• 24 agosto, 2007

Patricio Arrau es gerente general de Gerens Capital S.A. Cuando hay activos sobrevalorados, lo sano y lo normal es ajustarlos al verdadero valor de los flujos que representan. Por Patricia Arrau

El sistema financiero está permanentemente innovando y creando instrumentos de ahorro para financiar las inversiones. Es la economía real la que genera los flujos de ingresos fundamentales que son la fuente de valor, pero es el sistema financiero y el mercado de capitales los que permiten que los excedentes de ahorro se encuentren con los proyectos de inversión, generando nuevos flujos de ingresos en el futuro. Los dueños de los proyectos de inversión comparten con los financistas o ahorrantes estos nuevos flujos de ingresos a través de los instrumentos financieros. Los intermediarios financieros están permanentemente buscando cómo reducir la fricción del mercado, permitiendo que los flujos de ahorro e inversión real se encuentren con mayor facilidad. Una de estas innovaciones recientes llevó a securitizar los créditos hipotecarios de mayor riesgo en los Estados Unidos, las llamadas hipotecas subprime, canalizando así flujos de ahorro a personas que no tenían mayor acceso al sistema financiero para adquirir una vivienda o endeudarse para consumir otros bienes. Grandes volúmenes de fondos se canalizaron para este propósito y los bonos respaldados por estas hipotecas fueron adquiridos por diversos fondos e inversionistas. El mercado está permanentemente monitoreando los activos financieros para que éstos reflejen el verdadero valor de los flujos que representan. En este proceso con frecuencia se crean burbujas de valor, es decir, instrumentos que alcanzan un valor superior al que puede ser justificado por los flujos de ingresos subyacentes. Cuando ello es percibido así por el mercado se producen ajustes de precios, es decir, se pincha la burbuja. Mientras más informado está el mercado, éste funciona en forma más eficiente y es más probable que el efecto de estos pinchazos quede confinado a la pérdida financiera de los agentes respectivos.
¿Por qué tanto temor, entonces, con el reventón de la burbuja de las hipotecas subprime? La situación de estos instrumentos se cruza con otra hipótesis más catastrofista. Desde hace años que se viene hablando de un mercado inmobiliario sobrecalentado en Estados Unidos. El temor es que el alto endeudamiento de las familias norteamericanas respaldado por bienes inmobiliarios a su vez sobrevalorados esté sustentando un nivel de consumo excesivo en el país más rico del mundo. Al estallar la burbuja inmobiliaria el consumo podría caer en ese país, induciendo una desaceleración en el crecimiento o una recesión. Si esa hipótesis se confirmara ello tendría un impacto de corrección en muchos otros instrumentos financieros, pues ya no se trataría de un ajuste confinado a un instrumento particular, sino a muchos otros que tienen como respaldo los flujos de ingresos de la economía norteamericana en su mayor amplitud. A su vez, una recesión en la que ha sido la principal locomotora del mundo en todos estos años se propagaría al resto, causando a su vez una recesión global. Una pequeña crisis de pánico se tradujo entonces en una pérdida de valor más amplia en todas las bolsas de valores del mundo. En condiciones de incertidumbre y volatilidad los inversionistas financieros que tienen activos de mayor riesgo en sus balances salen a vender los instrumentos susceptibles de ajuste y corren a refugiarse en instrumentos de bajo riesgo, lo que se conoce como el “vuelo a la seguridad”. Entre los instrumentos más riesgosos se encuentran las acciones y bonos de los países emergentes como Chile. La propagación de que la crisis financiera a la economía real es el temor de fondo que se observó a mediados de este mes. Es improbable que ello ocurra en esta ocasión por dos razones. En primer lugar, el mundo se encuentra en medio de una expansión económica que ha sido calificada como la más larga y más sólida de toda la historia. Sustentada en cambios tecnológicos de profundo alcance en la productividad y en la acelerada inserción al comercio mundial de dos gigantes dormidos, China e India, con sus cientos de miles de nuevos trabajadores y consumidores, la próspera economía mundial todavía goza de mucha salud. En segundo lugar, esta percepción es compartida en general por los banqueros centrales de los países desarrollados, los cuales no han dudado en inyectar liquidez al mercado para acomodar el “vuelo a la seguridad”. Así, los agentes que lo deseen pueden ajustar sus portafolios de inversión y refugiarse en activos de pago seguro mientras se calma el temporal.
Chile tiene una muy sólida posición financiera asociada tanto a su abultado doble superávit –fiscal y comercial– como a expectativas razonables de crecimiento para éste y el próximo año. Sin embargo, desde hacía un tiempo se esperaba una corrección en el valor de los activos –acciones y bonos– que se transan en bolsa en nuestro país. Era el momento de librarnos de nuestras burbujitas, inducidas en parte por el corralito de las AFP que las obliga a invertir en Chile y en parte por las burbujas internacionales. Se trata solo de una corrección confinada a ajustes de precios en el mercado financiero.