Los ejecutivos de los grandes bancos estadounidenses que sucumbieron a la crisis fi nanciera tuvieron su galardón la semana pasada, durante la entrega de los IgNobel, o nobel alternativos que entrega anualmente la revista Anales de investigación improbable, nada menos que en la Universidad de Harvard.

  • 7 octubre, 2010

Los ejecutivos de los grandes bancos estadounidenses que sucumbieron a la crisis fi nanciera tuvieron su galardón la semana pasada, durante la entrega de los IgNobel, o nobel alternativos que entrega anualmente la revista Anales de investigación improbable, nada menos que en la Universidad de Harvard.

Los ejecutivos de los grandes bancos estadounidenses que sucumbieron a la crisis fi nanciera tuvieron su galardón la semana pasada, durante la entrega de los IgNobel, o nobel alternativos que entrega anualmente la revista Anales de investigación improbable, nada menos que en la Universidad de Harvard.

Según explican los creadores de este premio, su objetivo es “honrar los logros que hacen que la gente primero se ría y luego piense”. Y con esa filosofía, fueron cinco premios Nobel de verdad –de los no alternativos- los que entregaron las distinciones en esta ceremonia en que, además los IgNobel cumplían 20 años: Sheldon Glashow (Nobel de Física 1979), Roy Glauber (Nobel de Física 2005), Frank Wilczek (Nobel de Física 2004), James Muller (Nobel de la Paz 1985) y William Lipscomb (Nobel de Química 1976).

En una ceremonia salpicada de bromas –y con aviones de papel volando en el Sanders Theater de Harvard- ni los bancos ni BP quedaron debajo del columpio: el premio de Economía se le entregó a los directores y ejecutivos de Goldman Sachs, AIG, Lehman Brothers, Bear Stearns, Merrill Lynch y Magnetar “por crear y promover nuevas formas de invertir dinero que maximizan las ganancias y minimizan los riesgos para la economía mundial, o al menos para parte de ella”.

El de Química, en tanto, se lo ganaron Eric Adams del MIT, Scott Socolofsky de la Universidad A&M de Texas, Stephen Masutani de la Universidad de Hawaii, y British Petroleum, “por demostrarnos que estábamos equivocados al creer que el agua y el petróleo no se mezclan”.