• 4 mayo, 2007

Patricio Arrau es gerente general de Gerens Capital S.A. ¿Cómo el gobierno se puede anticipar a las crisis y regresiones en los temas estructurales?
Por Patricio Arrau
Cerca de cumplirse los tres meses desde la partida del Transantiago, la eventual aprobación en las próximas semanas del proyecto de depreciación acelerada en comisión mixta podría marcar un punto de infl exión para el gobierno.
Una variable esencial para este pronóstico es el repunte de la economía. Va quedando atrás ese vergonzoso crecimiento de 4% anual del año pasado y se refuerzan las expectativas de un crecimiento en torno a 5,5% para este año. El empleo mejora y la información trimestral de las sociedades anónimas que se da a conocer en estos días da cuenta de un tranquilizador panorama. No se vislumbran choques externos que pudiesen poner en peligro la recuperación observada y los precios de nuestros productos básicos de exportación se mantienen elevados.
Pero esto no es suficiente. La clave para salir del fondo está en comprender el significado de lo ocurrido en las últimas semanas y actuar con capacidad de prever y consensuar. Como ha ocurrido en otras ocasiones, los temas estructurales nuevos sorprenden a las autoridades, las que se ven obligadas a reaccionar improvisadamente con iniciativas de política que no estaban contempladas en la agenda inmediata. El presidente Lagos fue sorprendido por los hechos que llevaron a las reformas de modernización del sector público, aun cuando era conocida por años la irregular forma en que los funcionarios de altos cargos del Estado percibían sus remuneraciones. La solución de Estado, con el acuerdo amplio que se dio entonces, pareciera ser el modo de enfrentar en forma permanente estos temas estructurales.
Lo mismo ocurrió con el proyecto de depreciación acelerada. Aunque se sabía que el Ministerio de Economía estaba trabajando en un nuevo estatuto para la pequeña empresa, el tema explota en la forma de crisis, sorpresivamente, en el contexto de la tramitación proyecto Chile Invierte. Es necesario descartar el “oportunismo político” como explicación de esta crisis. Es una explicación demasiado simplista. Es evidente que existe un problema real, al que no se le ha asignado sufi ciente importancia. El proyecto de depreciación acelerada es un buen proyecto pro inversión y será aprobado en el tercer trámite legislativo, pero tanto la Alianza como tres senadores de la Concertación vieron una “oportunidad política” para poner sobre la mesa un tema que venía siendo ignorado o postergado en el orden de prioridades.
El problema de las pequeñas empresas, nombre genérico que damos a todas aquellas que venden menos de $ 150 millones al mes, es real. El problema de estas empresas no es cómo financiar la inversión en activo fi jo. Normalmente para ello existen créditos hipotecarios, créditos con prenda o bien leasing. El problema de estas empresas es cómo financiar su capital de trabajo, es decir, sus cuentas por cobrar, y cómo fi nanciar su acumulación de inventarios, todo ello en el contexto de un mercado fi nanciero restringido y poco competitivo para este segmento, y en el contexto de un sistema de pago de proveedores que ha alargado crecientemente los plazos. Es un error centrar las medidas en condonaciones, pues la morosidad tributaria y previsional es una consecuencia y no la causa del problema. Además, de este modo se mantendrán vivas empresas que debieran cerrar.
Tampoco se resuelven los problemas con abultadas líneas de segundo piso, canalizadas a través de un sistema bancario esencialmente orientado al crédito de bajo riesgo. Aunque ambos tipos de medidas pueden ser necesarias, es esencial apuntar a las variables claves de entorno que mantienen el mercado de fi nanciamiento para las pequeñas empresas con bajos niveles de rivalidad competitiva. Es el mercado el que debe seleccionar cuáles empresas deben mantenerse y cuáles deben cerrar. Medidas directas de condonación no ayudan, pero sí ayudan las mejoras de las variables de entorno.
Dentro de éstas últimas, el impuesto al crédito juega un rol nefasto al mantener el sistema de fi nanciamiento de la pequeña empresa en estándares poco competitivos. Este impuesto absurdo sigue allí simplemente por el apego del fi sco a su rendimiento. En la actual coyuntura de abundancia fi scal, devolver esos recursos al mercado es una medida muy efi ciente y necesaria para avanzar hacia una solución amplia o consensuada.
Para salir del fondo, se requiere prever y consensuar. Los mejores ejemplos de políticas públicas son de este tipo. No es redundante recordar que la necesidad de una reforma del sistema previsional se resolvió de este modo. En el caso de las medidas para las pequeñas empresas, se requiere la habilidad de escuchar en forma amplia y de consensuar durante la negociación de la nueva instancia legislativa. Asimismo, para no volver a caer al fondo, se requiere empezar a prever y consensuar desde ya la próxima crisis en ciernes, que es la crisis hospitalaria en el sector público.