar al chico que le gusta a la mejor amiga– aquí son narrados con un desparpajo y soltura que hacen pensar que se está leyendo una suerte de confesión, aunque, como su nombre lo indica, sin lágrimas. FG.

María Luisa Bombal, el teatro de los muertos, Diego Zúñiga

La pluma ágil de Zúñiga hace que la investigación sobre la escritora chilena fluya como la mejor de sus novelas. La figura de Bombal, cargada de talento, pasión y fatalidad, se despliega por las páginas mostrando también su relación con escritores como Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo. La autora de La Amortajada, que vivió en París y Buenos Aires, no escribió sobre cuestiones políticas o de género porque lo de ella fue el amor y la muerte, así, entrelazados. La marca de una bala en su hombro y los disparos que le dedicó a Eulogio Sánchez son prueba de ello. “Nunca tuve tino en el amor. Ese es un hecho”, diría Bombal, en uno de los extractos recopilados magistralmente por Diego Zúñiga, y que corresponden a archivos y conversaciones con quienes conocieron a la escritora. SGH.