No ha sido blanco de saqueos ni manifestaciones masivas. Pero las ventas han disminuido al menos un 50% desde que comenzó el conflicto social en ese barrio ubicado en la comuna de Recoleta. En todo caso, allí creen que como en otras crisis, esta vez también saldrán adelante. Por mientras, inventan eventos para “pasar diciembre” y entre los locatarios organizan rondas nocturnas para defender su patrimonio.
Por: Josefina Ríos
Fotos: Verónica Ortíz

  • 12 diciembre, 2019

Ubicado a pocas cuadras de la Plaza Italia, Patronato resiste las turbulentas jornadas que se suceden en el epicentro de las protestas santiaguinas. A sus estrechas -y hasta hace poco tiempo atiborradas- calles a veces llega el olor de las bombas lacrimógenas y muchos de sus frontis exhiben grafitis alusivos al estallido social.

En este conocido sector ubicado en el cuadrante comprendido entre Loreto, Recoleta, Bellavista y Domínica, sus locatarios se han organizado a través de mensajería electrónica para hacer rondas nocturnas y cuidar los 1.980 establecimientos que allí funcionan. La iniciativa nació de la comunidad coreana, cuyos miembros tienen en Patronato 225 locales en la actualidad. Luego se unieron los chinos y después los comerciantes chilenos. Y aunque el miedo fue la tónica de los primeros días, hoy están más calmados porque no han sido saqueados y porque la mayoría del comercio ha logrado abrir sus puertas de lunes a sábado, como es la costumbre.

No ha sido fácil. Carlos Abusleme, presidente de la Cámara de Comercio de Patronato, asegura que las ventas han caído cerca de un 50% desde que comenzó la crisis, justo en la época que tradicionalmente más venden y eso tiene a los locatarios intranquilos. “Todavía hay esperanza de que las compras navideñas reactiven un poco el comercio y antes de eso es difícil que se produzca un cierre masivo de tiendas”, explica. Pero en el barrio no descartan que a partir de enero, si no se toman pronto medidas drásticas para reestablecer el orden y apuntalar la economía nacional, muchos locatarios deban tomar decisiones en esa línea.

 

“Octubre, noviembre y diciembre son nuestros mejores meses. Los resultados económicos de este desastre los veremos a partir de enero, pero ya advertimos una baja de al menos un 40%”, agrega Yi Bom Ku, presidente de la comunidad coreana y propietario de tres tiendas mayoristas en el barrio.

Por mientras, en el sector organizaron un evento con grandes descuentos y promociones durante toda la primera semana de diciembre. Detrás de esta idea está William Banduc, gerente general del grupo inmobiliario Banduc, y uno de los empresarios más famosos y prósperos de Patronato. Dueño del famoso centro comercial Paseo Santa Filomena, ubicado en la manzana comprendida entre El Manzano, Eusebio Lillo y Santa Filomena, este shopping center es conocido coloquialmente como el “mall coreano”. Además, es propietario de 450 estacionamientos, un patio de comidas, un edificio de oficinas y un centro de eventos. Todo en el barrio.

“Mi padre llegó a Patronato en 1974, primero se dedicó al comercio de ropa usada, luego abrió otros negocios, para dedicarnos finalmente al tema inmobiliario. Tenemos todas nuestras inversiones acá, hemos pasado muchas crisis y tengo fe de que pasaremos esta también, pero es necesario que las autoridades tomen medidas, que nos ayuden”, enfatiza Banduc.

En la disyuntiva

La jornada en Patronato comienza como de costumbre pasadas las 10:00 AM. A esa hora abren los locales comerciales, los restoranes con sabores de todo el mundo, los cafés y los más de 300 quioscos que se aparan en sus veredas. A esa hora también comienzan a aparecer los clientes. Es un miércoles de noviembre y no se ven muchas personas en las calles. A cuenta gotas llegan los compradores de regiones, esos que tradicionalmente aparecían en masa para adquirir mercancías al por mayor para luego venderlas en sus tiendas a lo largo de todo Chile.

“Debido a los cierres de carreteras los mayoristas prefieren no venir a Santiago, tienen miedo además por la violencia que existe acá”, relata Banduc. Carlos Abusleme agrega que los paquetes que ellos envían por encomienda también están experimentando dificultades y lentitud para llegar, lo que complica aún más los negocios.

La diversidad en Patronato es evidente, colorida, alegre. En el barrio conviven chilenos, muchos de descendencia árabe, peruanos, colombianos, venezolanos y desde la década del ochenta una gran colonia coreana. Ellos, de alguna manera, transformaron el comercio del sector. Hasta su llegada, que coincidió con el ocaso de la crisis económica que Chile vivió el primer quinquenio de los ochentas, el distrito se enfocaba preferentemente en la venta de ropa y productos de fabricación local. Con los asiáticos llegaron los bienes importados. Una verdadera revolución que los antiguos parroquianos del distrito adoptaron con entusiasmo. “Los bajos precios y subsidios del gobierno coreano sumado a los tratados de libre comercio impactaron positivamente en este modelo de negocios”, explica Banduc. Hoy, sin embargo, la volatilidad del tipo de cambio -que superó los $830 el mes pasado- complica a los locatarios.

Es difícil, según Abusleme y Banduc, cuantificar hoy en cuánto les “pega” el alza del dólar, sobre todo porque gran parte del stock con que cuentan los comerciantes ahora fue pagado antes del salto de la divisa norteamericana y todavía hay espacio para ser competitivos y absorber ellos la diferencia. Con todo, el miedo es que esa moneda sobrepase la barrera de los $900. En ese caso, explican, se puede complicar bastante el panorama. “Con la situación económica actual es imposible traspasar el alza del valor de las importaciones al precio final, porque muy pocos nos van a poder comprar. Sube además el precio de la bencina y con eso se nos encarece todo”, revela Abusleme.

Pero la situación para los comerciantes más pequeños, por ejemplo aquellos que tienen uno o dos locales, es más enredada: “El poder negociador de un ‘chico’ es muy distinto al de un empresario más grande, a ellos un dólar a $820 los puede complicar bastante y de esos comerciantes hay muchos aquí en el barrio. Un gran importador compra a un precio radicalmente distinto que uno pequeño”, dice Banduc, quien arrienda sus locales en promedio a 0,5 UF el metro cuadrado, todo dependiendo del tamaño del establecimiento y su ubicación.

Pero lo peor de todo, admite el empresario inmobiliario, es la poca claridad que impera en el ambiente: “Existe incertidumbre de plazos, incertidumbre política y económica. Por ejemplo, con el tema de las ‘40 horas’, que a las pymes nos pega muy duro, el tema del posible reajuste de las pensiones que en definitiva es un impuesto, se habla también de que viene un tributo a la propiedad y han anunciado alzas del sueldo mínimo. Dejaremos entonces de ser competitivos, pues nos están encareciendo brutalmente el costo operacional, ¿qué nos va a pasar?: tendremos que restringir nuestras inversiones o contratar menos personal. Estamos en una disyuntiva”.

“Y así todo -agrega Abusleme-, podemos seguir poniendo el pecho, absorber los costos, siempre y cuando sigamos vendiendo, pero si no vendemos estamos sonados, los gatos se comenzarán a comer la mercadería. Y el problema es que hay que seguir pagando arriendo, a los empleados, cuentas… si no vendes, simplemente no da”. Para muchos en Patronato, el estallido social es el trágico final de un período muy complicado para el comercio chileno. “La verdad es que el drama comenzó hace un año y medio atrás, desde entonces han caído muchísimo las ventas, vivimos momentos complicados. Hay locales que hace dos años vendían en promedio $800 mil diarios, hoy hay tiendas que venden apenas 30 lucas en una jornada, ¡y con tarjeta de crédito!”, cuenta Mario Zacarías, otro conocido y antiguo comerciante del barrio.

Las rondas coreanas

Pese a la cercanía del barrio con la Plaza Italia, en sus comercios no han experimentado los terribles saqueos. Tampoco han llegado vándalos ni persecuciones policiales, ni molotovs ni lacrimógenas. “Eso es una tranquilidad”, dice Abusleme. Asimismo, han abierto sus locales de lunes a sábado, como de costumbre, y aunque al comienzo de la crisis tenían horarios acotados -de 11:00 AM a 4:00 PM-, hoy ya lo están haciendo desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la tarde de forma continuada.

Esta mediana normalidad, sin embargo, está acompañada de varios esfuerzos por parte de los vecinos. Reunidos en una aplicación coreana conocida co Kakaotc, los locatarios de esa descendencia han organizado la seguridad. Hoy, el grupo incluye a más de 200 comerciantes de diferentes nacionalidades y entre todos realizan las rondas nocturnas para cuidar los establecimientos.

Pero los más activos en esta actividad siguen siendo los coreanos. “Llegué hace 25 años a Chile y es primera vez que vivo una situación tan radical como esta. He sentido mucho miedo, aunque ahora estoy más tranquilo y me he acostumbrado a una nueva rutina. De todos modos, voy adefender los que tengo”, rexplica Yi Bom Ku. Banduc agrega que muchos de los coreanos llegaron al barrio con una mano por delante y otra por detrás, y con la promesa de arribar a un país tranquilo.  Acá han puesto todo su trabajo, empeño y esperanza, por lo que no están dispuestos a perderlo todo.

William Banduc comenzó a trabajar con su padre en 1981, tenía 20 años y estudiaba ingeniería comercial. “El país era azotado por una severa crisis y había que poner el hombro, así es que dejé la universidad. Pensé que habíamos superado esos tiempos, pero hoy tengo amigos de aquí del barrio que me han dicho que tendrán que optar por alguno de sus hijos, pues no tienen cómo pagarles la universidad a todos”, se lamenta.

Convencido de que el espíritu emprendedor sobrevive incluso en las peores situaciones, Banduc asegura que si las autoridades ayudan un poco, tomando medidas propymes podrán también esta vez salir adelante. “En esta línea pienso que va a ser muy importante el apoyo de la banca, a través de créditos más blandos y a largo plazo, esto para permitir que una persona que opera pueda tener un buen capital de trabajo. Lo otro importante, y aunque sería difícil avanzar en ese camino ahora, creo que en el mediano pazo es conveniente implementar una política de baja de impuestos para las pymes y así estimular la inversión”, indica Banduc, quien agrega que es prioritario también flexibilizar el mercado laboral.

Pero su arenga apunta más lejos: “Es importante que el Estado apoye a los emprendedores, que crea en ellos y les den facilidades, ahí está la clave para que un país salte al desarrollo. Y puede que al emprendedor no le vaya bien y se caiga, pero es emprendedor, así es que se volverá a levantar”, concluye.