Plaza Sésamo cumple cuatro décadas. No solo es el programa infantil más popular del mundo, sino la primera creación del mayor genio de la historia de los titiriteros: Jim Henson.

  • 10 junio, 2009

 

Plaza Sésamo cumple cuatro décadas. No solo es el programa infantil más popular del mundo, sino la primera creación del mayor genio de la historia de los titiriteros: Jim Henson. Por Federico Willoughby Olivos.

Aunque nos cueste digerirlo, lo cierto es que uno de nuestros programa infantiles favoritos, Plaza Sésamo, cumple 40 años. Y eso, además de hablar de la edad que tenemos, nos da una estupenda excusa para celebrar el increíble universo de trapo que creó Jim Henson.

Puede que el nombre no les diga nada, pero algún día la historia hará justicia y le dará a este norteamericano el lugar que merece como el artista del entretenimiento infantil más importante del siglo pasado. Sí, más que Disney, más que Matt Groening (Los Simpson) e incluso más que Chuck Jones (el cerebro detrás del Bugs Bunny, el pato Lucas y sus amigos). Henson, ampliamente conocido por sus muñecos de trapo, tuvo una carrera artística notable, con puntos altos en cuanto a la cultura popular y al éxito de audiencia (Plaza Sésamo y Los Muppets) pero también fue clave en el desarrollo del oficio propio de titiritero, desarrollando innovadoras técnicas que hasta el día de hoy se ocupan en los programas infantiles protagonizados por muñecos (y que fueron claves para que la cerdita Piggy, su novio René y el resto de la troupe de trapo tuvieran el éxito que tuvieron).

La historia de Henson comienza cuando de niño se convierte en uno de esos privilegiados seres con televisión en el living. Corría la década de los cuarenta y sus padres decidieron comprar esa nueva tecnología tan en boga dentro de la efervescente sociedad americana de post guerra. Jim no demoró nada en volverse adicto a todo lo que trasmitiera la caja catódica, en especial los shows de marionetas de Edgar Bergen. El camino estaba trazado.

La obsesión de Henson derivó en que apenas pudo, es decir en el colegio, empezó a trabajar diseñando títeres y marionetas para el bloque infantil de una estación local, que se trasmitía los domingos en la mañana. Pese al relativo éxito de su incursión laboral, y presionado por sus padres, volvió al colegio y fue a la Universidad de Northwestern, donde estudió Arte, con el propósito de encontrar un camino que uniera su recién aprendido oficio y un eventual emprendimiento comercial. Así, mientras hacía los créditos necesarios para un minor de Economía, aprendió los principios básicos para hacer los muñecos de trapos que más tarde lo harían famoso.

De hecho, en su primer trabajo ya titulado (Sam and Friends, un show de 5 minutos para la televisión) desarrolló una muy básica versión de su muñeco más entrañable: la rana René. Y no se quedó ahí: también aprovechó el control creativo que tenía sobre el show para empezar a experimentar con nuevas técnicas de animación de las marionetas, hasta entonces demasiado rudimentarias.

Jim estaba convencido de que sus muñecos tenían que destacar por tener una vida y sensibilidad nunca antes vista. Por eso, en un tiempo en que la mayoría de los personajes se hacían de madera, empezó a experimentar con espuma de caucho que le permitía imprimirles una mayor cantidad de movimientos y expresiones. Además, y en lo que fue un hecho revolucionario, hizo que cada una de sus creaciones moviera la boca de manera sincronizada con el diálogo.

Cambios que hicieron del show un auge que se vio interrumpido por las dudas que Henson tenía sobre si quería dedicar el resto de su vida a mover muñecos. Y pese a las suculentas ofertas que recibió para seguir a cargo, decidió abandonar todo y buscar respuestas en Europa. Fue en el viejo continente donde conoció a maestros titiriteros que lo iluminaron en cuanto a que lo que él hacía era efectivamente arte. Si lo podía conjugar con negocios y entretención, mucho mejor.

Ya de regreso, trabajó casi por 20 años antes de lograr el triunfo definitvo. Hizo proyectos para niños, muñecos para el talk show de Ed Sullivan y muchos comerciales. Fue justamente en un corto publicitario para Wilkins, una cadena de cafeterías, donde por primera vez se pudo vislumbrar lo que Henson nos tenía preparado: convirtió un simple spot en delirantes 30 segundos de humor físico (léase cachetadas). El titiritero sabía que al tratarse de muñecos y no personas, podía abusar del tema de los golpes y aun así ser divertido.

Fue tal su éxito, que terminó haciendo más de 300 comerciales para Wilkins, se movió a Nueva York, formó Muppets Inc. y contrató a Frank Oz, su amigo del alma y posterior encargado de impersonar a Yoda en las películas de La guerra de las galaxias.

En 1969, le pidieron trabajar en Plaza Sésamo. El programa, pensado como el primer espacio que utilizaría la televisión de manera educativa (proyecto apoyado por sicólogos de la universidad de Harvard), tenía la misión, entre otras cosas, de lograr que los niños se motivaran por leer o que aprendieran los colores. El segmento que le encargaron a Henson era el de un grupo de muñecos de trapo que vivían al costado de la Plaza. Fue tal su atractivo que en poco tiempo Beto, el Monstruo de las Galletas, Animal y Abelardo se tomaron el programa.

Sin embargo, el éxito no fue suficiente y a poco andar el titiritero se mudó a Inglaterra para lanzar su obra más genial: Los Muppets, un programa semanal de humor. El artista había tenido la suerte de desarrollar un segmento dentro de la primera temporada de Saturday Night Live, haciendo sketchs directamente para adultos. El éxito que tuvo y, sobre todo, el hecho de hablar a una audiencia más amplia, lo habían decidido a dejar Plaza Sésamo. Y si bien la idea original era hacer Los Muppets en Estados Unidos, la falta de interés de las cadenas norteamericanas (no entendían que los muñecos no necesariamente eran para niños) lo llevó a trasladar toda su operación a Europa.

En Inglaterra su creación, una vez más, alcanzó una audiencia sin precedentes. La rana René, la chancha Piggy, Gonzo y toda la galería de personajes se erigieron como una nueva forma de entretención, basada en un humor inteligente, lleno de parodias y de lecturas tanto para grandes como para pequeños. No pasó mucho tiempo para que el programa se exportara a su país natal y tan sólo 3 años para que tuviera su primera película, que recaudó más de US$60 millones. Una de las canciones del filme, The rainbow connection, cantada por la rana René, llegó al número 25 de la lista Billboard de las 100 canciones más populares del año.

Henson había tocado la cima. En 1979 George Lucas le pidió asesoría en la parte de vestuario y maquillaje para El Imperio Contraataca y en 1982 fue el estreno de El Cristal Oscuro, una película de fantasía con muñecos alejados de la estética Muppet, que logró tanto buenas críticas como una gran recaudación. La racha terminó en 1986 con Laberinto, otra película fantástica, que fue producida por George Lucas y tenía como protagonista a David Bowie. Las buenas críticas no lograron revertir los magros resultados comerciales. Fue el último gran proyecto de Hansen en el cine que no estuviera ligado a los Muppets. Los años siguientes los dedicó a crear shows para la televisión como Fraggle Rock, los Muppet Babies y una serie no animada, The Storyteller, que no pasó de la primera temporada pero ganó un Grammy.

En 1990, y mientras preparaba Secundaria Muppets y un proyecto de animatronics para el Museo de Historia Natural, murió de manera sorpresiva producto de una infección a los pulmones. Fue un día sumamente triste para los millones de niños que alguna vez vieron Plaza Sésamo y después siguieron con los Muppets. Su funeral, oficiado en la Catedral de Saint Paul, duró más de 2 horas y media, en el que la audiencia cantó una decena de canciones de sus clásicos programas. Nadie lloró.