Escuchar La voz de los 80 (1984) o Pateando piedras (1986) sin conocer el contexto político y cultural que vivía el país durante esos años, podría convertir a dos de los más grandes discos de la música chilena en ingenuas manifestaciones de disconformidad adolescente. Algo similar sucede con Libro, el esperado regreso discográfico de Jorge […]

  • 26 agosto, 2013

Jorge González

Escuchar La voz de los 80 (1984) o Pateando piedras (1986) sin conocer el contexto político y cultural que vivía el país durante esos años, podría convertir a dos de los más grandes discos de la música chilena en ingenuas manifestaciones de disconformidad adolescente. Algo similar sucede con Libro, el esperado regreso discográfico de Jorge González, un álbum que a primera vista nos puede parecer cursi y almibarado, pero que cobra sentido al conocer el contexto de su génesis.

Para empezar, este nuevo trabajo es una obra de supervivencia, que reproduce el desconsuelo que generó en el artista, la ruptura sentimental con su pareja de los últimos diez años. Pero también es un disco que resume el autoexilio vivido por González en Berlín, retiro que parece haberle ayudado a encontrar finalmente cierta paz mental.

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Estas dos realidades lo llevan a crear un álbum personal, hecho para sí mismo, no para vender ni para complacer a las multitudes. Así es como González, un individuo siempre desafiante, se nos muestra sentimental, romántico y emotivo. Pero esta vez, no se trata del estudiado romanticismo kitsch que domina un disco como Corazones (1990); en Libro, el artista deja a un lado su astuto y mordaz alter ego, elaborando un set de canciones compuestas desde la introspección y la soledad, las que sin duda tienen más que ver con el ciudadano Jorge Humberto González Ríos que con el personaje que ha cargado por las últimas tres décadas. Eso lo confirma el propio artista, quien ha señalado que en el último tiempo ha logrado volver a ser el músico y nada más que el músico.

Grabado con los mínimos equipamientos en su departamento de Berlín, las pistas logran el objetivo que se propuso el cantautor: construir un espacio íntimo, de confidencialidad, donde se cuenta en detalle el final de la relación más significativa de su vida. Es Jorge González enfrentado al amor y al miedo, dos fuerzas arcanas que se trenzan en una lucha constante en cada una de las canciones.

En Libro, el artista se distancia del adolescente escrupuloso que en 1984 reclamaba que “Paramar, paramar, debes tratar de poco entregar, paramar, paramar, tu identidad debes falsear, paramar, paramar, siendo estúpido serás feliz”. Tampoco es el intérprete de Corazones, con letras sardónicas y pseudo seductoras como “Yo te poseo sin tocar nada y sin hablar te anuncio, voy a desnudarte, voy a estrecharte contra la pared”. El que surge es un protagonista fracturado, que vive el fracaso sentimental con dolor, pero con el juicio y la sensatez de los 50 años.

Musicalmente, el álbum contribuye al reencuentro de González con la austeridad del sonido de la guitarra española y a la instalación del piano, ejecutado de manera básica, como elemento conductor, especialmente del primer tercio de la placa, que concentra las canciones con mayor influencia del pop como Ámate, Nunca te haría daño y Es muy tarde. A partir del tema Cien años, quinto surco del LP, el músico sanmiguelino se atreve a desafiar las estructuras convencionales y se sumerge en una dispar mixtura sonora, que lanza guiños desde Franco de Vita, Sui Generis, Pedro Aznar, Florcita Motuda hasta The Mountain Goats. Las limitaciones de González como músico e intérprete son bien sabidas, pero el compositor nacional las suple con un vigor y una garra dignos de rescatar, dejando en claro, que en este disco el fondo resulta mucho más importante que las formas.

Libro es el Blood on the Tracks (Bob Dylan, 1974) de Jorge González. Un álbum de amor, exorcismo y supervivencia, en el que nos propone un cambio de mirada, desde la ácida crítica social que empuñó por tantos años, hacia la mirada interior de un hombre que intenta vivir su adultez con honestidad y coherencia. •••