• 24 junio, 2009


La segunda vuelta se presenta aún complicada para la Concertación. Es cierto que la pregunta por esa instancia muestra una competencia cerrada. Pero la primera mostrará una distancia entre 9 y 5 puntos
en favor del candidato de la Alianza.


Partamos por destacar la atención concitada por el CEP ante su última encuesta. Su efecto sobre las expectativas de la elite y sobre la credibilidad de las candidaturas sería evidente. Los medios transmitieron en vivo y online la conferencia en que Carolina Segovia leyó los resultados, lámina por lámina: que el pesimismo sobre el curso de la economía está en baja, que lo peor de la crisis (en la mente de las personas) parece haber pasado, que la presidenta está en 67 puntos de aprobación y los referentes políticos mejoran… De fondo: las candidaturas presidenciales. El efecto de la hora y media de exposición llegó a ser comparado con el de la elección municipal de 2004 por un presidente de partido concertacionista, claramente afectado por la etapa eufórica del carácter maníaco-depresivo de los chilenos.

La expresión de la competitividad del candidato concertacionista amenaza, entonces, con transformarse en el AH1N1 de la política. A menos que leamos, paso a paso, el dato primordial, que es la intención de voto.

En la última entrega del CEP registramos dos datos históricos. Peligroso decirlo así, porque parece cliché. Pero esto de que Sebastián Piñera sea un líder de centro derecha y lidere la carrera, manteniéndose por 5 años y enfrentando un gobierno con alta popularidad y, además, dadivoso, es un fenómeno que merece ser explicado. Adelantemos aquí que la Concertación ya no muestra su amplitud. El desmembramiento ha afectado a su poder electoral y la cantidad de información sobre corrupción en el aparato público genera la convicción de que su ciclo debe terminar.

Trabalenguas: el segundo hecho histórico consiste en la lectura inversa del primero. Resolvamos esto: Frei representa una coalición que, aún después de 20 años en el poder, es competitiva. Ergo, no hay carreras ganadas ni fatalidades. El espacio está abierto y el dato más relevante de la encuesta CEP consiste en que el swing voter alcanza una magnitud entre 12% y 15%, todavía alto como para predecir triunfos y derrotas.

Husmeando en publicaciones recientes, encuentro que, hasta mayo, existía consenso en que Marco Enríquez-Ominami (MEO) debía ser evaluado por su capacidad de alcanzar el 10% en esta CEP. Pero las encuestas telefónicas previas aumentaron las expectativas. Mostraban al díscolo empinado en el 20%. CEP le pegó un martillazo. En pregunta de primera vuelta con urna –donde el entrevistado contesta en secreto, lo más parecido a la realidad– alcanzó un 13%. En cambio, en la pregunta en que se leen las opciones cara a cara, MEO alcanza un 9%. Es posible especular que sí, efectivamente, el niño terrible alcanzó el umbral fijado en abril, pero defraudó a quienes se dejaron llevar por las encuestas de mayo. En buena medida, quedamos en las mismas.

Y quedamos parecido cuando vemos la segunda vuelta. En la realidad, ésta ocurre un mes después de la primera. Por lo tanto, está determinada por el resultado de aquélla. Las personas se informan y tienen la oportunidad de debatir y dejarse influir durante ese mes. En cambio, en la encuesta se produce una declaración simultánea. En primera vuelta, CEP mostró a Sebastián Piñera con 37%, Frei con 30% y MEO con 13%. Los candidatos chicos alcanzaron escasamente el 3%. Si llevamos estos resultados al 100%, es decir, si consideramos los votos válidamente emitidos, el resultado de la primera vuelta sería 45% para Piñera, 36% para Eduardo Frei y 16% para MEO.

También podemos especular con qué pasaría en una primera vuelta sin MEO. Esto, porque sabemos que un 28% de quienes dijeron que votarían por MEO en segunda vuelta votaría por Piñera. Asimismo, un 44% lo haría por Frei. Dado ese cálculo, el resultado de primera vuelta, sin MEO, sería 41% contra 36%.

En conclusión, la segunda vuelta se presenta aún complicada para la Concertación. Es cierto que la pregunta por esa instancia muestra una competencia cerrada. Pero la primera mostrará una distancia entre 9 y 5 puntos en favor del candidato de la Alianza. La diferencia es alta, toda vez que los candidatos alternativos (Arrate, Navarro y Zaldívar) suman 3% y, aunque toda su votación se asignara a Frei, siguen sin pasar a Piñera en intención de voto.

A mi juicio, la hipótesis de triunfo en Sebastián Piñera sigue vigente. Asimismo, la viabilidad de Frei se mantiene determinada por la oferta de continuidad. Por último, la relevancia, la magnitud y la estabilidad de MEO siguen pendientes. Por lo tanto, las cosas están muy parecidas a como estaban antes. Lo que sí es distinto es que las campañas territoriales comenzaron. La industria de la opinión pública vence el apego que los partidos tienen hacia las normas que rigen las elecciones. Las campañas están desplegadas y no será hasta septiembre u octubre que la principal encuesta del país pueda ya predecir qué efecto ha tenido el despliegue gubernamental hacia la intención de voto sobre los candidatos que, efectivamente, se inscriban para competir en diciembre.