Si en los 70 y los 80 era el público quien decidía qué película se convertía en objeto de culto, hoy la decisión la toman los departamentos de marketing. Sólo muy de tarde en tarde, la marea se invierte y los espectadores vuelven a elegir por sí solos, como ha ocurrido con Eden Lake, un […]

  • 13 noviembre, 2008

Si en los 70 y los 80 era el público quien decidía qué película se convertía en objeto de culto, hoy la decisión la toman los departamentos de marketing. Sólo muy de tarde en tarde, la marea se invierte y los espectadores vuelven a elegir por sí solos, como ha ocurrido con Eden Lake, un modesto thriller británico que teniendo la mitad de publicidad que desinflados fenómenos como Children of men, se está ganando comparaciones con clásicos como La naranja mecánica y Funny games. Básicamente, es la historia de una pareja que en su aniversario decide regresar al romántico paisaje donde iniciaron su relación, sólo que en ese lugar hoy existe una comunidad habitacional que no tiene nada de idílica. Agredida por las pandillas juveniles del lugar, la pareja se toma revancha por su cuenta, sin calcular que a partir de ahí la violencia sólo puede escalar en términos gorilescos. Y vaya cómo lo hace… Si en su punto de partida, Eden Lake se parece bastante a Perros de paja, de Sam Peckinpah –donde un tranquilo profesor universitario (Dustin Hoffman) tenía que demostrar su hombría una vez que se mudaba al violento y rudo pueblo inglés de su mujer–, quizás el mejor punto de comparación moderno sea la también británica El descenso. En ésta un grupo de deportivas amigas quedaba atrapado mientras exploraban una cueva y lo que era firme camaradería degeneraba en una desestabilizante lección de paranoia. No es casualidad entonces que James Watkins, el guionista y director de Eden Lake (que sale en DVD a principios de enero), ya esté contratado para hacer la segunda parte de El descenso. Seguro que esta vez lo venderan por anticipado como “autor de culto”, pero qué se le va a hacer