El cine gringo la agarró con Africa y, tal como van las cosas, todo hace pensar que no soltará fácilmente al sufrido continente negro. Expresiones de esta afromanía son títulos como El jardinero fiel (con Ralph Fiennes), Diamante de sangre (protagonizada por Leonardo DiCaprio) y El último rey de Escocia (con Forest Withaker). Se trata […]

  • 23 febrero, 2007

El cine gringo la agarró con Africa y, tal como van las cosas, todo hace pensar que no soltará fácilmente al sufrido continente negro. Expresiones de esta afromanía son títulos como El jardinero fiel (con Ralph Fiennes), Diamante de sangre (protagonizada por Leonardo DiCaprio) y El último rey de Escocia (con Forest Withaker). Se trata de películas estética y culturalmente irrelevantes, de engañosa sensibilidad tercermundista, pero concebidas dentro de una clara matriz racista en la medida en que los buenos, los puros, los altruistas, los salvadores, los que van a impartir lecciones de conciencia políticamente correcta son siempre –indefectiblemente– los blancos. Sin ellos, la negritude está perdida.

Córtenla. Con el sida, con políticos corruptos, con gobiernos que se quedaron pegados en las viejas fórmulas del estatismo, con pugnas tribales interminables, Africa ya tiene demasiado problemas encima como para imponerle, además, el castigo de la estupidez y el racismo de los gringos.