Ese día, hace 200 años, se inauguraba el primer Congreso Nacional en momentos de gran tensión debido a la disputa entre fuerzas demócratas y monárquicas, y luego entre los poderes de Santiago y de Concepción. Así, desde el principio, la historia del órgano legislativo estaría marcada por la irrupción de las armas y las controversias entre centralismo y provincia. Por Alejandro San Francisco.

 

  • 1 julio, 2011

Ese día, hace 200 años, se inauguraba el primer Congreso Nacional en momentos de gran tensión debido a la disputa entre fuerzas demócratas y monárquicas, y luego entre los poderes de Santiago y de Concepción. Así, desde el principio, la historia del órgano legislativo estaría marcada por la irrupción de las armas y las controversias entre centralismo y provincia. Por Alejandro San Francisco.

El 18 de septiembre de 1810 se formó la primera Junta de Gobierno de Chile, y su objetivo central era preservar el poder al rey español Fernando VII, cautivo a manos de Napoleón. Sin embargo, la dinámica propia de la política y de los movimientos sociales permitió que progresivamente el país marchara por un camino diferente, cuando se optó por la creación de nuevas instituciones, la declaración de derechos y libertades, el surgimiento de la prensa y un lenguaje político que marcaba un punto de inflexión en la historia nacional.

Quizá por eso Simon Collier lo denomina “el cambio más cataclísmico” que ha experimentado el país en toda su trayectoria. Efectivamente, 1810 marcó el comienzo de dos grandes transformaciones políticas: el camino a la independencia nacional y el paso de la monarquía a la república.

Un año fundacional

La jornada del Cabildo Abierto de 1810 fue un acto de fidelidad al monarca hispano, como enfatiza con claridad Jaime Eyzaguirre. Sin embargo, una adecuada comprensión del proceso exige considerar lo que hubo de “tradición y reforma”, como ha explicado adecuadamente Sergio Villalobos.

El ritmo de los procesos históricos no sigue el curso que preparan los primeros actores, sino que tienen una dinámica propia, llena de logros y dificultades. Al poco tiempo, la continuestro 4 de julio nuidad del 18 de septiembre mudó hacia la creación de nuevos símbolos, instituciones, libertades y personajes que marcaron un cambio radical en la historia de Chile.

Al respecto, 1811 fue decisivo. Ese fue el año, por ejemplo, de la libertad de vientres, la libertad de comercio y la libertad de imprenta, que permitirían a comienzos de 1812 el surgimiento de La Aurora de Chile, el primer periódico nacional. Asimismo Juan Egaña presentó su proyecto de Constitución para Chile, que más tarde se traduciría en texto fundamental del país (aunque de corta duración). Ese fue también el año de la irrupción de los militares en política y de los enfrentamientos entre Concepción y Santiago. Año decisivo, el año del primer Congreso Nacional.

Elecciones con sangre

Las elecciones para la asamblea legislativa se fijaron para el 1 de abril de 1811, pero enfrentaron problemas en el camino. Chile no tenía experiencia política democrática y además los comicios se pospusieron debido al motín militar encabezado por el coronel realista Tomás de Figueroa, contrario al curso que seguían los acontecimientos.

Figueroa se sublevó dirigiendo alrededor de 250 hombres que gritaban ¡viva el Rey! Todos ellos procuraban terminar la Junta gubernativa y retrotraer de esa manera la situación política del país. El resultado fue negativo para los amotinados, que recibieron la represalia de más de 500 hombres que enfrentaron con armas a Figueroa y sus seguidores; éstos desertaron ante lo que parecía una derrota segura. Las autoridades criollas actuaron con decisión y un rigor extremo: como resumió Juan Martínez de Rozas, correspondía ejercer castigos duros y claros.

En consecuencia, Figueroa recibió condena “a la pena ordinaria de muerte, pasándole por las armas dentro de la misma prisión en que se halla”. Esa represalia no logró evitar la sensación de inquietud que recorrió la capital del Reino. Esto se sumó al fortalecimiento del liderazgo de Martínez de Rozas, representante del esfuerzo de Concepción por evitar el excesivo centralismo de las decisiones y de la política chilena.

Finalmente la elección, aunque con algunos problemas, se llevó a cabo el 6 de mayo. Chile había elegido a su primer cuerpo parlamentario y se preparaba para la gran inauguración de la asamblea. La ocasión escogida fue el 4 de julio, fecha simbólica de la independencia estadounidense.

El momento decisivo

En la ocasión, Camilo Henríquez pronunció un importante sermón, en el que aseguró que el Congreso Nacional tenía el derecho –basado en los principios de la religión católica– para formar su propia Constitución. Incluso ante el eventual regreso de Fernando VII o de su sucesor, el fraile de la Buena Muerte se atrevía a esbozar la nueva condición de Chile: “convencido de los grandes males que hemos sufrido en el antiguo gobierno, nos conservará la prerrogativa de elegir nuestros magistrados y funcionarios públicos. Conociendo que pertenece a nosotros mismos nuestra propia defensa, la confiará a nuestros conciudadanos”.

Juan Martínez de Rozas, por su parte –gran orador en esa ocasión– destacó la importancia de la calidad moral y patriótica de los nuevos representantes: “pueblos, meditad bien los que elegís, y que sean tales que no necesiten de la inviolabilidad. Magistrados, procurad ser tales que la posteridad os bendiga; aspirad a que las naciones os citen más bien como honrados que como sabios; abrazad con celo los negocios más espinosos, seguidlos con asiduidad y constancia, conducidlos a su fin sin salir de vuestra tranquilidad; haced el bien y limitad vuestras miras a la dulce satisfacción de haber obrado bien; inmolaos generosamente a vuestra patria y ocultadle con destreza los servicios que le hacéis”.

Mientras tanto, Juan Antonio Ovalle argumentó lo siguiente: “hemos jurado solemnemente, en la forma más religiosa y más auténtica, la profesión de nuestra santa fe católica, la debida obediencia a nuestro monarca legítimo y la defensa de la patria y sus derechos”. Sin embargo, el contenido de sus palabras y el contexto en que las pronunciaba eran el anticipo de una nueva historia, que dejaba atrás los siglos de monarquía, para comenzar a avanzar hacia la república de Chile, en la cual el Congreso Nacional estaba llamado a desempeñar un papel relevante e histórico.

Golpe de Estado

El Congreso tuvo una labor fructífera, aunque llena de complejidades y algunas mutaciones importantes.

El problema se produjo por la irrupción del factor militar en la política chilena, por los cambios institucionales basados en la fuerza de las armas. El 4 de septiembre de 1811 José Miguel Carrera encabezó un primer golpe que, en palabras de Alfredo Jocelyn-Holt, “dinamizó la actividad reformista del Congreso”, al crear la provincia de Coquimbo, establecer el servicio militar obligatorio y permitir la fundación de cementerios, además de la libertad de vientres, preanuncio de la futura libertad de los esclavos, entre otras normas.

Una de las consecuencias de la intervención fue la consolidación de Santiago y la expulsión de los diputados mayoritarios y que ostentaban más poder hasta entonces, los penquistas. Como enfatiza Armando Cartes en el libro Concepción contra Chile, esto tuvo una consecuencia notable: la formación de una Junta Provincial en el sur. El juramento respectivo es todavía más ilustrativo de la situación: “¿Juráis defender esta provincia de Concepción y sus derechos contra sus enemigos interiores y exteriores, y para esto, conservar la mayor unión?”

Los deseos de establecer un temprano federalismo en Chile no fueron exitosos, y pudo más el centralismo absorbente de la capital y de sus instituciones. La situación quedaba parcialmente reflejada en los desacuerdos entre Carrera y Rozas. El primero no estaba contento con el Congreso, donde veía la dominación de “la facción, la intriga, el engrandecimiento personal, la apatía”, como precisó en su Diario preanunciando el fin de la institución.

El 2 de diciembre fue el día escogido, y nuevamente las bayonetas se impusieron al órgano colegiado que, meses antes, había simbolizado el comienzo del régimen representativo en Chile. “Queda suspendido el congreso hasta avisar a las provincias del reino. No necesita ser un cuerpo permanente”, establecía lacónicamente el documento respectivo.

En las décadas y siglos siguientes, el Congreso Nacional viviría momentos similares en distintas ocasiones. Adoptaría distintas características en el tiempo: Congreso unicameral o bicameral, sólo de hombres o con participación femenina, íntegramente civil o con presencia castrense, claramente elitista o de una composición social más amplia. Tendría momentos de gloria y otros de mayor desprestigio, escucharía oradores notables o sería silenciado.

En cualquier caso, la historia comenzó ese 4 de julio de 1811, cuando Chile comenzaba a definir su destino republicano, en medio de las zozobras, divisiones y esperanzas futuras.

Para leer
Cristian Guerrero Lira. El Primer Congreso Nacional de Chile (1811) y sus documentos fundamentales. (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2011), 328 páginas. El presente libro se concentra en el proceso de gestación e inauguración del primer cuerpo legislativo nacional. El estudio preliminar de Guerrero es una notable contribución a la comprensión de un momento decisivo en la vida del país. La obra incluye más de doscientos documentos sobre el tema.
Alfredo Jocelyn-Holt. La Indepe ndencia de Chile. Tradicion, modernizacion y mito. (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario/Escuela Militar, 2010), 379 páginas. Es una de las investigaciones más originales sobre el tema en los últimos años, con una buena pluma y reflexiones estimulantes. El libro analiza la modernidad y el liberalismo a la luz del proceso de Independencia, enfatizando, entre otros temas, el atractivo republicano del periodo y sus manifestaciones.
Simon Collier. Ideas y politica de la Indepe ndencia chilena 1810-1833 (Santiago, Editorial Andrés Bello, 1977), 382 páginas. El libro clásico del historiador británico es, todavía, el principal trabajo de análisis del ideario político del proceso de formación de la república. Con abundante documentación, Collier estudia la “ideología revolucionaria”, incluyendo las ideas y las actitudes, además de los ensayos políticos de O’Higgins, Juan Egaña, Infante y Mora.
Armando Cartes. Concepcion contra Chile. Consensos y tensiones regionales en la Patria Vieja (1808-1814) (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2010), 259 páginas. Se trata de uno de los trabajos más atractivos surgidos en el último tiempo sobre el proceso de Independencia. El autor, bajo una forma de interpretación regional, estudia la confrontación entre Santiago y Concepción en los años definitivos de la separación con España y de los intentos por un gobierno libre y propio.