El 15 de octubre comienza el XVII Congreso quinquenal del Partido Comunista de China, ocasión en que los líderes del partido determinan su política en general para los años siguientes y se realizan designaciones claves dentro del partido. El Congreso de este año no será tan importante como el de 2002, principalmente porque se espera […]

  • 5 octubre, 2007

El 15 de octubre comienza el XVII Congreso quinquenal del Partido Comunista de China, ocasión en que los líderes del partido determinan su política en general para los años siguientes y se realizan designaciones claves dentro del partido. El Congreso de este año no será tan importante como el de 2002, principalmente porque se espera que el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao sigan en el cargo hasta el congreso de 2012.

Sin embargo, Hu y Wen usarán el congreso para consolidar su poder y fortalecer las políticas que reflejen sus prioridades políticas. Hasta ahora, Hu no ha tenido mucho poder para seguir su propia agenda porque el poderoso politburó de nueve miembros, el cuerpo central del PCC, está compuesto principalmente por aliados de su antecesor, Jiang Zemin. Por lo tanto, su prioridad será incorporar a sus partidarios a este comité.

Una de las principales metas del PCC en el congreso será promover lo que llama “desarrollo científico”, concepto que implica mover a China más allá de su dependencia de recursos naturales y mano de obra barata, permitiendo que el país surja como economía industrial avanzada que depende de la educación y tecnologías de información para su crecimiento futuro.

El cambio de énfasis refleja la preocupación entre la dirigencia en cuanto a que el actual modelo de desarrollo, basado en la manufactura barata, ha sido dañino para el medioambiente y es insostenible en el largo plazo. Refleja también el deseo de reducir la dependencia de China de tecnología importada.

La prioridad de largo plazo para Hu y el PCC en su conjunto, es mantener la estabilidad social y política, a fin de sostener al partido en el poder. Las reformas políticas que se anuncien probablemente apuntarán a reducir las tensiones en la sociedad y el partido, mejorando la transparencia de la toma de decisiones y reduciendo la corrupción.