Nuestro columnista revisa las virtudes y defectos de los nuevos aparatos inalambricos de Amazon y Sony para leer libros digitales. Y llega a la conclusion de que no superan al tradicional formato impreso, sino que lo complementan.

  • 12 mayo, 2009


Nuestro columnista revisa las virtudes y defectos de los nuevos aparatos inalambricos de Amazon y Sony para leer libros digitales. Y llega a la conclusion de que no superan al tradicional formato impreso, sino que lo complementan.

 

Nuestro columnista revisa las virtudes y defectos de los nuevos aparatos inalambricos de Amazon y Sony para leer libros digitales. Y llega a la conclusion de que no superan al tradicional formato impreso, sino que lo complementan. Por Francisco Javier Garrido.

Me encuentro de viaje mientras me encomiendan que, dentro de esta importante cruzada por incentivar la lectura entre ejecutivos y profesionales, comentemos si en nuestra opinión será el libro impreso desplazado por el libro electrónico y qué papel juegan los nuevos aparatos para leer libros digitales. Miro a mi alrededor y veo personas que esperan el embarque del vuelo, al igual que yo. La mayoría lee. Sólo una lleva un lector digital.

He sido usuario del lector de libros digitales de Amazon (Kindle) y de Sony (Reader), pero no he tenido acceso al de Samsung (Papyrus). En los dos primeros casos las compañías han hecho un esfuerzo por emular en el touch de pantalla la sensación de la hoja de un libro; sin éxito a mi juicio, dado que las texturas de los libros varían en proporción a la calidad de las ediciones. En este sentido, la ambición por igualar el tacto del papel puede ser injustificada.

Lo que sí resulta agradable es la posibilidad de “rayar” sobre el texto y hacer indicaciones en cada pantágina (así le llaman a la página electrónica) y “a mano alzada”. Para muchos lectores de libros técnicos es embarazoso prestar nuestros textos –si cometemos la osadía de hacerlo– y que estén completamente rayados. Reconozco que me vendría mejor prestar un libro en versión eBook o digital y sin mis garrapateadas ideas al margen.

Otra ventaja está en la posibilidad de ampliar el cuerpo de las letras al leer, o consultar el diccionario en el mismo soporte. La posibilidad de escuchar música en formato MP3 es un atractivo extra, aunque no exclusivo del formato.

Si bien entiendo la necesidad de usar una pantalla monocromática de alta resolución (600 x 800 pixeles con cuatro niveles de escalas de grises) para asegurar el bajo precio, ahorro de energía y autonomía del equipo, no dejo de pensar que al no usar pantallas en color se pierden una gran oportunidad para convencer al usuario de dejar de lado su notebook, iPhone o Palm, con los que también se leen los eBooks, pero que agregan una serie mayor de prestaciones y en donde las fotografías se ven a color.

Ambos equipos ofrecen leer durante días sin necesidad de recargar las baterías y un aspecto clave es la luminiscencia: los diseñadores pusieron cuidado en no usar pantallas backlight que emiten luz de cara al usuario. Se ha intentado emular la no luminiscencia de una página de papel a través de sistemas de luz incidente y lo que llaman tinta electrónica, lo que evita el cansancio provocado por el brillo tradicional de las pantallas de computadores. En cuanto a los volúmenes de almacenamiento, Kindle indica que puede guardar hasta 1.500 libros y Reader ofrece hasta 13.000 títulos con su ampliación de memory stick. Nada mal.

La era de la velocidad

Confieso que la búsqueda por título, autor o año de edición, en sólo segundos, es muy agradable. Igualmente atractiva resulta la velocidad de descarga de un libro desde Kindle Store en Amazon (60 segundos con conexión promedio) y el precio. Por ejemplo, la sección Business & Investing señala tener por estos días 24.991 libros disponibles (un punto a favor), y si comparamos el precio de “Blue Ocean Strategy” de U$16,47, versus la versión impresa por U$19,77 más gastos de envío, vemos que hay ventajas de costos. En otros títulos la diferencia puede ser hasta de un 70%.

En el caso de Reader, su socio estratégico en la descarga de libros es la conocida librería inglesa Waterstones (waterstones.com), que también cuenta con un notable número de eBooks disponibles. Para variar, los títulos disponibles en la sección de novela superan los de libros técnicos. Lo mismo pasa en Amazon. Nada para alarmarse, porque siempre ha sido así, incluso en las librerías tradicionales.

Hablando ya de sus cualidades generales, otra ventaja estaría en el acostumbrado search a toda velocidad a la que nos tiene acostumbrado el formato PDF (Portable Document File creado por la firma Adobe) y que supone una gran herramienta para encontrar rápidamente palabras dentro de un texto, para lo cual además se le ha agregado la función bookmarks: un marcador de páginas digital.

Mención aparte para quienes se encuentran en un aeropuerto con retrasos de vuelos o esperas no previstas: la conexión WiFi con que cuentan ambos equipos les permitirá descargar PDF de diarios y libros en zonas iluminadas y aeropuertos en general. La nueva versión de Kindle promete incluso conexión gratuita… Ya veremos.

Otros elementos a favor podrían ser el tamaño y resistencia. Aquí se aprecia un mejor diseño en el caso de Amazon que en el de Sony, pues el formato ultra-delgado del primero lo hace fácilmente transportable. Los dos lectores disponen de botones laterales para avanzar y retroceder las páginas. Sus teclados permiten redactar los nombre de búsqueda, agregar textos y efectuar la necesaria compra de los eBooks.

Un cambio cultural

Todo lo anterior suena bien pero, ¿son los libros electrónicos el futuro de la industria editorial? ¿Desplazarán a los viejos textos encuadernados?

Primero que nada, si alguien pensaba que Kindle o Reader podrían generar una revolución similar a la del iPod, la apuesta ha tenido problemas en el payback, pues en el caso de la música los melómanos ya nos hemos venido ajustando durante treinta años, a lo menos, al proceso de “transportabilidad” del contenido musical. Un proceso que parte desde el primer walkman de Sony y que ha sido coronado con la tradicional solución amistosa y misteriosamente adictiva de la interfase de Apple. Este proceso de cambio cultural no parece asimilable aún en el caso de los libros.

Ahora bien, ya sentado en mi asiento del avión, miro de reojo a mi acompañante, que debe apagar su Kindle para el despegue. Claro, se trata de un aparato electrónico y la azafata pide desconectar todo antes de empezar el vuelo. Mientras tanto, yo sigo leyendo tranquilamente mi libro impreso. Si volvemos a la pregunta inicial de esta columna (¿pantalla o papel?) hay una cosa clara: lo importante es leer.

 

 

Oportunidades que se abren

En cuanto a los contenidos, contamos con el bullado Proyecto Gutemberg de la enciclopedia de usuarios Wikipedia y otras iniciativas interesantes, como el de “Bubok” en España: una editorial especializada en eBooks, que ofrece la descarga gratuita y la opción de compra de un ejemplar impreso a solicitud del usuario. Con esto, algunos autores podrían verse tentados a prescindir de la intermediación editorial, o bien se abrirían posibilidades para autores y trabajos con menos posibilidades de ser editados de forma tradicional.

 

Mundos complementarios

Aunque muchas posturas apocalípticas apuntan al declive de los libros tradicionales frente a los eBooks, algunos autores se han adaptado al nuevo formato, permitiendo que sus lectores descarguen de sus sitios o blogs algunas de sus obras en PDF. Sobre todo, los títulos descatalogados. Paralelamente entregan los trabajos de punta a las editoriales, generando un interesante mix de distribución y acceso a sus ideas. En Sony lo tienen claro: la publicidad de su lector de libros digitales indica al usuario que “Reader no es un reemplazo para sus libros tradicionales, es sólo una nueva forma de disfrutar la lectura”.