Cree que es deber de la DC convencer a sus socios que ella es la mejor carta, aunque no se cierra a apoyar a un socialista si las encuestas muestran que éste le gana a la Alianza. Pero antes de pensar en candidaturas, enumera la lista de cambios que el partido debe iniciar y transparenta las dificultades de la actividad parlamentaria, incluyendo los problemas que vienen desde La Moneda. 

  • 10 agosto, 2007

Cree que es deber de la DC convencer a sus socios que ella es la mejor carta, aunque no se cierra a apoyar a un socialista si las encuestas muestran que éste le gana a la Alianza. Pero antes de pensar en candidaturas, enumera la lista de cambios que el partido debe iniciar y transparenta las dificultades de la actividad parlamentaria, incluyendo los problemas que vienen desde La Moneda. Por Cony Stipicic H.; fotos, Enrique Stindt.

 

Desde la testera parece que las cosas se ven mejor. Sentarse en el sillón de presidente de la Cámara de Diputados le ha permitido a Patricio Walker (38) formarse un juicio categórico de la calidad de la política, de las deficiencias del Congreso, de los vacíos del gobierno y, por cierto, de las carencias de los partidos políticos, particularmente del suyo, la Democracia Cristiana, que acaba de celebrar 50 años.

 

Pese a su juventud (asumió a los 37 años como el segundo más joven en el cargo) y a los malos augurios de algunos por sus posiciones valóricas conservadoras, ha logrado cultivar un requisito básico en ese puesto: la ecuanimidad, que no es necesariamente sinónimo de tibieza, sino más bien –al menos en su caso– de conciliación.

 

Se hace cargo de la mala evaluación de los políticos, pero también nombra a varios que merecen distinción máxima. Eso sí, reconoce que al ser 120 personas hay dispersión y opiniones diversas. “Entre tantos integrantes siempre habrá algunos que busquen hacer noticia en base a descalificaciones o cuestiones que generan prensa. Lamentablemente, hay algunos que caen en ese juego y eso afecta la imagen de todos. Por eso el esfuerzo de darle gobernabilidad a la corporación es grande”, comenta.

 

 

 

-A su juicio, ¿hay gente que no debería estar en la Cámara?

-Yo no me atrevería a decir eso, aunque creo que hay algunos que efectivamente desprestigian a la institución con sus actuaciones y comentarios, que no tienen pudor en afectar a la dignidad o la honra de las personas con tal de tener algunos segundos de cámara.

 

 

 

Apropiarse del centro

 

 

-La DC acaba de cumplir 50 años. ¿“Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”?

-Hay un cambio radical. Creo que los principios son los mismos, el humanismo cristiano sigue más vigente que nunca. Las catedrales que se han caído son otras: los socialismos reales en Europa del Este y la Unión Soviética. Hoy, todos los socialdemócratas se llaman de la tercera vía, que es lo que hemos sido siempre nosotros. Y el liberalismo extremo, también a mi juicio ha sido derrotado, incluso el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, crítico del liberalismo en algunos aspectos, reivindica –por ejemplo– la educación pública y el comunitarismo. En consecuencia, la DC como partido de centro está más vigente que nunca.

 

 

-Pero…

-Pero ha habido problemas respecto de algunos de los principios que nosotros tenemos o decimos tener. La fraternidad, por ejemplo. Hemos dado tristes espectáculos. Este partido ha mostrado muchas veces el patio trasero y no lo mejor de su casa, con personalismos, con caudillismos, con individualismos, con golpes bajos y poco sentido de equipo. Esa es la gran autocrítica que yo hago como democratacristiano, porque ha afectado el espíritu de la DC. Este tema espanta hoy en día a mucha gente, y esto pasa en muchos partidos políticos, no solo en la DC. Cuando ven que hay una lógica individualista, un afán de protagonismo excesivo, se genera rechazo.

 


-¿Y usted cree que esa es la razón por la que la DC ha venido sostenidamente a la baja en sus resultados electorales?

-No es solo eso. Yo creo que nosotros no hemos actualizado nuestros principios en un mensaje de futuro a la ciudadanía. Seguimos hablando en base a lo que hicimos en la década del 60 y para esos dos y medio millones de jóvenes que no están inscritos, hablar de Frei Montalva es como hablarles de la foto del matrimonio de la abuelita. Un sector de la militancia sigue muy nostálgico del pasado y la sociedad ha cambiado: hay una clase media emergente más informada, que no pretende un cargo público, como sí sucedía en los 60, cuando era el ideal de todo profesional. Hoy prefiere emprender, ser autónomo. A nosotros nos falta hablar más de esos temas, de innovación, ser más proactivos. Tenemos que ser un partido capaz de establecer un mensaje más atractivo hacia el futuro, a partir de nuestras convicciones, uno puede ser perfectamente tolerante y moderno.

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-¿Sarkozy se transforma también en modelo para la DC? El habla de que no solo hay derechos, sino también obligaciones de los ciudadanos que esperan todo del Estado.

-Lo que él plantea en definitiva es que el trabajo es la antesala de la libertad, que el trabajo dignifica al hombre, concilia el emprendimiento con la reivindicación de la educación pública, con el comunitarismo, y critica el neoliberalismo individualista. El suyo es un discurso de centro, que es –a mi juicio– el que debería tener la DC. También reclama contra cierto relativismo moral, no con una perspectiva conservadora ramplona, sino en defensa del derecho a la vida y reivindicando valores como la justicia social, la solidaridad y la fraternidad en el mercado laboral. Como decía Antonio María Baggio: la derecha siempre se ha tratado de apropiar del tema de la libertad económica; la izquierda de la igualdad, especialmente en materia social y nosotros, los partidos de centro, deberíamos reivindicar la fraternidad, que es justamente lo que hace Sarkozy.

 

 

-¿No se acerca Sarkozy más a la derecha que a la izquierda?

-Sarkozy es un hombre de centro. A mí me atrae su discurso y yo era partidario que ganara él y no Ségolène Royal. En España, yo prefería que ganara Mariano Rajoy y no José Luis Rodríguez Zapatero, quien no me identifica para nada.

 

 

-¿Y si usted no quiere nada a los socialistas, qué hace en la Concertación?

-La DC en Europa es un partido de centro que convoca más gente de derecha que nosotros, probablemente porque a nosotros nos unen los temas del pasado. El que la derecha chilena apoyara la dictadura militar ha generado una barrera que ha sido difícil de romper. Para mí, el partido de centro tiene que recoger lo mejor de cada sector. De la izquierda, los derechos sociales garantizados; de la derecha, la libertad económica y el orden. Hoy día estamos en una coalición de centro izquierda pero somos de centro, no de izquierda. Creo que hemos bajado electoralmente porque muchas veces hemos sido acomplejados y no hemos puesto nuestros temas.

 

 

-¿Cree que sería bueno que la DC se “derechizara” un poco?

-No, la DC no tiene que tener complejos ni de derecha ni de izquierda. Tenemos que recoger lo mejor de la libertad, del orden y de la igualdad.

 


-Pero si no ha conseguido hacer eso en todos estos años, ¿por qué lo conseguiría ahora, qué ha cambiado?

-Porque con el congreso ideológico vamos a tener una oportunidad de transformar estos grandes principios en propuestas concretas: biotecnología, medio ambiente, cultura, temas valóricos, sociales, juventud, mujeres, adulto mayor. Eso no lo hemos hecho porque, lamentablemente, hemos estado haciendo mucha noticia por peleas de poder, por diferencias y protagonismos personales y no por discusiones de fondo. Se trata de reivindicar la fase arquitectónica de la política. Yo confío en que el congreso nos permita actualizarnos con propuestas seductoras para la gente, que no sean un tributo a los intereses corporativos.

 


-¿Es el discurso de Adolfo Zaldívar uno de los que le suena a “sesentero”?

-Yo a Adolfo le tengo respeto por muchas cosas. El tomó la tesis del plebiscito para derrotar a Pinochet, puso orden en casos de corrupción cuando fue presidente del partido, pero me cuesta entender que no valore el cambio gigantesco que ha hecho la Concertación en Chile. Que hayamos duplicado el producto en 16 años, que la pobreza haya bajado de un 40 a un 13 por ciento, que la indigencia esté en el 3,7 por ciento, que ocho de cada diez universitarios sean primera generación, que tengamos un gasto social tremendamente potente que ha permitido financiar el Auge, la pensión mínima solidaria, la estructura educacional… Yo soy de aquellos que no pide perdón por lo poco que hemos hecho; no soy un autoflagelante y, por tanto, no entiendo esa postura. Hay que ser autocrítico en todo lo que se ha hecho mal, como el Transantiago y la corrupción, pero en la suma y resta, la Concertación ha hecho mucho y ese entusiasmo no lo veo en Adolfo.

 

 

-¿No será que él está buscando un espacio presidencial?

-Es que no lo entendería, porque con ese discurso no va a tener el apoyo de la Concertación, ni tampoco tendría el de la derecha, como algunos han sugerido.

 

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-¿No cree que al final Adolfo Zaldívar le puede hacer daño a ese “deber ser” DC que usted pretende?

-Yo soy partidario que Adolfo Zaldívar siga en la Concertación. Me opongo a que se vaya, porque eso nos pasó con el Mapu, con la Izquierda Cristiana, le pasó al Partido Radical y, en consecuencia, yo soy partidario de hacer todos los esfuerzos posibles para que él se sienta cómodo dentro de la DC y de la Concertación. Pero también creo que las cosas tienen su límite. Como militantes tenemos derechos y también obligaciones y él fue muy implacable cuando fue presidente del partido en materias disciplinarias. En eso, él está en deuda con el partido.

 

 

-O sea, ¿estuvo bien que presentaran su caso al Tribunal Supremo?

-Yo creo que estuvo bien que hubieran entregado los antecedentes, pero no era partidario que lo suspendieran o expulsaran.

 

 

 

Alvear, candidata

 

 

-¿La DC tiene que llevar candidato presidencial sí o sí en 2009?

-Soy partidario de un candidato único de la Concertación y de hacer todos los esfuerzos para ello.

 

 

-¿Pero tiene que ser DC?

-No obstante lo ideal es tener un candidato, no sería dramático llevar dos. Me gustaría que existiera comprensión, especialmente de parte del mundo PS-PPD, de que una coalición se construye en base a la reciprocidad. Que se entienda que nosotros lealmente apoyamos a Lagos y a Bachelet, que hoy Soledad Alvear tiene todos los méritos y que para mucha gente de centro no es fácil votar por tercera vez por un candidato de izquierda. Creo que tenemos que persuadir a nuestros socios para que entiendan que tenemos una candidata que en las encuestas está bien y que ha tenido una alta valoración pública en los diez últimos años.

 

 

-Pero la valoración de Alvear no es intención de voto necesariamente.

-Yo estoy convencido de que Soledad Alvear gana. Todos decían que como presidenta del partido iba a salir muy rasmillada y sigue siendo la mejor evaluada en Chile. Creo que ella tiene un capital importantísimo que va mucho más allá de la DC.

 

 

-¿No le preocupa que los chilenos no quieran elegir de nuevo a una mujer?

-No, porque Bachelet tiene un liderazgo súper diferente al de Soledad Alvear.

 

 

-¿Y qué pasa si las encuestas muestran que, por ejemplo, José Miguel Insulza es mejor candidato que Alvear?

-Si me dicen que Insulza gana al candidato de la Alianza y un DC pierde, obviamente que uno se abre a esa posibilidad, pero eso es política ficción. A mí me gusta Insulza, es un hombre de Estado y me identifica en muchas cosas, pero no creo que eso se vaya a producir. Alvear demostrará en encuestas que es competitiva. Además, queda mucho tiempo todavía.

 

 

-¿Suscribe la idea de que Bachelet ya está empezando a vivir la era del pato cojo?

-Creo que no. El tema presidencial hay que verlo el próximo año, aunque es inevitable que cada uno de los partidos intente convencer que su candidato es el mejor. El problema que hemos tenido de gobernabilidad no es por culpa de eso. El asunto parte de que muchos han querido soltarse las trenzas, y no entienden que como parte de este gobierno no tan sólo tienen derechos sino también obligaciones. Cuando un senador dice que en los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos hicimos lo que pudimos y que ahora vamos a hacer lo que queremos, eso tiene el riesgo de no fijar límites y no entender que hay obligaciones.

 


-¿Esos problemas de gobernabilidad se los atribuye solo a algunos parlamentarios o cree que el gobierno también tiene responsabilidad?

-La responsabilidad del gobierno es que para conducir tiene que ordenar y para ordenar tiene que ordenarse a sí mismo. En el diálogo con los subcontratistas de Codelco, quedaron en evidencia dos visiones y nadie sabía cuál era la oficial del gobierno. La presidenta apoyó la tesis de José Pablo Arellano, pero hubo un tiempo de indefinición, con ministros hablando en idiomas distintos. O en el tema educación, donde algunos decían que el lucro era insalvable y otros que era negociable. El gobierno tiene que hacer el ejercicio de ordenarse, de fijar un marco y actuar a partir de éste.

 


-¿En la práctica legislativa, se evidencia la existencia de esas dos almas al interior del gobierno?

-Sí, cuando vimos el tema del salario mínimo o la ley de depreciación acelerada.

 

 

-¿Y están personificadas en los ministros de Trabajo y Hacienda?

-Sí, yo creo que el ministro del Trabajo tiene una visión más de izquierda, respetable, y el de Hacienda tiene una visión más de centro, más liberal en algunos aspectos. Pero ojo con las caricaturas: el año pasado tuvimos el crecimiento del gasto social más expansivo que ha tenido cualquier gobierno de la Concertación.

 

 

-Con demoras, finalmente la presidenta terminó inclinando la balanza a favor de Andrés Velasco, no obstante tener mayor afinidad ideológica con Osvaldo Andrade. ¿A qué atribuye eso?

-La presidenta tiene una visión de Estado y conoce las condiciones necesarias para la gobernabilidad. Ella no tiene esa consigna de que antes se hizo lo que se pudo y ahora lo que se quiere. Entiende que la gobernabilidad implica acuerdos nacionales. Por eso se la está jugando por un acuerdo en el tema educacional en el Parlamento.