Por: Soledad Balduzzi Son diez, o quizás doce, las personas que están adelante mío. Los chicos visten cami- sas cuadrillé dentro de pantalones pitillo. Ellas usan jeans de corte alto y blusas o vestidos con estampados. Hay mucha boina, morrales y zapatos de cuero; mascotas, anteojos de marco grueso y también uno que otro jopo. […]

  • 28 junio, 2013

Por: Soledad Balduzzi

Son diez, o quizás doce, las personas que están adelante mío. Los chicos visten cami- sas cuadrillé dentro de pantalones pitillo. Ellas usan jeans de corte alto y blusas o vestidos con estampados. Hay mucha boina, morrales y zapatos de cuero; mascotas, anteojos de marco grueso y también uno que otro jopo. Estoy en una fila de veinteañeros que, a las diez de la mañana de un sábado de mayo, esperan comprar café traído de algún lugar exótico como Kenia o Indonesia y preparado por un tipo aún más estiloso que ellos, mientras se escucha de fondo música electrónica. El punto de encuentro se llama Intelligentsia y queda en Sunset Boulevard, una de las avenidas principales de Silver Lake. Este sector de Los Angeles fue elegido el año pasado como el mejor barrio hipster de Estados Unidos por la revista Forbes (ver recuadro). Sunset Blvd. está llena de pequeñas cafeterías, restaurantes locales y tiendas de libros.

Unas cuadras más abajo del café hay una plaza donde todos los martes en la tarde y los sábados en la mañana se instala un farmers market. Ahí se venden frutas y vegetales certificados de productores locales. Varios son orgánicos. También se pueden encontrar puestos de ar- tesanía, ropa usada, zapatos de cuero hechos a mano y libros viejos, entre otros. “Como la gente que viene suele apoyar la producción local, este mercado es la vitrina ideal para los artistas y pequeños empresarios locales”, dice Jared W. Lyons, creador de Fish in a Bottle, una original pecera que se limpia fácilmente con una llave y cuyo desecho se puede utilizar como abono para las plantas. Jared vive con su polola en Silver Lake. Dice que le gusta el barrio porque todo le queda cerca y no necesita el auto. “Es como si no sintieras que vives en una ciudad grande”, sostiene el inventor. Unas mesas más allá está Bomb Foods, un lugar de comida y bebida vegetarianas atendido por sus dueños, Rowan y Jesse. El primero es periodista y trabaja en una radio, mientras que el segundo es escultor. Ambos amigos dividen su tiempo entre su profesión y la cocina. Cuando les comento que soy de Chile, Rowan me pregunta si vi la película No. -Sí. Me gustó. ¿Y a ti? -Me pareció buena, aunque no me convenció mucho el personaje heroico de Gael García Bernal. Este chico sabe.

PELÍCULAS Y POPCORN GRATIS

Silver Lake es un área de unos 7 kilómetros cuadrados, subdividido por micro-ba- rrios como Los Feliz y Echo Park. Limita hacia el este con Hollywood, quizás una de las calles más visitadas de Los Angeles. El ruido, taxis y miles de turistas que repletan el famoso Paseo de las Estrellas, parecen desconocer la existencia de este refugio ur- bano. Aquí vivió Richard Neutra, uno de los cerebros más aplaudidos de la arquitectura moderna en Estados Unidos. Incluso construyó su propia casa, la que luego ocuparía como oficina y denominaría VDL Research House. A partir de 1990 funciona como un centro de estudios de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Estatal Poli- técnica de California. Desde los enormes ventanales del inmueble se ve el Silver Lake Reservoir, un em- balse de 39 hectáreas que abastece de agua a 600.000 hogares del centro y sur de la ciudad. Bordeado por un sendero de 3,5 kilómetros, es usual ver a los vecinos trotar y pasear a sus perros en este lugar. Otros hacen picnic, elevan volantines, practican yoga

e incluso se instalan con sus lienzos, pinceles, óleos y atriles para pintar. Si bien no es fácil definir a un hipster, una cosa sí está clara: son aman- tes de la nostalgia. Por eso no es extraño que en este sector abunden tiendas de ropa vintage y de discos de vinilo. También está el Rudy’s Bar- bershop, una peluquería old school establecida en un ex garaje de vehículos cuya herramienta estrella es la navaja. Silver Lake también es hogar del Vista Theatre, una sala de cine que data de 1923. Es de las pocas del país que, además de digital, aún exhibe películas en 35 milímetros. Adentro de la caseta es Spock quien vende los boletos o, más bien, Víctor, un gua- temalteco que hace 25 años trabaja como manager y proyeccionista, cuya afición especial consiste en disfrazarse del per- sonaje del filme en cartelera. La función,naturalmente, corresponde a Star Trek. En este lugar el cine es mucho más que entretenimiento: se trata de un rito sagrado.

Las elegantes cortinas rojas se abren y cierran majestuosamente al principio y al final de cada película, y antes de que ésta empiece se escucha música clásica o su respectiva banda sonora. ¿Avisos publicitarios previos al filme? Prohibidos. Víctor está seguro de que tiene el mejor trabajo del mundo. “Películas y popcorn gratis, ¡no puedes encontrar esos beneficios en cualquier parte!”, exclama. Unas cuadras más al norte está Los Feliz Cinema, otra sala de cine antigua que pertenece al mismo dueño, Lance Alspaugh.

SWINGERS

Una gran variedad de escenarios como Spaceland, The Echo y Silverlake Lounge han potenciado el circuito musical de este barrio. Silver Lake ha visto nacer múltiples bandas musicales y también ha atraído la llegada de grupos independientes como Carousel, un dúo electropop que, tras finalizar una gira musical por EE.UU., se mudarán dentro de un mes a este rincón de Los Angeles. “Me encanta porque se siente como un barrio chico y puedes hacer todo a pie”, dice Jackson Phillips, el vocalista. Al igual que la música, la vida nocturna de Silver Lake es activa. Uno de los bares clásicos e imposible de perderse en una visita a Los Angeles es The Dresden. El lugar permanece casi igual desde que abrió en 1954: una barra larga de madera, mesas blancas y redondas, y sillas de cuero rojo.

The Dresden se hizo famoso nacionalmente luego de que apareciera en Swingers, filme de culto estrenado a mediados de los 90 y protagonizado por un joven y delgado Vince Vaughn. En una escena de la película, un hombre y una mujer tocan jazz junto a un piano de cola. Ellos son Marty & Elaine, la banda que continúa tocando en vivo seis noches a la semana. El trago de la casa es el Blood & Sand, un cóctel oriundo de Singapur a base de ron y cherry brandy. Sin embargo, el más pedido de todos actualmente es el Old Fashioned, una mezcla con whisky estadounidense que fue popular en los 60 y que está resurgiendo gracias a que es el favorito de Don Draper, personaje principal de Mad Men. El ecuatoriano Johnny Canepa es bartender en The Dresden desde hace más de 18 años. Apenas terminó el colegio en su natal Guayaquil, llegó a Los Angeles con el sueño de estudiar ópera y convertirse en cantante lírico. Sin embargo, eventualmente formó un grupo con dos argentinos y recorrió res- taurantes latinos tocando valses, boleros y música folclórica. Hoy, a sus 73 y detrás de la barra, ya no sueña con la lírica. Johnny conoce a su clientela. Están los escritores, actores y cineastas famo- sos, y también los escritores, actores y cineastas wannabe, personas anónimas que sueñan con Hollywood. Algunos lo logran, otros no. Él sólo se ríe. Y es que a la larga, por más que Silver Lake intente ser una guarida de la bulliciosa Los Angeles, sigue siendo parte de esa abrumadora ciudad donde muchos fantasean con encontrar la fama.