• 18 marzo, 2008

El concertacionismo se siente hostilizado por los grandes diarios, pero lo cierto es que cree poco en la prensa. Por Héctor Soto

No obstante haber sido siempre mayoría ciudadana desde el regreso a la democracia en adelante, en los últimos quince añosno hay vocero del oficialismo que no haya majadereado con el tema de la terrible orfandad mediática de los gobiernos de la Concertación. El problema, según ellos, es muy grave porque, junto con dejar a los gobiernos sin diarios en los cuales confiar, consagra una estructura de propiedad en la prensa que simplemente no refl eja la diversidad de la sociedad chilena.

Para la Secretaría General de Gobierno, la identificación de las dos grandes cadenas de diarios con la agenda de la derecha es un dato duro, un hecho irrevocable de la causa, y esto explicaría, entre otras cosas, la maldita costumbre de los principales diarios del país de titular con sesgos políticos muy intencionados y de responder a una pauta informativa que invariablemente le daría con el mocho del hacha al gobierno.

Como este planteamiento mezcla peras con manzanas, hechos con percepciones y verdades con mentiras, es sano situar el tema con alguna perspectiva.

-Efectivamente la estructura de propiedad de la prensa en nuestro país no da cuenta en toda su amplitud de la diversidad de la sociedad chilena. El modelo del mercado de las radios, donde hay tantas emisoras como perfiles de audiencia, en realidad es mucho más variado. No cabe la menor duda de que sería bueno que existieran más medios escritos. También sería positivo para el país y la industria que estos medios –los que existen y los que pudieran aparecer– se conectaran con sus públicos a través de mejores índices de circulación y de lectura.

-La pura sensibilidad política de los dueños de los principales diarios no constituye prueba suficiente de que no tengan objetividad al momento de informar. Nada en esta materia es tan simple, tan literal ni tan monolítico. Así como es muy raro encontrar un diario cuya línea editorial contraríe frontal y sistemáticamente las convicciones de sus propietarios, así también son extraños los casos en que éstos puedan sentirse interpretados a cabalidad por cada página, cada columna o cada fotografía de su publicación. Ni tanto ni tan poco. Cuando se han ganado nichos importantes de mercado, los diarios en verdad están obligados a interpretar a públicos muy distintos y, como lo sabe cualquier estudiante de periodismo, las audiencias están ejerciendo un control cada día más evidente, imponiendo contenidos incluso a pesar de lo que preferirían sus dueños o editores. No sólo eso: la evidencia muestra que el mercado suele castigar con severidad a la prensa demasiado ideologizada. El peor momento de los diarios ocurre cuando sus lectores descubren que les están pasando gatos por liebres.

-Cuesta entender que la Concertación, luego de haber elegido a cuatro gobiernos sucesivos, todavía no haya sido capaz de expresarse en un diario receptivo a sus causas, percepciones y prioridades. La Epoca murió de inanición a comienzos de los 90 y hace dos o tres años, el Diario Siete nunca logró consolidarse como medio alternativo, duró poco. El problema no es de mala suerte o de crueldad del mercado, como algunos creen. El problema real es que la coalición ofi cialista cree poco en la sociedad y mucho en el Estado. El concertacionismo es mucho mejor inventando superintendencias o reparticiones burocráticas que generando empresas o fundando medios de comunicación. A la Concertación le da para crear centros de estudios donde se escriben papers con subsidios internacionales, pero no diarios o revistas que sean capaces de autosustentarse. Si una décima parte del talento que la Concertación ha invertido en retener, e incluso en apoderarse del Estado, lo hubiera invertido en sondear oportunidades en el ámbito de la prensa, de la buena prensa, no cabe duda que el actual panorama de los medios de comunicación en Chile sería distinto y los voceros no tendrían necesidad de andar gimoteando cada vez que los entrevistan.

-Hay aquí para el oficialismo –qué duda puede caber– un tema de opciones. Dicho en simple, la prensa escrita estuvo en el imaginario concertacionista cuando era oposición pero dejó de estarlo cuando fue gobierno. Total, igual gana las elecciones. El discurso público ofi cialista es que los diarios, que tanto amargan el día a los voceros de gobierno, son muy importantes. Pero en la práctica no importan demasiado porque los lee una minoría y pueden ser totalmente neutralizados con una buena cuña presidencial o ministerial en los noticiarios de la televisión. Por eso, no nos saquemos la suerte entregitanos: hoy se gobierna desde y para la tele. Es legítimo hacerlo. Lo que no es tan legítimo es pasárselo chistando.