El pasado 15 de abril vimos arder la catedral francesa, emblema patrimonial del periodo gótico. La aguja de Notre Dame se derrumbaba y casi al mismo tiempo se abría la discusión sobre la reconstrucción que vendría. Algunos expertos apuestan por trabajar en una réplica exacta de la original, mientras otros consideran que un nuevo diseño […]

  • 26 abril, 2019

El pasado 15 de abril vimos arder la catedral francesa, emblema patrimonial del periodo gótico. La aguja de Notre Dame se derrumbaba y casi al mismo tiempo se abría la discusión sobre la reconstrucción que vendría. Algunos expertos apuestan por trabajar en una réplica exacta de la original, mientras otros consideran que un nuevo diseño podría redefinir simbólicamente la iglesia tras el incendio. Las cenizas todavía seguían encendidas, cuando un grupo de millonarios franceses salieron a comprometer generosas donaciones para la reconstrucción de Notre Dame, tras el llamado del presidente Emmanuel Macron a realizar un esfuerzo como nación para recuperar un edificio tan representativo de la ciudad de la luz. Se levantaron más de mil millones de dólares en pocas horas, suma astronómica que para algunos representa un nacionalismo que al mismo tiempo no se ocupa del bienestar de los más desamparados. Incluso voces de la oposición y de la sociedad civil han catalogado de oportunismo las cuantiosas donaciones de empresarios, acusando que buscan blanquear su imagen corporativa. En medio de estas polémicas, el gran beneficiado indirecto tras el incendio parece ser Macron, quien subió su popularidad a 32%, recuperando los tres puntos que había perdido desde el inicio de la crisis de los chalecos amarillos. El mandatario francés ha fijado el ambicioso objetivo de reconstruir Notre Dame en cinco años, justo a tiempo para los Juegos Olímpicos de París de 2024. Un apuro innecesario, apuntan sus detractores.