La última novela de Philip Roth recrea una rebelión juvenil en 1951, cuando Estados Unidos comienza a resquebrajarse, presa de la ira.

  • 27 mayo, 2009


La última novela de Philip Roth recrea una rebelión juvenil en 1951, cuando Estados Unidos comienza a resquebrajarse, presa de la ira.

 

La última novela de Philip Roth recrea una rebelión juvenil en 1951, cuando Estados Unidos comienza a resquebrajarse, presa de la ira. Por Marcelo Soto.

Aparte de escribir como si se tratara de un informe forense, uno de los peores desaciertos que puede cometer el reseñador de un libro es revelar algún giro sorpresivo y clave de la historia, impidiendo que el lector lo descubra -y lo disfrute- por sí mismo. Indignación, la última novela de Philip Roth, contiene un aspecto crucial del relato que recién aparece en la página 49, pero contarlo sería como contar con quién se queda la chica de Casablanca al final de la película.

El libro de Roth transcurre en 1951, mientras Estados Unidos se embarca por segundo año en la guerra de Corea, y el protagonista y narrador es un estudiante llamado Marcus, hijo de un carnicero judío de Newark, quien se inscribe en una universidad de Ohio como una manera de huir del agobiante entorno familiar.

El padre de Marcus vive imaginando desgracias y se vuelve tan aprensivo respecto al futuro de su único heredero que provoca, sin saberlo, una reacción de sucesos funestos. Igual que las ondas de una piedra lanzada al lago, el hecho más nimio puede originar una catástrofe.

La novela se arma en torno a esta idea: nuestras vidas pueden cambiar debido a situaciones azarosas que no controlamos. Es un viejo tema en los libros de Roth, una visión que le sirve al autor para meterse tanto en la historia de EEUU como en las vidas americanas comunes y corrientes.

Marcus, pese a la rebeldía que lo lleva a alejarse del hogar, es tan paranoico como su padre y en términos sociales, si bien se aplica en los estudios, carece de inteligencia. Se pelea por minucias con sus compañeros de cuarto, a quienes observa como bichos raros; y cae presa de las dudas y las sospechas cuando una guapa chica a la que conoce no sólo no rechaza sus avances amorosos sino que, por el contrario, los anima. En vez de alegrarse, se indigna.

El iracundo muchacho es citado a la rectoría y explota a la menor provocación. Hay algo heroico y al mismo tiempo absurdo en su actitud. Roth, quien viene de vuelta de todo, parece decirnos que las revueltas de su generación, por muy legítimas que fuesen, tenían un componente ridículo.

Indignación. Philip Roth. Mondadori, 165 páginas. Barcelona, 2009

La novela recrea el despertar sexual y político de una juventud que aún no sale del cascarón. Que ambos aspectos estén unidos no deja de ser sintomático de lo que vendría después. En la siguiente década, Vietnam y el amor libre marcarían el momento en que los hijos americanos finalmente levantaron anclas para dejar el pasado y de una forma simbólica matar a sus padres.

“Podéis ser todo lo estúpidos que queráis”, les dice el indignado presidente de la universidad a unos chicos revoltosos que se metieron en los dormitorios femeninos y dejaron la tendalada. “Incluso podéis dar todas las señales, como hicísteis aquí el viernes en la noche, de querer ser apasionadamente estúpidos, pero al final os atrapará la historia. Porque la historia no es el telón de fondo… ¡la historia es el escenario! ¡Y vosotros estáis en el escenario!”

Indignación es una novela breve, pero su fuerza se parece a una bomba de racimo, cuya mortífera lluvia de municiones se sigue sintiendo mucho después de leerla. Escrita de la forma brillante en que Roth acostumbra a hacerlo –como si no costara nada-, está colmada de resonancias que van y vienen, del pasado hacia el presente y de hoy hacia el futuro, como olas en una poza de agua turbia. De más está decir que el espectáculo, aparte de hipnótico, resulta desolador.