Esta es la crónica de un viaje solitario en moto desde Santiago a Torres del Paine. Un desafío que no sólo implica enfrentar el peligroso viento del Sur, sino nuestros temores más íntimos.

  • 19 marzo, 2009

 

Esta es la crónica de un viaje solitario en moto desde Santiago a Torres del Paine. Un desafío que no sólo implica enfrentar el peligroso viento del Sur, sino nuestros temores más íntimos. Texto y fotos de Pablo Redondo.


Febrero 02.
Hoy comencé mi travesía Santiago-Tierra del Fuego. Tomé la costa en Santa Cruz, Vichuquén, Iloca, recorriendo un bello paisaje, los caminos de tierra no tardaron en mostrarse.

Febrero 04. Ayer salí de Constitución. Fue un día difícil. Mucha tierra y barro. ¡Pero hoy fue peor! Hice 40 km en dos horas. Caminos de huevillo suelto y lluvia, el resto del camino estuvo bien, pero siguió la lluvia, se hace difícil ver. Estoy empapado. En Temuco me dio susto, si esto sigue así, no sé si logre llegar a la carretera austral. La opción de dar la vuelta existe. Me duele la cara por el viento.

Febrero 05. Salí de Temuco rumbo a los lagos Villarrica, Calafquén y Panguipulli. Me llovió todo el día. En la tarde a Frutillar. Estoy cansado y con susto de seguir a la Patagonia. Ya no son los caminos de tierra, el barro o la lluvia lo más adverso, sino el viento. Los vientos patagónicos. Temo que me botarán.


Febrero 06. Despierto en Frutillar. Anoche nos echaron de un restaurant (Se cocina). Estaba con un amigo, Claudio, que habla muy fuerte. Me despido y viajo a Ancud. Qué horrible esta ciudad. Tengo ganas de seguir conociendo la isla.

Febrero 07. Viajé de Ancud a Quellón. Todo bien hasta que una abeja se estrelló contra mi frente justo debajo del casco y cayó entre los anteojos y el ojo. El dolor de la picada fue tremendo. Con un ojo abierto logré detenerme y sacarme el casco mientras algo se movía en mi otro ojo, no sabia qué era, pero algo se movía. La maldita cayó al suelo, la lanceta en el lacrimal y la cara de a poco comenzó a hincharse.


Febrero 08. Hoy fue un día increíble. A las 9 am llegué para tomar el ferry y veo cinco motos al principio de la fi la de autos y camiones. No me atreví a entablar una conversación, pero luego lo hice. Eran dos australianos, dos argentinos y un inglés que se sumó después. Cinco motos, cinco horas esperando para seguir viaje por el golfo Corcovado. Tuvimos suerte ya que el mar estaba como taza de leche. Lobos y toninas se dejaban ver. Llegamos a Chaitén. Las motos salían primero ante la expectación de todo el barco. Entramos al pueblo y fue impresionante. La desolación de ese pueblo. Todo abandonado, casas, autos, sillas. Platos en la cocina, cortinas al viento, las calles solitarias. ¡Todo con cenizas! Partimos en caravana a Amarillo con las otras 4 motos. Fue mi único momento de compañía. Armamos carpas y a unas termas. Comimos arroz y pan; cerveza, ron y una buena conversación (en inglés). Mañana cada uno sigue su rumbo.


Febrero 09. Hoy cumplo una semana. Antes de seguir al sur volví a Chaitén, ya que estaba despejado y el volcán se dejaría ver. Luego, viajar y viajar en un escenario soñado. No podía evitar decir “wow” cada cierto rato. El camino entre Chaitén y La Junta es bueno y maravilloso. Hasta Puyuhuapi, un tormento. Lo único que quiero es una ducha caliente.

Febrero 10. Anoche probé el mejor salmón del mundo en el café Rossbach, en Puyuhuapi, muy bueno y con su piel crujiente. Para qué hablar del tiramisú, un hallazgo. Pero el día fue agotador. En un minuto sólo atiné a pedir que por favor dejara de llover. Al partir me encontré con que el camino estaba cortado por explosiones en la carretera austral. Esperando hasta las dos de la tarde, me tomé el café mas largo de mi vida en un muy agradable lugar, unas termas al borde del camino. El viaje fue durísimo de ahí en adelante. Llovió tanto que quedé empapado y congelado. Llegué a Coyhaique muerto. Hoy me quedaré en un lodge llamado Bagual. Linda decoración, buen servicio e instalaciones muy agradables. Necesito agua caliente. Ese lujo viene de maravilla después de un día duro.


Febrero 11. Dormí increíble, me quedaría todo el día aquí. Me acabo de enterar de que mañana no hay barcaza a Chile Chico. No sé qué haré. Decido partir a Puerto Ibáñez. El camino muy bonito, pero horrible experiencia. El temido viento llegó. Todo iba bien, un camino precioso por los cerros mirando el lago General Carrera/ Buenos Aires. No alcancé a andar 10 km y salió “viento”. Vientos de más de 100 km. No podía moverme. Con los pies en el suelo, el freno delantero apretado y yo agachado sobre la moto, luchaba por mantenernos en pie. Vientos por detrás y a cada lado me azotaban, veía muy poco: tierra y piedras volaban. El viento me iba a tirar al suelo con moto y todo. Juntos y la carga éramos algo mas de 300 kilos. Media hora estuve detenido luchando por estar en pie. En un momento en que bajó la tormenta (un minuto), logré avanzar unos 50 metros. La noche llegaba y pude refugiarme detrás de unos álamos. Encontré un neumático de camión con el cual apuntalé la moto para que el viento no la volteara. El viento es fuertísimo. La carpa parece licuadora, estoy lleno de tierra y afuera el ruido es aterrador. Si sigue el temporal se acaba el viaje. Me asusta no poder volver. Me duelen los ojos y la espalda la tengo en la mano. ¿La moraleja? Cuando hay tormenta, uno sólo debe guardarse y esperar que pase, nada que hacer. Si me puedo acordar de esto para el resto de mi vida, todo valió la pena.

Febrero 12. Salí de la tormenta. El camino ni hablar lo malo que era. En la tarde sale el viento de nuevo y me dicen que empeorará. Tengo un nudo en la guata y no puedo llamar a nadie para decírselo. ¿Por qué hago esto? Sólo sé que ahora estoy en Argentina y en una situación sin retorno. Hoy quiero volver, pero no puedo. La vuelta es tan difícil como seguir adelante.


Febrero 13. Hoy fue un día, dentro de todo, bueno. No hubo mucho viento, salvo los últimos 120 km. La Patagonia argentina hasta ahora es horrible. La moto prendió una luz, y al revisar noto que pierde agua. Parece que la bomba de agua no funciona, por lo que no sé si llegaré a destino. Estoy en Puerto San Julián. Lindo pueblo.


Febrero 14. Otro día agotador. Sólo pude avanzar 120 km. La moto se echó a perder. Se recalienta, pierde el agua y me obliga a parar cada un kilómetro. Es imposible seguir. Llegué a un pueblo llamado Pto. Santa Cruz, donde hay un mecánico (Ariel) que sabe de motos. El diagnóstico es que no funciona la bomba y la empaquetadura se jodió. El agua del radiador se pierde por un orificio que es la salida de presión del motor. Con un arreglo medio brujo, le puso un tornillo tapando la salida de agua. Sin saber si esto aguantará o provocara algo más, nos vamos –la moto y yo- de vuelta al viaje.

Febrero 15. Me quise levantar a las 5 AM para evitar el viento, pero sólo llueve y fuerte. A las 8, me voy igual. Lluvia mejor que viento. Tengo que avanzar. Después de ocho horas en la moto, casi congelado, llegué a Pta. Arenas. Ya me siento seguro.

Febrero 16. Dado que la moto todavía anda con el tornillo, no me expondré a ir a Tierra del Fuego, sólo iré a las Torres del Paine. Me levanté y partí a Natales. El viaje estuvo frío, pero lindo, casi me inclino a pensar que el frío de los últimos dos días permitió que la moto no se volviera a calentar. Pto. Natales ha crecido desde mi última vez, muchos hostales, restaurantes y gente. Mañana visitaré las torres para coronar mi travesía. Aquí el clima hace lo que quiere, ha llovido y está feo, puede ser que no vea nada. Me he dado cuenta de que uno debe aceptar los tiempos en que llegan las cosas, no las podemos apresurar. Uno tampoco en la vida puede tenerlo todo. Hay que saber escoger lo que nos haga menos mal, pero siempre tendrás algo: tierra o lluvia o viento.

Febrero 17. Hoy partí a las Torres del Paine. El sueño del viaje. Desperté con lluvia, pero también una mancha de cielo azul. Al principio el clima estaba feo y lluvioso, pero al avanzar empezaron a pasar cosas. Cóndores volaban a mi lado, aparecían los guanacos y ñandúes. Todo tomaba color. Hasta que llegué al parque y tímidamente, pero con un soberbio carácter, los Cuernos del Paine se dejaron ver. El viaje fue maravilloso, realmente lindo e inspirador. Estoy muy feliz. Encontré en la naturaleza y en el fin del mundo algo que me agrada. ¿Podría prescindir de la ciudad? Quién sabe.

Febrero 19. Desde Punta Arenas la moto se va en camión, yo vuelvo a Santiago en avión, quiero volver. Algo nuevo va a empezar.