Conocimos tres lugares: uno, de buena escuela y falto de prolijidad; el segundo, sencillo y rico; y el tercero, indescifrable y con mano para las pastas. Un breve muestrario de lo positivo y lo no tanto de nuestra oferta gastronómica. POR paola doberti

  • 20 junio, 2012

Conocimos tres lugares: uno, de buena escuela y falto de prolijidad; el segundo, sencillo y rico; y el tercero, indescifrable y con mano para las pastas. Un breve muestrario de lo positivo y lo no tanto de nuestra oferta gastronómica. POR paola doberti

La Pescadería,
Mallinkrodt 180. Bellavista. F. 415 3212

La sucursal en Bellavista de La Pescadería de Walker ha gustado. Productos del mar en preparaciones sencillas y sabrosas es el llamado. Quedan los ladrillos en las paredes recordando el mítico San Fruttuoso de la época de Roberto Revello, iluminados por colores blanco y celeste que le dan aire (y olor) a restaurante de playa. El día que almorzamos había un solo garzón a cargo, incluso de la caja. Pudo haber sido un desastre, pero el joven patinaba por la sala, hábil como el que más. Cortesía de la casa: un shot de caldo de pescado. Empanadas, de masa gruesa, de camarones (grandes y con harto sabor) con un decorado de balsámico que aporta una dosis de acidez. Ceviche de corvina nota 4,5 por el exceso de limón. Caldillo de congrio originalmente sazonado con especies que iban por el lado de anís. Arroz con mariscos un poco aceitoso de más. Picante de camarones y pulpo: esperábamos una suerte de guiso con arroz y resultó ser caldillo. Rico. Cocina sabrosa, enjundiosa, sencilla y con un twist creole, herencia del dueño. Faltan prolijidad… y ¡ventilación!

Les Compères, General Flores 229.
Providencia. F. 716 2424

Habíamos oído hablar harto de Les Compères, sobre todo entre gente joven y con curiosidad gastronómica. Se trata de un local de comida franco belga que nació de la necesidad de tres “compadres” belgas de tener un boliche donde sentirse en casa, compartir y mostrar su gastronomía. Está en una casa esquina en ese encantador barrio en los alrededores del mercado de Providencia. Para almorzar y con un día de sol, la terraza es el lugar; el interior, definitivamente mejor en la noche. A Les Compères volvería para probar las cacerolas de choritos con papas fritas belgas (en distintas formas) y las mentadas piedras calientes: esas que ofrecen solo de noche, ya que durante el día se temperan hasta alcanzar la temperatura necesaria para convertirse en francos fuegos para pescados, mariscos y también carnes. Muy buen aliñado el tártaro de carne. Aprendí que la Chorrillana belga no es más que una tremenda albóndiga, rusticona, acompañada de verduras asadas y arroz. El servicio, atento, informado y comprometido, que le suma varios puntos a la visita.

La Dolce Vita, Av. Alonso de Córdova 3854.
Vitacura. F 228 6043

Teníamos curiosidad por este local en Alonso de Córdova que se demoró tanto en abrir. Una casa enteramente refaccionada de dos pisos, pintada en extraños colores y con aplicaciones de flores. Un comedor puesto con dedicación y particular gusto que no llega a ser acogedor. Muy bien iluminado, de manera tenue como debe ser. Una puerta de vidrio con su correspondiente manilla separa el comedor de la zona de la cocina, ruidoso y curioso considerando que los garzones tienen que abrir y cerrar cada vez que traen algo a la mesa. Incómodo. La carta es amplia y abre el apetito. Entrantes, pastas, risotti, carnes y pescados. El dueño italiano se presenta mesa por mesa. También una suerte de administrador (demasiado) involucrado y atento. Pedimos surtido de fiambres y embutidos italianos: jamón de Parma, bondiola, mortadela, panceta y delgadas láminas de parmesano. Buenos productos, linda presentación, abundante. De fondo, dos pastas: pappardelle al pesto con prosciutto y mozzarella y spaghetti con frutos de mar. Nos llama la atención la calidad de la pasta hecha en casa y de las materias primas en general. También la “delizia” de chocolate gratamente amargo con helado de guinda ácida, de los mejores que hemos probado. Nos cuentan que el chico encargado de la cocina vivió 14 años en Italia. Muy buena mano para las pastas. El comedor es sólo la primera etapa de este local, que está preparado para recibir a más de 100 personas cuando se inauguren la gran sala de atrás y el privado, en el segundo piso. Indescifrable restaurante, con una oferta de calidad y algo falto de sazón en las preparaciones. Cero onda, pero muy buenas intenciones.