Un realizador en busca de productores. Un grupo de productores en busca de realizador. El encuentro entre Alberto Fuguet y los catalanes que le producirán su película pudo haber sido una feliz coincidencia. Pero lo que saldrá de ahí no tiene nada de casual. Se trata de Perdido, su segundo largometraje como director. Por Christian […]

  • 18 mayo, 2007

Un realizador en busca de productores. Un grupo de productores en busca de realizador. El encuentro entre Alberto Fuguet y los catalanes que le producirán su película pudo haber sido una feliz coincidencia. Pero lo que saldrá de ahí no tiene nada de casual. Se trata de Perdido, su segundo largometraje como director.
Por Christian Ramírez.

Explicar bien todo este asunto equivale casi como a escribir un cuento -dice Fuguet al preguntarle cómo Perdido, su nueva película, que comienza a filmarse el 1 de octubre en Antofagasta y el desierto de Atacama, consiguió productores españoles y agarró vigorosos nuevos aires después de quedar en primer lugar, pero de la lista de espera, del Fondart. Entremedio, escribió y reescribió, perdió a un protagonista y ganó otro. Cambiaron muchas cosas. Cambió él.

“¿QUIEN DE USTEDES ES ALBERTO FUGUET?”
De hecho, la clave que resolvió el enigma de Perdido estaba en la otra cinta que mantuvo ocupado por varios meses a Alberto Fuguet, la comedia Malta con huevo, donde él fi gura como productor ejecutivo: “Uno de mis socios en la película me dijo que conocía a un ingeniero comercial español, Daniel Aznar, que vivía en Nueva York y que se había iniciado en la producción. Por qué no le mandas un mensaje, me dijo. Fue cosa de enviarlo, pero sin poner en el tema mucha esperanza. De partida, todo había surgido por casualidad. De hecho no hubo respuesta”.

Entretanto, Se arrienda –el debut de Fuguet como director– quedó seleccionada para exhibirse en el Lincoln Center neoyorkino. Así las cosas, casi por cumplir, y aprovechando la estadía, Fuguet volvió a escribir a Aznar. Ahora lo invitaba a ver la película. Cero respuesta, otra vez.

O eso creía: porque al fi nal ésta sí llegó, pero con seis meses de retraso. Aznar existía. “Es más: le había gustado el guión, quería juntarse conmigo. El punto era dónde. Le dije que no tenía planes de aparecerme por Nueva York a la brevedad, que tal vez podría ir después de presentar Se arrienda en el festival de Huelva. Entonces ¿por qué no nos juntamos allá?, me dijo. Okey, le respondí y, francamente, después de eso me olvidé. Mal que mal, ¿quién se sube a un avión y se cambia de continente porque tiene ganas de hablar con otro?”.
Corte.

“Estoy en el hotel de Huelva, no es la ciudad más bonita de España, ni tampoco el festival más interesante del mundo. Pero, en fin, estaba en el hotel, alguna gente había armado escándalo porque nos alojaron lejos del centro de la ciudad y ahora figurábamos en la mañana, en la vereda, esperando el transfer que nos llevaría a las salas de cine cuando un tipo en un BMW se para y pregunta: ¿Quién de ustedes es Alberto Fuguet? Bueno, yo soy. Qué tal, contestó. Soy
Daniel Aznar, tu productor”.

Según Fuguet, Aznar opera a mil por hora y, viniendo de él –que tampoco se caracteriza por ir despacio– más vale tomarlo en cuenta.
El español, un ingeniero comercial radicado en Nueva York después de estudiar un MBA en la Stern School of Business y un master en negocios en la Universidad de Columbia manejaba desde 2004 dos productoras: Page Break, en Estados Unidos, y Malon, en España. Ya había oficiado como productor de Tonight at noon, una película del norteamericano Michael de Almereyda, protagonizada por Ethan Hawke. Buen antecedente. Pero Aznar estaba más interesado en saber más de Fuguet.

“Conversamos mucho”, explica. “Me quedó claro que había visto Se arrienda en DVD. Varias veces. Me dijo que no tenía el menor interés por ver las películas de Huelva, que había venido a hablar de Perdido. Así que no perdí tiempo y le mostré el teaser que había armado hacía meses, cuando Diego Muñoz aún fi guraba de protagonista. Aznar se lo llevó y al otro día apareció con un par de iPods photo, en los que había desglosado y desmontado el mismo material. Así que este productor también sabía operar maquinitas”.

Aznar se había convencido. Quería hacer la película, quería conocer al equipo, ir a Chile, ver el desierto. A los ocho días estaba en Santiago y al siguiente viajaba con Fuguet y el director de fotografía a San Pedro de Atacama. “Fue allí, en uno de esos hoteles modernos edifi cados con adobe, que nos pidió a todos que le contáramos la película otra vez. Que se la contáramos de la forma en que la veíamos”.

Al fi nal de la estadía, Aznar había “armado ofi cina” en Chile, Adobe Producciones, y era el momento de pensar a fondo cómo sacar adelante Perdido sin demorar un minuto. Necesitaba crear un enlace en directo con Fuguet. Entra en esta historia Salvador García-Ruiz.


HABLA SALVADOR

-El contacto con Alberto se produjo a través de nuestro socio chileno, Mauricio Varela. ¿Qué impresión me causó? Me sorprendí –explica Salvador García-Ruiz, uno de los productores de Perdido, gerente de las productoras de Daniel Aznar.

García-Ruiz y Varela conocieron a Aznar cursando el mencionado MBA en Nueva York. Varela volvió a Chile para incorporarse a Socovesa, como gerente de planifi cación, y García- Ruiz, que había trabajado para Goldman Sachs en Estados Unidos, se reincorporó por un tiempo a su trabajo en la consultora McKinsey antes de pasar a trabajar como director de marketing de Caixa Manresa, empresa fi nanciera catalana.

Ahí estaba en 2005, cuando Aznar lo invitó a Page Break. “Se trataba de empresas muy importantes, pero en la consultora yo echaba de menos la parte de ejecución; con los catalanes había muchas ventajas, pero también inconvenientes: el principal es que no eres tu propio jefe”. De modo que, por un par de años, se mantuvo en Caixa mientras colaboraba al mismo tiempo con Aznar, hasta que apareció Perdido.

Salvador indica que una de las ideas básicas detrás de la empresa es producir películas personales y que al mismo tiempo tengan cierta proyección internacional, de modo que la combinación entre western, road movie, drama y desierto se prestaba para hacer de Perdido un producto de esas características. El otro detalle fue trabajar con Fuguet. “Cuando conoces a alguien que ha sido portada de Newsweek, escritor reconocido y director de cine, esperas encontrar a una persona lista, pero no tan accesible, ni menos con su visión políticamente incorrecta de la realidad”, comenta.

Concede que el principal problema de venir a fi lmar a Chile es el tamaño del mercado. Marketear la película en Chile con el nivel de inversión que se proyecta no necesariamente es rentable. “No queremos hacer una película chilena solo para chilenos, sino una película internacional rodada en Chile y con miras a una
distribución global”.

Para ello habría cuatro ventajas, según él: -La primera es Mauricio Varela. “Como ni Daniel ni yo podemos instalarnos de forma permanente en Chile, necesitamos a alguien local que nunca, nunca nos fallará”.

-La segunda es Fuguet. “Tanto como director y guionista, es garantía de profesionalismo, excelencia y sentido común”.

-La tercera está en la preparación del equipo de realizadores. “Parece obvio para los chilenos, pero a nosotros nos importa mucho. De verdad, aquí hay grandes profesionales en el sector audiovisual”.

-Y la cuarta es la estabilidad de Chile. “Es un buen país donde hacer negocios. No hay riesgo regulatorio, tiene un gobierno estable. Eso nos permite, de entrada, la posibilidad de pensar con libertad nuestros proyectos”.

HACIA LA RECTA FINAL
A medida que la filmación de Perdido se acerca, inexorable, tanto Fuguet como García- Ruiz han ido saltando de país en país, aunque ambos coincidirán en la recta final de la preproducción, primero en España y luego en Chile. -Pasa algo extraño con las películas –comenta Fuguet, quien llegó hace poco de inamarca, donde estuvo mostrando Se arrienda y realizó labores promocionales para la edición local de su novela Las películas de mi vida. Se refi ere al abortado primer intento de salir adelante con Perdido: “A veces hay que aprovechar la posibilidad de no filmarlas. Porque en ese lapso las cosas pueden cambiar, radicalmente, y mejorar. Me acuerdo de algo que le escuché en un podcast a Darren Aronosfsky, ese director que tuvo un hit con Réquiem por un sueño y que ahora fracasó con The fountain, una película que nadie vio. En fin. Este tipo dijo: Cuando tienes un proyecto tienes dos opciones: trata de hacerla como quieres o trata de hacerla como puedas. Antes de quedar en lista de espera del Fondart, Perdido tenía cierta forma. Hoy ha cambiado bastante. Y para mejor. Calculo que la actual es, al menos, la séptima versión del guión”.

A medida que conversaban y conversaban acerca de la cinta, Daniel Aznar le comentó, en cierto momento, que la clave del proyecto como negocio estaba en hacerlo internacional, viable y comercial, sin tener que destrozar el guión en el proceso. “Parece imposible, pero en realidad no lo es. De a poco me he dado cuenta que el cine en más de algo se parece a la literatura: así como tienes que mantener una buena relación con tu editorial –con la gente que te publica los libros–, también debes crearla con el que te produce las películas, el tipo que gestiona los dineros. No se puede de otro modo”.

Además, fue Aznar quien le dio uno de los mejores consejos que ha escuchado en el último tiempo: “No trates que los críticos confíen en ti, sino que tu productor crea en ti”. -Creo que la frase habla por sí sola –comenta Fuguet. Mientras tanto, la preproducción de Perdido continúa. A paso firme.