La DT de Santiago Morning Femenino, Paula Navarro estuvo en París para acompañar a La Roja en el Mundial Femenino de Francia. Sufrió, gritó y se emocionó sobre todo con el 3 a 0 ante Estados Unidos. Pero volvió con una convicción: esto está recién comenzando. A pedido de Capital escribió sus impresiones.

  • 19 junio, 2019

París parecía de fiesta. A la salida del metro, en las calles y parques, niñas y familias enteras vestían las camisetas de sus selecciones. Las agradables temperaturas hacían que la Copa del Mundo Femenino Francia 2019 emergiera con más fuerza como otro símbolo de la lucha de la mujer, como otro paso en las reivindicaciones por la igualdad de género

Empujado por la fuerza de las mujeres de todo el mundo -y también varios hombres, hay que decirlo- el fenómeno del fútbol femenino sigue instalándose en nuestra sociedad. Y me encantó vivirlo. Me alegró. Fue una mezcla de emociones.

Y a pesar de que la selección nacional femenina no estaba entre las favoritas, su participación en el Mundial y su capacidad para jugar sin miedo sorprendieron al mundo entero. Las chicas jugaron con maestría y fuerza. Hicieron lo que pudieron y dejaron todo en la cancha. ¡Magistrales!

Para qué hablar de Christiane Endler, nuestra jugadora más famosa y experimentada. La prensa mundial se rindió ante la portera, de 27 años por su perfección y relevancia dentro de su género. Le dedicaron grandes elogios, sobre todo tras el 3-0 ante Estados Unidos, el domingo 16.  Ella está en el peack de su carrera y creo que juega de manera magistral.

Ese día grité como nunca. Llegué temprano al estadio. El Parque de los Príncipes es enorme: tiene capacidad para 50 mil personas y habíamos más de 40 mil. De ese total, éramos varias las chilenas. Y se notó al momento de los himnos nacionales. Todas seguimos cantado completar la canción nacional. Fue emocionante. Me sentí muy feliz de estar presente en un hito histórico. Porque éste es un hito histórico.

Debo decir que me sorprendió lo lleno que estaba el estadio. Pero, claro, jugaba Estados Unidos, que no solo tiene la selección campeona del mundo, sino que recursos -su cuerpo técnico es de 15 a 20 personas- y una popularidad cada vez más creciente. Y se nota. En la tienda Nike de los Campos Elíseos sus camisetas estaban agotadas. Después supe que en otros locales tampoco quedaban.

Mujeres de todas las edades, familias enteras fueron a apoyar a las jugadoras. Pensé en lo lindo que  sería que eso pasara también en Chile. El fútbol se ha metido en el ADN de las gringas. Tienen nivel. Han trabajado desde pequeñas y tienen una base muy sólida en los contenidos técnicos y físicos.

Y esa diferencia se nota en las chilenas, que intentan compensarlo con inteligencia y técnica.

Ahora es el momento que la Conmebol reglamente en relación a los derechos de formación del fútbol femenino, ya que sin reglamento no avanzaremos y todo quedará en nada. Sino trabajamos, pasarán unas semanas en Chile ya nadie se acordará.

Por eso es muy importante sembrar para cosechar. Y esa es tarea del Estado de Chile. Urge un programa de fútbol femenino a nivel país que considere el fichaje de profesionales de élite para la formación. Se necesitan profesionales, que conozcan el medio nacional y nuestra idiosincrasia para que a los 13 años las niñas ingresen a la competencia.

Es a esa edad que la ANFP y los clubes deben hacerse cargo de la formación.

No me queda más que felicitar a todas las jugadoras de Chile de este proceso, a las históricas, a las actuales, a las que vienen. A las que no le tienen miedo a jugar y se pone la camiseta con alegría. También a los clubes que las han formado y a sus familias.

Fuerza, que está REVOLUCION recién empieza.