Por: Vivian Berdicheski Retrato: Verónica Ortiz Desde chica, Patricia Rivadeneira fue rebelde. A muy corta edad comenzó a cuestionarse de manera intelectual la religión. No encontró las respuestas que esperaba en la Iglesia y las buscó por fuera. Las encontró en la cultura y en la política y convirtió el arte en su bandera de […]

  • 12 mayo, 2016

Por: Vivian Berdicheski
Retrato: Verónica Ortiz

Patricia-Rivadeneira

Desde chica, Patricia Rivadeneira fue rebelde. A muy corta edad comenzó a cuestionarse de manera intelectual la religión. No encontró las respuestas que esperaba en la Iglesia y las buscó por fuera. Las encontró en la cultura y en la política y convirtió el arte en su bandera de lucha. Hoy más madura, vuelve a sus orígenes: la actuación en teatro y televisión, a su país después de 14 años en Italia para reencontrarse con los suyos y también con ella misma. Aunque reconoce que le asusta envejecer, sobre todo por el castigo del medio, siente que en este minuto de su vida le pasan buenas cosas. Dice que es tiempo de cosechar y confiesa que está más comprensiva, incluso más inteligente. Vive frente al Parque Bustamante, en un departamento que arrendó amoblado y que tiene sólo lo justo. Pareciera que está de tránsito, una condición que no descarta. “No creo en los para siempre”, dice. Su marido, Andrea Orsini, es artista y pasa gran parte del tiempo en Europa, y su hijo, Adriano, vive en Roma, pero ella decidió que era hora de volver a experimentar en su país.

Hoy, sus certezas son que está contratada para las nuevas ficciones de TVN y que a partir del 3 de junio estará en el GAM, con Xuárez, obra en la que actúa y de la que además es su productora ejecutiva. Xuárez fue elegida por el Círculo de Críticos como el mejor montaje de 2015. Orgullosa, cuenta que “es una joyita porque valora todos los aspectos de la teatralidad, no es una obra sólo para ir a entretenerse, es profunda, sorprendente, se salta de la banalidad, es oracular como el teatro en la época griega y pone al espectador frente a una profecía, acertijos, lo desafía para que participe y piense junto a la protagonista en este viaje astral”.

Esa adolescente rebelde y crítica que hizo performance en el Trolley, mientras hacía de mujer bonita en muchas teleseries, no se ve muy distinta. Sigue siendo vanguardista y se reconoce como discípula de Claudio Naranjo, uno de los siquiatras chilenos más conocidos en el mundo, maestro de la gestalt, líder espiritual e impulsor del eneagrama como herramienta para el autoconocimiento.

Sirve café y galletas de quínoa orgánica, mientras se acomoda en el sillón para la entrevista. Habla de manera pausada, su voz es ronca y suave, y se explaya acerca de diferentes pasajes de su vida, formación y creencias. En un recuento de casi dos horas hubo cuatro frases acerca de Chile, internet, el desnudo y el feminismo que permiten rápidamente descifrar quién es hoy Patricia Rivadeneira.

Acerca de las redes sociales, dijo: “Nuestra privacidad se volvió pornográfica, todo es emoción, no hay sentimientos. La banalidad de la emoción y nuestra intimidad se mercantilizó, está en la bolsa”.

De Chile, mantiene su espíritu crítico y apunta: “En este país no hay corrupción a diestra y siniestra porque no se necesita, porque se ponen de acuerdo entre ellos. Nos dejan jugar a la democracia, pero los dueños de fundo son los que mandan”.

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Sobre el desnudo: “Un actor trabaja con su cuerpo y debe usarlo entero, es como si un violinista dijera que no toca algunas notas”.

Del feminismo: “Creo que los movimientos homosexuales están haciendo una pega importantísima y el feminismo se quedó dormido, porque para poder obtener lo que obtuvimos el 68 después de la píldora tuvimos que disfrazarnos de hombres”.

-¿Para qué volver si tenías tu cuento armado en Italia?

-Primero, cuando has pasado muchos años afuera,  o regresas definitivo con una presencia más larga o cierras las puertas en lo laboral y también en lo afectivo. Quería estar en Chile, están pasando muchas cosas a nivel cultural, social y político. Y lo segundo, que no es menor, es que quería volver a actuar y es impensable a los 50 años hacer un casting en Italia. No emprendí una carrera de actriz allá, me dediqué a la gestión cultural. Y el trabajo para mí es súper importante, me estructura la vida.

-Hace un mes murió Patricio Aylwin y se recordaron varios pasajes de la historia de la transición, y tú, en particular, apareces en varios.

-Soy bien crítica de lo que fue ese gobierno, creo que fueron sumamente conservadores, en especial la Democracia Cristiana, pero también los partidos más de izquierda se convirtieron en una cosa autoflagelante. Yo comprendo que mucha gente del mundo de la política haya analizado el contenido de la Unidad Popular y que considere que el país se estaba yendo al carajo, pero de allá a esta transición tan blandengue… Me siento engañada porque no fue solamente un manejo político para mantener a las Fuerzas Armadas dentro de los cuarteles, creo que hubo una intención en lo cultural y social de hacer que las personas nos desarmáramos. Los movimientos sociales que habían permitido que llegáramos a la democracia fueron descalabrados. En lo personal, en esa época, junto a Vicente Ruiz y otros, hacíamos una serie de performances políticas que hablaban de derechos civiles, pero todo eso se fue descalabrando, en el sentido de que nos dieron algunos gustitos, algunos trabajitos y nos desarticularon. Y nosotros ingenuamente caímos en el juego y nos fuimos diluyendo como grupo y voces críticas.

-El tema de la cruz y el desnudo en el Museo Nacional de Bellas fue un par de años después de que volviera la democracia ¿En esa época ya cuestionabas al gobierno?

-Si vas a la prensa de la época, aparecieron dirigentes y políticos de la Concertación casi llevándome a la hoguera. Era el año 92, ¿de qué estamos hablando? Esa gente que debería haber apoyado sin condiciones lo que estábamos haciendo allí, salieron a criticar. Esa performance siempre la sacan de contexto, se trató de los mapuches, los enfermos de sida, con la cruz, la bandera y el cuerpo de una mujer.

-El escándalo apuntó al desnudo en un lugar casi “sacro” como el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).

-Con Vicente Ruiz empezamos las performances políticas en lugares no destinados para hacer política. Por ejemplo, invitábamos a diputados a la Oz, un espacio nada que ver, donde hacíamos performances artísticas mezclándolas con discoteque y derechos civiles. Era alucinante y te dabas cuenta de que la gente estaba hambrienta de expresarse. Cuando nosotros hacíamos los discursos políticos en el escenario y se apagaba la música, se producía un silencio total. Ahora sería impensable. Y en el museo fue el primer lugar institucional que se hizo.

-¿Has pensado en volver a ponerte la bandera y repetir el acto?

-Sí, siempre lo pienso, ahora más porque volví, pero no me envolvería con la bandera de Chile, y no sé con cuál. Por lo pronto, estoy en Televisión Nacional y tengo algunas ideas que me gustaría poner al servicio de la televisión pública. También tengo otros proyectos que se relacionan con el rescate, revisión y comprensión de lo que hicimos en el período de la primera democracia. No se trata de quedarse en el pasado, sino que es una deuda que tenemos para pararnos en el presente.

-Fuiste agregada cultural en Italia en el gobierno de Ricardo Lagos, quien hoy podría asumir una nueva candidatura presidencial. ¿Volverías a trabajar para su administración?

-Estuve muy involucrada, pero en esta etapa de mi vida no me interesa trabajar con gente con intereses que no comparto. Ya no puedo ser tan ingenua y tengo edad suficiente para ponerme al otro lado de la vereda. O sea, quiero tomar la piedra cuando quiera tomarla. Me interesa trabajar en la política libremente y sin compromisos.

-Se te reconoce en ese período el haber sido gestora de que Chile fuera a su primera Bienal en Venecia.

-Chile participó por primera vez en la versión número nueve. Hice un trabajo de convencer al gobierno de esa época para que el país participara con un pabellón propio, porque creí y creo que en arquitectura tenemos mucho que ofrecer al mundo, más que en arte, aunque los artistas se me enojen.

-Y ahora un orgullo que Alejandro Aravena sea su curador general.

-Lo de Aravena es impresionante. Mira, como agregada trabajas con perseverancia y sumado al talento de nuestros compatriotas se logran cosas. De hecho, cuando empecé a insistir para que Chile participara en la Bienal de Venecia me encontré que los directores de nuestros museos, que no son muchos, nunca habían ido a la Bienal. Y eso no puede seguir pasando.

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-No teníamos cultura de ir a exposiciones, pero ¿cómo competimos con nuestro arte con la cultura europea?

-No tenemos una producción cultural de excelencia que pueda tener un peso importante al menos en Europa, siendo realista. Aparte de los países latinoamericanos grandes, como México y Argentina, son pocos los que pueden competir en esos escenarios. Estamos hablando no de folclore, sino de bienales con artistas invitados por los curadores generales y no sólo a participar en los pabellones nacionales.

-¿Piensas que la cultura debe ser completamente responsabilidad de los gobiernos?

-Creo que en un país tan reaccionario como éste, donde al empresariado no le interesa el arte, tiene que ser el Estado quien apoye, como lo hace en forma férrea Estados Unidos. Peter Brook o la Pina Bausch si no hubiesen tenido un apoyo estable y sostenido en el tiempo para hacer lo que hicieron, no existirían. Hay que entender que sin cultura no hay crecimiento, estoy hablando de un desarrollo espiritual intelectual que nos reúna en algo que nos hace crecer, ser mejores personas y más felices, mucho más felices que con unas zapatillas nuevas. •••