El Subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, antigua mano derecha de Jaime Mañalich por estos días está enfocado en conocer al nuevo Ministro de Salud, Enrique Paris, con quien nunca había trabajado. Estas son las claves que lo llevaron a liderar la crisis del que ha sido el mayor desafío de su vida.

Por: Trinidad Infante e Isabel Ovalle

  • 18 junio, 2020

A las 11:30 de la mañana del sábado, el Subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga (37), se enteró que debía ir a Palacio. Sin poder comunicarse con su jefe, el ahora exministro Jaime Mañalich, se subió a su auto en su casa en Vitacura rumbo a La Moneda. Sabía que había rumores de que podría dejar el cargo que ocupa desde el 11 de julio de 2019 -tras reemplazar a Luis Castillo- si es que había cambio de mando: para él, la dupla que hacía con el nefrólogo era inexorable. Sin embargo, y pese a los rumores que circularon, nunca puso su cargo a disposición. Y a esas alturas tampoco contaba con un plan B en caso de ser removido. Esto último, confidenció a su círculo, es lo que más le preocupaba mientras manejaba rumbo al cambio de gabinete.

Apenas terminó la ceremonia de cambio de gabinete -donde estuvo presente junto a la subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza; además de los ministros salientes y entrantes; el titular de Interior Gonzalo Blumel y el subsecretario Juan Francisco Galli- tuvo un rápido intercambio de palabras con Mañalich. Zúñiga, dicen, se vio golpeado: era parte del núcleo más estrecho del médico en el gobierno. Había sido su jefe de gabinete en la primera administración Piñera, y durante la pandemia habían estado juntos prácticamente todo el tiempo. En privado reconoció que le hubiese gustado darle “un fuerte apretón de manos” al médico.

Durante estos días ha visitado un par de hospitales en La Florida y la Posta Central, actividades que son parte de su agenda de las tardes.

Los 106 días de pandemia

Cuando el coronavirus llegó a Chile, el 3 de marzo, Arturo Zúñiga dejó de participar en los grupos de Whatsapp de amigos y familiares en los que comentaba activamente. Antes había dejado la jineta de capitán del equipo de fútbol Santa Fé, de la liga de apoderados del colegio Manquehue -donde además es exalumno- y en el que compartía camiseta con el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, quien también dejó su puesto de defensa lateral izquierdo. La amistad con Blumel comenzó en la cancha y más adelante se afianzó con la política.

Durante la pandemia, su principal rol ha sido preparar la red asistencial Covid, unificando la pública con la privada; además de planificar la capacidad de camas críticas y atención en servicios de urgencia. Actualmente su mayor preocupación es mantener su plan inicial en marcha y “pasar el invierno”.

Cuando en enero comenzó a planear la estrategia, proyectó la capacidad que se podía alcanzar tanto de personal médico como de camas y ventiladores. Para ello, una de sus jugadas más emblemáticas fue el arriendo de Espacio Riesco para convertirlo en un hospital para pacientes no covid y covid, pero que no requieran cuidados especiales. El asunto generó polémica primero por el monto del arriendo -de 0,2 UF por metro cuadrado mensuales- y más recientemente porque trascendió que cuando lo hizo ya había 40 muertos y 4 mil contagiados en el país. Ante los cuestionamientos, el subsecretario salió a explicar que la diferencia en el conteo se explicaba porque la firma del contrato se selló finalmente el 20 de abril, cuando la pandemia ya había cobrado sus primeras víctimas fatales, y no en marzo, cuando se hizo el anuncio.

Más adelante, inició el desarrollo de un programa de capacitaciones para más de 45 mil funcionarios de la salud en el uso de camas críticas, las que se siguen realizando en conjunto con la Asociación chilena de medicina interna vía online. Dicen que se reconoce tranquilo con el trabajo realizado y que otro de sus aciertos ha sido aumentar a 80 laboratorios disponibles para la toma de exámenes PCR.

El cuaderno rojo

Arturo Zúniga comienza su rutina poco antes de las seis de la mañana, momento en que alcanza a estar con sus cuatro hijos antes de que un chofer del ministerio lo pase a buscar para llegar a las 8 en punto a La Moneda. Durante el trayecto realiza llamadas y analiza indicadores para llegar preparado a la reunión diaria con el Presidente Sebastián Piñera, los ministros Gonzalo Blumel, Karla Rubilar, la subsecretaria Paula Daza, y ahora el ministro Enrique Paris. El encuentro finaliza con el punto de prensa con el reporte diario de contagios y muertes producto del Covid-19 que se realiza todos los días a medio día en el salón de prensa de la SEGEGOB.

Quienes trabajan con él dicen que casi no está en su oficina. Su trabajo es en terreno, y recién cerca de las 22:30 vuelve a su casa. El poco tiempo libre que tiene durante el fin de semana lo destina casi en exclusivo a estar con su familia, y antes de la pandemia a hacer asados con amigos o a ver partidos de fútbol de la U de Chile, equipo del que es hincha.

Lo describen como “poco tecnológico”: jamás se le ve con un Tablet en la mano, prefiere un cuaderno universitario y un lápiz a pasta azul para registrar las notas que toma diariamente. Cuenta un familiar que cuando comenzó a aparecer en la televisión le regalaron una croquera de mejor calidad, pero él prefirió mantener su clásico cuaderno hasta terminarlo.

La directora Médica de la clínica Dávila, Carolina Asenjo, con quien trabajó codo a codo en la clínica Vespucio el año 2016, dice que su forma de trabajar es amena, muy exigente y pragmática. “Lo que más destaco es su lado humano y preocupación por el resto”, dice.

La misma relación generó con sus anteriores equipos de trabajo.

De Panguipulli al Minsal

Tras titularse en la UC, Arturo Zúñiga trabajó tres años en el área de fondos mutuos del Banco de Chile. En 2008 se casó con Luz Errázuriz y ese mismo año fue invitado por la Fundación Jaime Guzmán a formar parte del programa Jóvenes al Servicio de Chile. En 2009 se instaló en Panguipulli por dos años como director de salud municipal en las comunidades de Choshuenco, Neltume, Pirihueico y Coñaripe. De esa experiencia, cuentan en su entorno, adquirió la mayoría de sus conocimientos del sistema de Salud Pública, Redes y terminología médica. Él mismo se refiere a esos años como su “primera escuela”.

Una de las situaciones que más lo marcó de esa etapa fue el organizar el traslado ante una eventual emergencia desde Puerto Pirihueico en la barcaza Hua Hum que solo pasaba una vez al día. Para eso tuvo que gestionar todo un sistema de soporte con las autoridades sanitarias de San Martín de Los Andes, que está al otro lago del lago.

Con el nacimiento de Luz, su hija mayor, el matrimonio decidió regresar a Santiago. Ahí se convirtió en el jefe de gabinete del ministro Salud, Jaime Mañalich, durante los cuatro años del primer gobierno de Sebastián Piñera. Luego trabajó como gerente comercial en la Clínica Vespucio. Mientras ejercía sus funciones, al director de la Clínica Universidad de los Andes, Jorge Laso le llegó su nombre para ser gerente Comercial de la clínica, cargo que llevaba 3 meses sin cabeza. Laso llamo a Mañalich para pedir referencias y este le contestó con un “contrátalo sí o sí”.

Cercanía con la UDI

En sus años en Ingeniería Comercial en la Universidad Católica participó en algunos proyectos sociales con el diputado UDI Jaime Bellolio cuando este formaba parte de la FEUC. Ahí conoció más de cerca al también gremialista Javier Macaya. A través de ellos ingresó a militar a la UDI. Pero cuando se realizó el proceso de renovación de militantes en el año 2016, no pudo votar al haber olvidado hacer el trámite de reinscripción.

Quienes más lo conocen, dicen que lo suyo no es la política y que la idea de llegar a ser ministro no está en sus planes.