Estuvimos en una intensa y larga degustación en Santa Rita y comprobamos dos cosas: que sus nuevos tintos procedentes de Pumanque tienen un gran potencial y que Casa Real Reserva Especial Cabernet Sauvignon casi no tiene rivales en su rango.

  • 19 julio, 2012

Estuvimos en una intensa y larga degustación en Santa Rita y comprobamos dos cosas: que sus nuevos tintos procedentes de Pumanque tienen un gran potencial y que Casa Real Reserva Especial Cabernet Sauvignon casi no tiene rivales en su rango. POR marcelo soto

Fue una jornada larga, intensa, llena de hallazgos. Partimos al mediodía y terminamos bastante agotados a las 11 de la noche. No digo que no haya habido espacio para el ocio –de hecho, jugamos una partida de pool- pero fue mayormente un día de trabajo y hasta de discusión. Fuimos hasta los viñedos de Santa Rita, donde está la casa que alguna vez habitó Vicente Huidobro y que hoy da cabida a un exclusivo hotel. Allí, también, está el impecable Museo Andino, hay una cafetería y un restaurante, todo de primer nivel.

La idea era probar algunas novedades costeras de la viña, en especial lo que está elaborando en Pumanque (Colchagua), y en Leyda y Limarí. También quisimos volver a revisitar a un clásico como Casa Real Reserva Especial Cabernet Sauvignon y echarlo a jugar en una cata a ciegas con otros cabernet de clase mundial. Como se ve, el panorama prometía ser imperdible y así fue.

Luego de un magnífico almuerzo en el hotel Casa Real -antigua casa patronal de don Domingo Fernández Concha, restaurada y convertida en lujosa estancia con 16 habitaciones desde 1996-, comenzamos la degustación de los vinos costeros. Habría que hacer un paréntesis: la cocina estuvo a cargo del chef Sebastián Cuesta, del restaurante Costa Luna de Pichilemu. Hay que seguirle la pista, porque demostró gran talento y conocimiento.

De los vinos costeros, los que más sorprendieron favorablemente fueron los tintos de Pumanque, sobre todo los cabernet franc, syrah y merlot, que destacaron por su rica acidez y frescor. También probamos buenos sauvignon blanc, chardonnay y pinot noir de Leyda, y un syrah de Limarí. La calidad de todos los exponentes hace pensar en la idea –que no sería nada mala- de lanzar una línea costera, como confiesa el enólogo Andrés Ilabaca.

Más tarde fue el turno de Casa Real Reserva Especial Cabernet Sauvignon. Cecilia Torres, enóloga de este icono chileno de Alto Jahuel, había planeado realizar una vertical, pero para hacerlo más interesante decidimos armar una cata a ciegas, en que los Casa Real compitieran con algunos grandes cabernet sauvignon de fama mundial.

El carácter de Casa Real resultó inconfundible. Hicimos cuatro series, de las añadas 2009, 2008, 2007 y 2002. No era la idea, pero en tres de las cuatro líneas acerté en adivinar cuál era la botella chilena. Ese tono balsámico, la fruta roja, la elegancia y la jugosidad inmediatamente evidenciaban la procedencia.

Aunque el mejor vino de la noche fue un francés, el Grand Puy Lacoste 2009, Casa Real Santa Rita tuvo un desempeño espectacular: fue mi favorito en las series 2008, 2007 y 2002, y el segundo mejor en la 2009. Y eso que estaba compitiendo con vinos caros y renombrados, de Francia, Italia y Estados Unidos.

Llegaron la noche y una cena a cargo de Tomás Olivera. Todos estábamos muy entusiasmados por la degustación y la conversación fue tan sabrosa como los vinos. Pero esa es otra historia.