El empresario socialista cree que Chile Vamos tiene la mejor opción de volver a ganar el 2021. “Si pierden, tendrían que ser muy malos”.

  • 15 febrero, 2018
Fotos: Álvaro de la Fuente

Óscar Guillermo Garretón, empresario, militante del PS, subsecretario de Economía durante la UP (aún en su oficina hay una foto de él, barbudo y revolucionario, junto a Salvador Allende), fue de los primeros desde la centroizquierda en criticar el rumbo del segundo gobierno de Bachelet. Un escrito suyo de 2014, en el que hacía un símil de su sector con una manada rumbo al precipicio, generó una polvareda.

En los últimos meses, cuando muchos de sus camaradas leyeron los resultados de la primera vuelta como un apoyo a las reformas, él mantuvo su tesis: la Nueva Mayoría había perdido conexión con la realidad. “Estamos viviendo un momento bien interesante, porque está terminando un período muy largo, desde comienzos de los 90, de una hegemonía social de la centroizquierda. El sector lo hizo inicialmente muy bien. Y terminó bastante mal”, dice en un edificio de Las Condes, desde donde maneja sus negocios, justo el día antes de irse de vacaciones.

“Incluso dentro de la era concertacionista pongo al primer gobierno de Piñera, que fue un paréntesis, una cosa pasajera, porque no hubo una visión política propiamente tal de centroderecha, sino algo bastante confuso. Ahora la situación es distinta. Al final, si sumamos bien y no mal, en primera vuelta ganó la discontinuidad. La continuidad de la Nueva Mayoría sacó muy pocos votos, y ganó la discontinuidad, por derecha y por izquierda. En la segunda vuelta el resultado fue contundente: la ciudadanía no quería que siguiera nada parecido a Bachelet”.

“Es más, si el gobierno lo hace bien, y al mismo tiempo el mundo de izquierda atraído por el glamour del Frente Amplio se desliza hacia ese extremo y queda el centro sin representación, la derecha tiene una oportunidad que no ha tenido en 30 años para gobernar por mucho tiempo”, pronostica.

Aparte de formar una alianza oportunista, sin una identidad común, solo con el objetivo de recuperar el poder, el economista plantea que el oficialismo “dejó de reconocer al mundo de hoy. Algo que la Concertación hizo durante mucho tiempo. Hoy día la economía de mercado no es un planteamiento capitalista, sino un consenso de la humanidad. No entender eso es una señal de irrealidad. El estatismo es una lógica que quedó fracasada como lección del siglo XX”.

-La DC ha sufrido varias renuncias, ¿no ha pensado dejar el PS?

-No. Para nada, yo me refiché.

-¿Pero si el partido gira hacia una izquierda que representa el FA, con fórmulas de mayor estatismo, con poca valoración del mercado, no se sentiría fuera de lugar?

-A ver, algo que valoro del PS es su tolerancia a la diversidad. A mí nunca nadie por decir lo que he dicho ha querido expulsarme del partido. A lo mejor algunos lo han pensado, pero nunca lo han intentado. La verdad es que es un partido mucho más tolerante a la diversidad que la DC, para qué decir del PC o la UDI. Es un partido más moderno en ese sentido. Los partidos intolerantes a la diversidad no tienen ningún futuro posible.

-En todo este tiempo, ha estado en una posición incómoda en la Nueva Mayoría…

-Sí, me he sentido incómodo, pero he podido criticarla. Pienso que la NM no es la continuadora de la Concertación, sino su principal detractora. Se planteó como una ruptura y fue clave la alianza con el PC. La Concertación es el más vivo testimonio del fracaso del PC en la transición. Nuestra coalición llevó una línea exactamente contraria a la de los comunistas, tanto para enfrentar a la dictadura al final, como para lo que había que hacer al comienzo de la democracia.

-¿La suma del PC fue un error estratégico?

-Ha terminado en un fracaso. El PC chileno es una curiosidad hoy día en el mundo.

-¿Cuál es el legado real de este segundo gobierno de Bachelet?

-Se llama Sebastián Piñera. Eso implica: fin de la Nueva Mayoría. Nacimiento del Frente Amplio. Crisis de los partidos de centroizquierda. Desaceleración económica y precarización del empleo. Y una gran dificultad para entender los cambios del mundo de hoy.

-Recién hablaba de continuidad y discontinuidad, ¿votó por Guillier?

-(Silencio) Mira, como no quiero tener peleas, que no tienen mucho sentido, voy a guardar mi secreto en la urna. Pero mis simpatías estaban mucho más por la Goic en la primera vuelta.

-El PS llamó a votar por Guillier.

-Lo tengo claro, por eso no quiero entrar a discutir ese punto.

-También se puede votar en blanco.

-Bueno, si Guillier hubiera perdido por un voto, mi decisión hubiera sido una cosa importante. Pero creo que no tiene ninguna importancia cómo voté, dados los resultados.

Identidades en disputa

-El PS, aunque logró una representación parlamentaria decente, sufre una crisis parecida a la de la DC. ¿Cuán grave es?

-Hay una discusión pendiente sobre cuál es la identidad de la izquierda en el siglo XXI. Y que no está resuelta. Si fuera solamente un problema del PS de Chile sería más fácil encontrar una respuesta, pero es una discusión internacional. Y ojo que tampoco es solo de la izquierda. La derecha está enfrentando nuevos problemas. Cuando uno ve que el proteccionismo hoy es de derecha, con Trump o el Brexit, uno piensa: algo está pasando. O sea, hay un mundo nuevo que nos está interpelando a todos.

-¿Este tema de la identidad se vio en la forma en que la dirigencia de Álvaro Elizalde dejó morir la candidatura de Lagos?

-Si hubiéramos perdido con Lagos, hubiéramos tenido algo de lo cual partir. Yo creo que con Guillier no quedó nada. Ni siquiera el propio Guillier, que se fue al comité independiente del Senado.

-Gente que antes votó Concertación ahora lo hizo en blanco o no fue a votar, pensando en que Piñera era mejor para el país. ¿Lo cree así?

-Lo que importa es lo que creyó la gente. Y la verdad es que frente a esa campaña de todos contra Piñera, los votos demostraron que la ciudadanía tenía mucho más temor a que saliera Guillier de que ganara Piñera. La gente temía más que siguiera lo que había, a que llegara alguien distinto. Eso es el resultado neto de esto.

Por el desgaste de la izquierda, no le hace mal al sector tener la posibilidad de debatir en qué se equivocó. Y es menos dramático que en otros tiempos: a mí me tocó hacer la discusión sobre la renovación de la izquierda a partir de la derrota monumental, trágica, con muertos, exilios y todo eso, de la UP. Ahora ha sido una derrota más benigna, aunque golpea el corazón, las ideas. Y creo que los pueblos tienen razón cuando le dicen a un sector que desea gobernar: mire, vaya a pensar de nuevo su propuesta para el país.

Reformas y contrarreformas

-Personalmente, ¿ve con esperanza el gobierno de Piñera, piensa que puede hacer un buen gobierno?

-Está demostrando que puede ser un buen gobierno. Tiene vientos a favor, que son en parte mérito de él, pero otros no. Primero, todos los datos internacionales apuntan a que vamos a tener un período de crecimiento. Las estimaciones incluso han estado mejorando. Queda una gran duda: la de si tener algunos gobernantes medio locos en el mundo signifique problemas geopolíticos que puedan afectar todo el panorama. Pero desde el punto de vista económico, las señales son favorables. Si ve los indicadores de consumidores y empresarios, todos ellos están hoy tirando para arriba. Y lo mismo ocurre con la bolsa. Además, hay condiciones para que se puedan corregir muchas cosas.

-¿Cuáles?

-Lo diría así: hay mucha gente que levanta la tesis del temor a la vuelta atrás en las reformas, y yo tengo la impresión de que las reformas que son buenas para la gente nunca vuelven atrás. No necesitan guardianes para protegerlas. En ese sentido, la gratuidad hasta el punto que está, nadie va a echarla atrás, el aborto en tres causales tampoco. Sea quien sea el ministro de la Mujer.

-La ministra está en contra.

-Si me atengo a los datos de Harald Beyer, el 70% de los votantes por la derecha era favorable al aborto en tres causales. No creo que eso vuelva atrás. Ahora bien, yo aspiraría a que se corrigiera la reforma tributaria, que barrió con el principal fundamento de la inversión privada.

-¿El FUT?

-Claro. No creo que el FUT mismo vuelva, pero esperaría que haya un tipo de estímulo a la inversión. Y segundo: que se simplifique, y se ordene, porque hoy día es caótico, y lo caótico para las grandes empresas es más fácil de resolver que para las chicas.

-¿Fue un error eliminar el FUT?

-Se hizo sin meditarlo. Yo habría corregido algunas fallas que tenía y que permitían abusos. Pero tener un estímulo, en el sentido de que las utilidades no retiradas que van a inversión tengan un tratamiento distinto que las de consumo, es razonable. Tan razonable es que yo creo que la eliminación del FUT ha hecho que la gente con plata viva mejor que antes. Porque al final gasta lo que antes invertía.

-¿Es razonable bajar el impuesto a las empresas?

-No, porque hay que mantener la recaudación. Uno de los problemas de arrastre que tenemos es un déficit fiscal extremadamente alto. Cuidar la disciplina fiscal es un tema muy decisivo y miraría con mucho cuidado cualquier rebaja tributaria que se hiciera. Todo lo que es crecimiento, generación de empleo, va a depender de lo que el sector privado pueda hacer. Porque el Estado tiene poco margen para hacerlo.

-¿Qué oportunidades cree que se abren para un gobierno de Chile Vamos?

-Piñera ha anunciado una política social muy potente, dándole un rango político que no tenía al Ministerio de Desarrollo Social. Esa es una apuesta interesante. Aparte de eso, tiene un enorme espacio para hacer muchas cosas. Porque la política del gobierno de Bachelet finalmente, fue súper reducida: se enfocó en la gratuidad universitaria. Pero no se preocupó ni de lo que ocurría con la educación técnica profesional, ni de la calidad de le educación superior, ni menos de la preescolar, básica y media. Para qué decir en otros ámbitos, que no estuvieron dentro de las políticas públicas, por ejemplo, salud, delincuencia, Araucanía. Piñera tiene la iniciativa.

-Es decir, la derecha puede volver a ganar el 2021.

-La verdad es que si pierden es porque son muy malos. Con una izquierda en crisis, con todos los espacios que hay, si lo hacen mal, no tienen perdón de Dios, como diría mi abuelita.

No virar a la izquierda

-¿Cómo evalúa el gabinete? ¿Es una victoria del sector más duro?

-Si pensara según lo que le conviene a la izquierda, ojalá hubiera un giro hacia la derecha dura. Eso es lo que le permitiría al mundo socialdemócrata recuperar al centro. Lo más peligroso para la futura oposición es que Piñera gire al centro. Si quieren una derecha que gobierne más de un período, tienen que lanzarse a la captura del centro y no de la extrema derecha, que no tiene mucha opción que votar por lo que diga Chile Vamos.

-¿Ve a Piñera en esa postura?

-Todo indica que él está haciendo la apuesta de ganarle al mundo de izquierda la alianza con el centro. Y si lo hace así, está apuntando a lo que es la clave del debate político del país en los próximos años. Qué pasa con el centro, y con una ciudadanía que se ha demostrado notablemente moderada en sus opciones. Si ha habido alguien que frenó las reformas más radicales fue la clase media emergente. El alza tributaria en octubre del 2014 era rechazado por la mayoría de la gente. ¡Primera vez que veo algo así! Que se opongan los empresarios es normal, pero que haya tenido un rechazo tan grande es insólito, menos si era una reforma que supuestamente la pagaba el 1 por ciento más rico. Al final eso no era cierto, porque incluía impuestos regresivos, desde el punto de vista social, como el de los alcoholes, al diésel, a la vivienda, etc.

-¿Hay alguna nominación ministerial que lo haya sorprendido o le parezca desafortunada?

-Ponerse a calificar mal a los ministros antes de que asumen, es demostración de mucha debilidad. Afortunadamente, eso está cambiando: si miro las declaraciones de Gabriel Boric, al principio armó un escándalo con Gerardo Varela, pero ahora ha estado bastante más cauteloso en sus juicios. Cosa que habla bien de Boric.

Creo que es un gabinete de bastante peso. Puede ser un prejuicio mío, pero tengo la impresión de que como ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno tiene más peso que Barraza. Converso con mis amigos médicos, que son de centroizquierda, y me dicen que Santelices es un tipo que sabe de verdad. A los del equipo económico los conozco y sé que son profesionales muy serios.

Lo que uno debe esperar es que ojalá a los gobiernos les vaya bien. Y que los que están en oposición se preparen para mejorar como opción y no para que el otro lo haga peor. Ese es el desafío de la izquierda.

-En general, entonces, ¿diría que este primer gabinete de Piñera es más potente que el primero de Bachelet?

-Económicamente, no tengo la menor la duda de que es mucho más potente que el gabinete de Arenas. Y viendo su acción anterior, presumo que Chadwick es un ministro del Interior más preparado que lo que demostró ser Peñailillo.

-Ahora que se acaba el gobierno, ¿cómo lo califica?

-En general, no lo hizo bien. La verdad que si dijera lo contrario, me estaría contradiciendo con lo que he dicho los últimos cuatro años.

-¿Muy malo o mediocre?

-Sabes, lo que pasa es que ese juicio tiene un defecto: que se transforma en titular (risas).

-¿Sería un error que el PS se intente acercar al FA?

-Si yo fuera Piñera, estaría haciéndole mandas a la Virgen de Lourdes para que el PS se alíe con el Frente Amplio. Mientras más de izquierda se ponga la futura oposición, más espacios tiene el gobierno de Chile Vamos para crecer hacia el centro. Creo que no es una buena idea. La buena idea es ver cómo reconstituir una alianza con el centro y cómo entrar a disputarle el centro a la derecha.

-¿Le ve futuro al FA como opción de mayoría?

-El Frente Amplio goza de su juventud, goza del rechazo, goza del glamour, y goza de no tener que tomar posiciones concretas sobre nada. No basta con decir no más AFP, educación gratuita para todos, eso suena bien, pero ahora va a tener que discutir proyectos de ley específicos. Ha tenido un ingreso al escenario muy potente, pero le espera una cantidad de desafíos bien complejos. Si no logra hacerlo bien, mucho de ese glamour lo va a perder. En el Parlamento se va a jugar su capacidad de ser alternativa.

-¿El FA puede convocar a los grupos medios?

-Esa clase media emergente está empoderada, no porque sale a la calle, sino porque defiende lo que le interesa, que es más crecimiento, más empleo, educación barata o gratis, pero de calidad, y seguridad frente a los peligros de volver atrás. Y el mayor peligro es perder el empleo, y eso tiene que ver con el crecimiento. El FA puede haber tenido mucho mérito, pero si no tiene una respuesta adecuada a ese tipo de cosas, va a perder.

-La tesis de Carlos Peña.

-Es una tendencia internacional. Según el Banco Mundial, entre el año 95 y el año 2015, 1.800 millones de personas pasaron a tener un ingreso per cápita anual sobre 5 mil dólares. Eso significa que pudieron empezar a comer. Cuando eso ocurre, cambia la preocupación dominante y pasa a ser la desigualdad. Porque para la extrema pobreza la desigualdad no existe. O sea, la educación: ¿qué le importa si nunca ha pensado que sus hijos van a llegar a la educación ni siquiera la primaria, menos la universitaria? ¿Qué le importa que las tarjetas tengan tasas de interés muy alta, si nunca van a tenerla? La desigualdad es algo inherente a la irrupción de una clase emergente en el mundo. Pasa en Asia, en América Latina, y sus demandas son: no volver atrás y seguir abriéndose espacio. El gran reclamo no es un cambio de modelo, sino que ganar más oportunidades dentro de ese modelo, gracias al cual logró superar la pobreza. Ese es otro gran error de diagnóstico que ha habido en el gobierno, y lo está pagando caro.