La llegada del nuevo presidente a la Casa Blanca significa el regreso de unas de las más clásicas tradiciones de la política norteamericana: los cocktails. En serio.

  • 5 marzo, 2009

 

La llegada del nuevo presidente a la Casa Blanca significa el regreso de unas de las más clásicas tradiciones de la política norteamericana: los cocktails. En serio. Por Federico Willoughby.

Una de las primeras medidas que tomó Barack Obama como flamante nuevo anfitrión de la Casa Blanca fue extenderles tanto a los líderes republicanos como a los demócratas una invitación a una “cocktail party” en su residencia. No sólo fue otro gesto del presidente a favor del bipartidismo sino que significó el regreso del alcohol a la alta escena de Washington D.C. Hay que recordar que George W.Bush -producto de su historia personal- erradicó cualquier tipo de destilados del protocolo, lo que significó que durante 8 años no sólo no se descorchó ninguna botella en su presencia, sino que se terminó con una antigua tradición de la elite norteamericana: aquella que decía que la discusión política no terminaba en los pasillos del Congreso sino que continuaba en los happy hours del Capitolio. No estamos hablando de bacanales, sino más bien de encuentros que promovían la relajación, las risas, la conversación, además del destrabe de alguna importante ley o el consenso necesario para avanzar en materias difíciles.

Por ejemplo, Harry Truman era conocido por su afición al bourbon. Siendo vicepresidente, estaba con el entonces líder del Senado tomándose uno de sus tragos favoritos cuando le avisaron que su jefe, el presidente Franklin Delano Roosevelt, había muerto. Roosevelt había ganado la elección con la promesa de terminar con la ley seca, cosa que hizo para reactivar una deprimida economía y también para no cometer un crimen cada vez que en el Salón Oval mezclaba sus cocteles predilectos: el Martini y el Old Fashioned.

En el caso de Kennedy, si bien no era un tipo de excesos etílicos, son recordados los encuentros sociales que organizaba. Políticos, algunos periodistas y cierta socialité eran invitados a tomarse unas copas a la Casa Blanca y así avanzar sobre asuntos como los derechos civiles o la guerra contra la pobreza.

El único ejemplo documentado de un presidente norteamericano pasado de copas es Richard Nixon. Al republicano le gustaba tomar y más de una vez se excedió en el consumo. Sucedió en 1973, en plena crisis de la guerra árabe-israelí. Registros desclasificados muestran un llamado, con carácter de urgente, que el entonces primer ministro de Inglaterra hizo al presidente americano que tuvo que ser interceptado por Kissinger, ya que el mandatario simplemente no estaba en condiciones. La película de Ron Howard Frost/Nixon aporta otras evidencias de este mal llevado hábito.

Y sobre Obama, la verdad es que se trata de un gran deportista; está intentando dejar el cigarrillo y, aparte de un par de copas de vino, no es mucho lo que toma. Pero igual pone la casa.

 

 

Los favoritos de la Casa Blanca
BOURBON CON HIELO
El whisky americano es el favorito de los políticos de EEUU. No por nada el Congreso lo declaró como el trago nacional de se país. Su preparación es simple: un vaso largo, una generosa cantidad del licor y mucho hielo.

MARTINI SECO
80 cc de gin 3 gotas de vermouth Una aceituna verde Hielo Poner el gin y el vermouth en un vaso largo con hielo. Revolver (no agitar) rápidamente y colar de inmediato a una copa de martini helada. Decorar con una aceituna verde.

OLD FASHIONED

50 cc whisky 1 cucharada de amargo de Angostura 2 cucharadas de azúcar Agua mineral con gas Cáscara de limón En un vaso, colocar dos cucharadas de azúcar y unas gotas de Angostura. Agregar un poco de agua mineral procurando disolver el azúcar. Termine con hielo, whisky y por último la cáscara de limón.