• 12 diciembre, 2008

Generar El 2009 se iniciará con muy malas noticias. El gran paquete fiscal que lanzaría Obama puede ser una solución de corto plazo. Sin embargo, lo que se necesita es que los países con excedente de ahorro dinamicen sus demandas internas.

Estados Unidos está oficialmente en recesión desde fines del 2007. Por lo tanto, todo hace pensar que esta será una de las recesiones más largas de los últimos 40 años, dado que se espera un crecimiento negativo para, por lo menos, los dos primeros trimestres del 2009. Los indicadores líderes aún apuntan hacia abajo y el mercado laboral norteamericano se sigue deteriorando rápidamente. Sin embargo, el gran problema de esta recesión es el proceso de desapalancamiento agudo que la caracteriza, especialmente aquel relacionado con el sector financiero y, en definitiva, con los hogares. Desde la postguerra, el consumo ha seguido creciendo incluso durante las recesiones, agregando 0,7 puntos al crecimiento. Esta vez no es así.

El consumo real cayó un 3,1% anual durante el tercer trimestre de este año, la peor lectura para este indicador desde la primavera de 1980. Durante el cuarto trimestre todo hace pensar que el consumo se está frenando aún más rápido. En el corazón del frenazo está el necesario aumento de la tasa de ahorro de las familias, la que había llegado a casi 0% del PGB y probablemente se elevará a 10% hacia mediados del 2010. Para contrarrestar este menor consumo de los hogares, se espera un fuerte aumento del déficit fiscal norteamericano, dado que las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones) dejarán de ser un impulso al crecimiento por la recesión mundial, lo que frenará el auge exportador norteamericano.

El proceso de desapalancamiento marca el fin de la era de oro financiera iniciada a comienzos de los años 80 con la brusca caída de la inflación y la desregulación fi nanciera. Esta era de oro se grafica bien con el alza durante este período de 25 años de la capitalización de mercado de las acciones financieras como porcentaje de la capitalización total del índice S&P 500. Esta razón pasó de menos de 3% a 25% a mediados del 2007. Hoy, con la caída en los precios de las acciones financieras, éstas representan el 18% del valor total de las acciones del S&P 500. Otra forma de ver este mismo fenómeno es el alza constante en la razón de préstamos bancarios a PGB. Esta pasa de 32% en 1980 a casi 50% a mediados del 2007. Si se usa una línea de tendencia desde 1970, esta razón deberíacaer a un máximo de 41% del PGB. ¿Cuánto se demorará la economía en llegar a ese nivel? Pocos lo saben. Sin embargo mientras más rápido, más profunda será la actual recesión.

Lamentablemente, según diversas estimaciones, a los bancos y otras entidades financieras aún les faltan por lo menos otros 700 mil millones de dólares de pérdidas que reconocer. Al realizarlas, sus niveles de endeudamiento (razón deuda/capital) se incrementarán, pero como necesitan bajarlos, o aumentan capital o siguen restringiendo los préstamos. En paralelo a este fenómeno, trillones de dólares de los llamados “credit default swaps”, contratos de seguros de crédito en donde una parte asegura a otra en contra del no pago por parte de un tercero, se acercarán a su valor de ejercicio, al incrementarse fuertemente la incobrabilidad. Estos contratos fueron suscritos por entidades que no estaban cubriendo una posición, sino que derechamente estaban asumiendo el riesgo de quiebra de empresas y gobiernos. Si ocurren las quiebras, miles de millones de dólares en pagos se gatillarán, drenando liquidez a la economía, al disminuir aún más los capitales de bancos y aseguradoras. La crisis financiera de AIG está ligada a una filial que suscribía CDS pero no provisionaba (casi nadie lo hace) las primas, como hace cualquier asegurador regulado.

En definitiva, el 2009 se iniciará con muy malas noticias en el frente macro. El gran paquete fi scal que lanzaría el gobierno de Obama puede ser una solución de corto plazo. Sin embargo, lo que se necesita es que los países con excedente de ahorro (China, Japón, Alemania, OPEC) dinamicen sus demandas internas, dado que quienes han gastado hasta ahora (consumidores en EE.UU., España, Inglaterra) ya no lo pueden seguir haciendo, y los gobiernos de dichos países tampoco se pueden endeudar ilimitadamente. El gran desafío, por lo tanto, es político. Por un lado, que Estados Unidos acepte una caída en el nivel de vida de sus habitantes reestructurando una serie de industrias que no funcionan bien y mejorando el gasto de gobierno y, por otro, que China, Japón y Alemania abandonen su modelo mercantilista de desarrollo. De lo contrario, el mundo se puede encontrar con una gravísima situación de exceso de ahorro y falta de demanda que agravará el proceso deflacionario en curso.