Luck, la serie de Dustinf Hoffman y Michael Mann sobre las carreras de caballos, tenía todo para ser la siguiente The wire, pero se perdió en el camino. POR federico willoughby Olivos

  • 1 marzo, 2012

Luck, la serie de Dustinf Hoffman y Michael Mann sobre las carreras de caballos, tenía todo para ser la siguiente The wire, pero se perdió en el camino. POR federico willoughby Olivos

Curioso lo que pasa con Luck, la serie de HBO producida por Michael Mann, Dustin Hoffman y David Milch (reputado productor, responsable de Deadwood y NYPD blue, entre otras) que, pese a tener todo para trascender y convertirse en un clásico instantáneo, apenas seduce. Luck trata sobre el mundo de las carreras de caballos; específicamente, lo que sucede en torno al hipódromo de Santa Anita, en California. Apuestas, ambiciones, hombres perdidos en el juego, vidas entregadas al deporte y una sensación de estar en un lugar donde todos están atrapados a la espera de ganarle al destino (o al menos una carrera) son los elementos que componen el universo de la serie. Sí, suena interesante y saber que Mann está a cargo de la dirección del primer capítulo debería ser un aliciente. Pero la serie falla porque intenta ser muy grande muy rápido.

Veamos. Hoffman hace de Chester Berstein, un ex convicto quien, tras dos años en la cárcel, vuelve a preparar una metódica venganza contra todos los que lo traicionaron. Él supuestamente sería el alma de la serie, el protagonista complejo y misterioso que debe llevar la trama y darnos acceso a los otros rincones de la historia (una receta patentada por HBO en Los Soprano). Luck, sin embargo, se lanza desde el primer capítulo en pos de armar un relato coral en el que todos los personajes son importantes. Así, la comparación con The wire en cuanto a su estructura se hace obvia. El tema es que Mann y sus socios dan por descontado que la vida en torno a las carreras de caballos es algo que le interesa al telespectador. Así, el personaje que está diseñado para tener el mayor potencial (Hoffman) y quien debe ser nuestro guía, apenas aparece en desmedro de una larga lista de secundarios (entre ellos, Nick Nolte, Dennis Farina, Richard Kind, JasonGedrick… etc.) que eventualmente, con el correr de los capítulos, pueden ser interesantes pero que carecen de suficiente magnetismo para ser la específica razón por la cual prender la TV y comprometerse a seguir sus destinos.

Punto aparte el trabajo de Mann (Miami vice, Fuego contra fuego). El director se ha hecho famoso por su capacidad para capturar atmósferas y su trabajo de cámara suele ser en sí un motivo de sobra para  ver sus películas. Pero claro, filmar autos, balaceras, lanchas y Miami es bien distinto que filmar una carrera de caballos. En la medida en que avanza el primer episodio vemos apenas a Hoffman, que se supone es el protagonista, y la atención se la llevan cuatro tipos que a nadie le interesan tratando de cobrar un ticket millonario. Uno finalmente espera que serán finalmente la mano de Mann y sus cámaras los que salvarán el asunto… pero nada. Los caballos no son autos, no tienen el cromado de las lanchas y la mano del director brilla por su ausencia.