Aunque exhibe algunos de los tics que lo han hecho popular, Un hombre en la oscuridad es una de las mejores novelas de Paul Auster en mucho tiempo.

  • 5 septiembre, 2008

 

Aunque exhibe algunos de los tics que lo han hecho popular, Un hombre en la oscuridad es una de las mejores novelas de Paul Auster en mucho tiempo. Por Marcelo Soto.

Pocas cosas son más sospechosas y efímeras que las modas literarias. Autores que un día son los nuevos Tolstoi,al siguiente se revelan como fuegos de artificio. Algo parecido sucedió con Paul Auster, que con relatos como Trilogía de Nueva York y El país de las últimas cosas, entre otros, deslumbró a lectores y críticos del planeta, para luego publicar una serie de libros tan olvidables como repetitivos. Peor aún, su estilo generó una horda de imitadores en diferentes lenguas. La última novela del escritor de Nueva Jersey, fanático del béisbol y de las historias de azar, se llama Un hombre en la oscuridad y es una de las mejores que ha escrito en mucho tiempo. Aunque se trata de un relato de poco más de 200 páginas, en realidad parece una carrera de fondo, de largo aliento, que comienza en forma errática para ganar intensidad hacia el final, sencillamente conmovedor.

El protagonista, August Brill, es un destacado crítico literario, ganador del Pulitzer, quien pasa una temporada de convalecencia en la casa de su hija, Myriam, luego de sufrir un accidente al poco tiempo de la muerte de Sonia, su adorada esposa, quien fuera una famosa cantante docta. Todo es gris y triste y solitario. Para empeorar las cosas, también lo acompaña Katya, su nieta, cuyo novio acaba de ser brutalmente asesinado en Irak.

El escenario es un tanto recargado y Brill, que tiene más de 70 años y sabe que sus cartas ya se jugaron, imagina historias en la noche para combatir el insomnio. De ese modo, relata la travesía de Owen Brick, que un buen día aparece en un hoyo, desde donde lo rescata un soldado, quien a su vez le da una misión: debe asesinar al responsable  de que EEUU viva una guerra civil.

En este mundo paralelo, la nación norteamericana se ha dividido luego de la controvertida primera elección de Bush, y Owen no entiende nada. Como un relato de Kafka, se suceden los absurdos, pero finalmente se entiende el truco –que el lector adivinará con bastante anticipación, una vuelta de tuerca típica en los relatos de Auster y que no aporta gran cosa.

Si la parte de Owen es lo menos interesante de Un hombre en la oscuridad, lo más memorable de la novela es la historia de Brill: su increíble aventura de amor con Sonia, las películas que ve junto a su nieta sumida en la depresión (en este punto, son interesantes los comentarios cinéfilos de cintas de Ozu, Renoir, Ray y De Sica), los errores del pasado que regresan… Sin llegar a la profundidad de Philip Roth, Auster pinta el retrato de la vejez de una manera vívida y emocionante.

Esta es una novela de múltiples lecturas y la más obvia es la política, con un desenlace que pone los pelos de punta al retratar el lado más sangriento de la guerra con un detallismo al borde de la pornografía. Aunque imperfecta, Un hombre en la oscuridad conduce al lector por caminos extraños, donde la memoria y la imaginación se cruzan con la pesadilla y el miedo, para dar escena otra vez a la eterna lucha entre la creación y la muerte. Un combate sin tregua.