Norma Calluqueo, 54. Asesora de aseo; Benjamín Paillavín, 15. Alumno del Colegio Jorge Alessandri; Manuel Manríquez, 49. Emprendedor; Francisco Álvarez, 54. Vigilante de empresa de seguridad

  • 24 octubre, 2019

Son las 12:30 de la tarde del lunes 21 de octubre. Cerca de 15 personas entran al Lider de Renca, entre Miraflores y La Rambla, con bolsas y cajas: se llevan lo poco que les dejó un violento fin de semana de manifestaciones y saqueos extendidos por el país. El recinto está repleto de basura y escombros. Los recolectores de reciclaje buscan utensilios reutilizables.

Aún hay humo en la zona norte de Santiago: hace pocas horas el local vecino, Kayser, la fábrica de ropa, ardió tras ser saqueada, dejando cinco personas muertas.

-¿Compró lo que hay en esas cajas?

Norma Calluqueo, mientras carga un carro con productos, explica: “Esto no es un robo. Vimos que todos venían a buscar algo, y también vinimos. Nos estamos llevando shampoos, artículos de aseo, cosas que se botan, que están rotas. No lo veo como un robo porque, aunque no los pagué, son cosas que se van a perder y uno las va a utilizar.

Ver todo esto quemado es terrible. Y ahora vinimos a ver si había algo que se podía salvar. Hace 20 años trabajo como asesora de aseo. Recibo el sueldo mínimo. Pensiones no tengo, pero sí impongo”.

Su hijo, Benjamín Paillavín, explica: “Está bien que haya pasado esto. Desde que subió la tarifa del metro, aquí explotó todo. La rabia viene de antes. Me da pena ver el metro, aunque no uso locomoción colectiva. Mi papá me lleva en auto al colegio”.

-¿Llevar cosas sin pagar no es robar?

Manuel Manríquez, otro vecino, se incorpora a la conversación: “Vine a sacar cosas porque le pregunté a un señor que trabaja acá si podíamos hacerlo y me dijo que sí, que sacáramos todo lo que queríamos porque todo esto se va a la basura. Ya no tiene validez para el supermercado. En todo caso, ya no queda nada comestible. Todo eso se lo llevaron durante el saqueo.

Yo no necesito vender estas cosas que estoy llevando. Son para mí. No es que tenga una buena situación. Soy como todos los chilenos: estoy endeudado a cinco años y gano para vivir. Trabajo dos días a la semana en el aeropuerto abasteciendo con combustible a los aviones. Por eso, gano 800 mil pesos. Además, tengo una pyme de transportes, razón por la que estoy endeudado hasta 2025 por un crédito de 21 millones de pesos que pedí para pagar tres camionetas. Tengo un poco más de educación superior y gano bien, cerca de tres millones mensuales. Pero 2.700.000 se me van: tengo tres trabajadores, a los que les pago 500 mil pesos mensuales, y una de mis dos hijas estudia Nutrición en la UDLA. En la práctica, me quedo con 300 mil, a lo que le sumo los otros 800. Esa es mi vida.

Pese a ello, y aunque tengo necesidades, no logro asimilar por qué alguien quiere llevarse un plasma, un celular, una impresora durante un saqueo. Vi una Chevrolet Luv con capota café que pasó 17 veces en la noche llevándose cosas. Eso es hurto. Se están aprovechando de lo que está pasando.

El día del saqueo vi todo. Vi a un grupo de jóvenes de 16-20 años hablando en su jerga: ‘Reventemos aquí’. Ahí, llegaron otras personas en una camioneta blanca y les dijo: ‘Cabros, yo les traigo herramientas’. Y ahí entraron. Esta explosión fue algo que se venía prendiendo de a poco. Pero aquí no nos escuchan. Cuando empezó el incendio, llamé a la comisaría. Y no salió nadie. A las 11 abrieron. Yo estaba paseando a mi perro, la Gorda”.

Francisco Álvarez, se suma: “Lo que pasa es que aquí trabajaron dos grupos. Uno encargado de abrir el supermercado, de robar, y el otro que quería quemar. Así como pasó en Kayser. Es triste porque este lugar es decente. Es bonito. No como Tucapel, a cuadras de aquí. De allá vinieron a provocar los daños. Sigo sorprendido. Creí que sería una protesta. Pero no. La gente reventó. Muchas veces, cuando se hicieron huelgas, como con los pingüinos, todo fue con cartelitos, casi tranquilos. Y esta es una forma distinta para expresar la molestia. La mayor injusticia está en la salud. Es ahí donde más nos duele. Tendría que haber más mano firme para esto. Cuando incendiaron Kayser, les rogamos a los militares que no se fueran. Se fueron y ahí incendiaron el Lider”.

Manríquez retoma: “Llevo 35 años trabajando con contrato. Impongo. Estuve seis meses con licencia, y solo me pagaron dos. Fui al Compin, al Care. No estaba pidiendo limosna, estaba pidiendo mi dinero. Esa es mi rabia. Es hacia los políticos. No contra el gobierno. Aunque tuviera la oportunidad, no le pediría explicaciones a Piñera. Me gustaría hablar con los senadores. Porque ellos se oponen al gobierno, puro pelean, y no dejan que avance con sus medidas que nos benefician. Por eso, mi rabia no es hacia los empresarios. Ellos nos dan trabajo. Y tampoco me da rabia que a personas les vaya mejor a mí”.

Senador Felipe Harboe: “Hemos fracasado”

Al otro lado de la vereda, Felipe Harboe (PPD) pide disculpas. «Aquellos que creemos en un Estado, hemos fracasado», dice.  «Algunos llevamos varios años promoviendo que los ciudadanos tengan algunas garantías básicas en educación, salud, vivienda, en derechos laborales. No hemos podido conseguirlo. Creo que uno de los principales topes que hemos tenido han sido los ministros de Hacienda, pero asumo que nuestro rol es tratar de materializar nuestra visión. Fracasamos en eso». Lee la nota aquí.