Por Juan Venegas Con la edición de los discos Brothers (2010) y El camino (2012), The Black Keys dejaron de pertenecer al limitado ámbito de la música alternativa para convertirse en una marca capaz de vender millones de discos y llenar grandes arenas en todo el mundo. En dichos álbumes, el dúo formado por Dan […]

  • 30 mayo, 2014

Por Juan Venegas

black-keys

Con la edición de los discos Brothers (2010) y El camino (2012), The Black Keys dejaron de pertenecer al limitado ámbito de la música alternativa para convertirse en una marca capaz de vender millones de discos y llenar grandes arenas en todo el mundo. En dichos álbumes, el dúo formado por Dan Auerbach y Patrick Carney, demostró tener una enorme capacidad para producir sencillos de gran éxito como Tighten up, Gold On the Ceiling y Lonely Boy. Por ello, cuando en 2013 el grupo volvió a los estudios para grabar su octavo disco, la idea de repetir la fórmula surgió como la ruta más lógica.

Sin embargo, desde el comienzo de las sesiones de grabación, Carney y Auerbach se dieron cuenta de que la producción de canciones con “gancho” no sería la tónica esta vez. Tras varios intentos, sin dar con un sonido y un estilo en particular, el grupo encontró por fin el concepto que estaba buscando en la composición de Weight of Love, un tema épico de siete minutos.

Terminada esa canción, The Black Keys y el productor Danger Mouse, quien trabaja con la banda desde Attack and Release (2008), se avocaron a la elaboración de un álbum con una esencia más psicodélica, y que fuera capaz de mezclar géneros tan dispares como el euro disco y el rock clásico norteamericano.

La mano creativa de Danger Mouse es evidente en Turn Blue. Más que un simple productor, se ha convertido en el tercer integrante de la banda. De hecho, aparece como coautor de todas las canciones de la placa, y desde su labor como tecladista, ha sabido darle un toque de modernidad a una banda conocida por su tradicionalismo. Gracias al aporte de Danger, The Black Keys deja de ser el grupo purista de rock de garage, para convertirse en una banda con una mayor flexibilidad musical, con un abanico sonoro más extenso y sin ningún tipo de limitación de géneros.

Turn Blue es un disco marcado por la diversidad, tanto así que en una misma canción podemos escuchar elementos prestados de Tame Impala, MGMT, Pink Floyd o John Lennon, sin que se pierda coherencia. A la vez, cada surco está repleto de detalles y sutilezas; el dolor y la melancolía de las letras contrastan con los festivos coros femeninos, los teclados ochenteros y las sarcásticas referencias al heavy metal y el hip hop.

Si El camino fue directo e impetuoso, Turn Blue destaca por su  refinación y sus innumerables texturas. Es el primer álbum en el que The Black Keys se sienten libres de explotar todos los recursos que tienen a su disposición. Sin traicionar sus propias raíces, los chicos de Ohio son capaces de producir una música que suena nueva, actual y vibrante.

El trabajo de estudio es otro elemento importante a la hora de definir el sonido. La mezcla es más espaciosa que en los discos anteriores, y el uso de múltiples capas vocales, especialmente en los coros, crea una dimensión sonora emparentada con la psicodelia soft.

Fuera de los elementos nuevos que incorpora, del aporte más activo del productor Danger Mouse y el uso de artificios digitales, The Black Keys sigue siendo, en esencia, la sencilla y perfecta sociedad formada por la guitarra de Auerbach y la enfática batería de Carney.

Aun si Turn Blue no repite el éxito mundial de El camino, es un trabajo que prueba que The Black Keys, además de saber lidiar con la fama, no ha olvidado su crecimiento como grupo. Es un disco sereno y convincente, que seguramente ganará nuevos fanáticos para la banda y dejará satisfechos a los conversos. Hay que seguirlos. •••