Después de 30 años de militancia en el PS, hace dos semanas, Óscar Guillermo Garretón se metió a la página web del Servel y se desafilió del partido. Más que colmarse por el escándalo de las redes del narcotráfico en el padrón de San Ramón, lo indignó la desidia de la dirigencia para afrontar este tema. Aquí aborda su visión del socialismo hoy, dice que “José Antonio Kast es lo mejor que le pudo pasar a la izquierda” y plantea que la lógica que debiera tener su sector “hoy solo la está teniendo la DC”.

-¿Se siente huérfano afuera del PS?

-Fíjate que no. Es un dolor, pero no me siento huérfano, porque después de la renuncia he conversado con más socialistas que antes, entre mis amigos preocupados, otros angustiados, y porque se creó una cosa que yo no esperaba. Yo creí que el documento en el que planteé mis preocupaciones sobre el futuro del socialismo, y que fue escrito mucho antes (29 de mayo), había quedado ahí nomás. Y cuando vino lo de San Ramón, yo pensé “me voy piolita del partido…”

Óscar Guillermo Garretón, ex subsecretario de Economía de Salvador Allende, uno de los diez hombres más buscados en dictadura y desde los 90 empresario, ingresó a la página web del Servel el 20 de junio y se desafilió del PS después de 30 años de militancia, sin dar aviso. Pensó que nadie se enteraría. Pero los datos del portal son públicos.

Tres días antes, T13 había dado a conocer una investigación que acusaba supuestos vínculos del padrón socialista de la comuna de San Ramón con el narcotráfico. Días más tarde, en su oficina, vistiendo camisa, chaqueta y, como siempre, pañuelo, asegura: “Lo que colmó mi paciencia no fue el tema mismo, porque tengo la impresión de que el interés del narcotráfico por infiltrar la política es un fenómeno que uno debe dar como un dato y no me extrañaría que conociéramos más noticias en ese sentido. Además, esto no es lo primero que yo recuerde. Me acuerdo, por ejemplo, de un caso súper calcado en Hualpén, Concepción, en el que su alcalde (PPD), que luego fue vicepresidente del partido, terminó preso por esto…”

-¿Entonces no encuentra grave lo que sucede en San Ramón?

-No le estoy bajando el perfil. Lo que digo es que hay y va a haber intentos de infiltración del narcotráfico en toda la política chilena. Es un tema del cual hay que preocuparse y que requiere un tratamiento súper enérgico y claro de los partidos, porque el peligro de que queden sentados en el banquillo de los acusados ante la opinión pública es muy alto. Yo me quedé con la impresión de que en vez de tener un tratamiento claro y tajante con el tema, de parte de la dirección del partido, más bien había habido tratativas, relaciones más tolerantes respecto a esta situación. Y eso me indignó. 

-¿Qué debió hacer Álvaro Elizalde?

-No le podría decir “estas son las cinco medidas” porque yo no soy el responsable de ello, pero el objetivo era demostrar que el PS no tiene nada que ver con esa situación, que era tajantemente claro en su rechazo. Pero en vez de enfrentar esa realidad, la tendencia es a negarla, decir “qué importa, total ganamos igual, con o sin San Ramón. El problema es que no quieren reconocer que ganamos”. Y siendo bien franco, a nadie le importaba un rábano quién había ganado en el PS, ¡ni siquiera a la lista que perdió! Es una cosa muy ajena para el grueso de la población del país. Pero no es ajeno para el país que pudo haber una concomitancia entre el narcotráfico y la política.

-Después de su renuncia, ¿lo llamaron del partido?

-No, están demasiado ocupados con esta cuestión, pero me han llamado muchos amigos, dirigentes, parlamentarios incluso, que viven con angustia también la crisis. Hay mucha gente honesta en el PS, como en todos los partidos, y que están igual de angustiados. Y bueno, ellos están muy interesados en la discusión política.

-La semana pasada renunció también el abogado Juan Pablo Mañalich al PS. ¿Cree que va a haber un éxodo masivo?

-No tengo idea. Tengo la impresión de que la crisis es muy profunda y la única manera de salir no tiene que ver con una posición política, sino más bien ética. Me da igual si la persona (que dirige el partido) es más de derecha o de izquierda dentro de las variantes que hay, lo que interesa es que haya alguien que desde el punto de vista de la imagen que proyecta sea una persona decente.

-Usted dijo como Maya Fernández…

-Yo creo que Maya tiene una virtud y es que no ha tenido responsabilidad. Y sí, tengo la impresión de que es muy decente, la conozco mucho además, era compañera de colegio de mi hija.

-¿Elizalde no es decente?

-Prefiero no personalizarlo…

La crisis del PS

Óscar Guillermo Garretón ocupa desde 2010 la misma oficina: un espacio de unos 45 m2 en el barrio El Golf desde donde administra sus negocios personales –en este momento está pronto a entrar a un start-up tecnológico del que no quiere entregar detalles– y desarrollar su labor como presidente de Fepasa y de vicepresidente de Puerto Ventanas, cuyas oficinas están a pocos pasos. En la pared cuelgan seis marcos de fotos: en las tres superiores está con el ex presidente Patricio Aylwin, cuando Garretón era presidente de Metro; abajo, con el gabinete de la UP en sus veintes, de piernas cruzadas y con una frondosa barba negra. Hay tres fotos más: con Ricardo Lagos; cortando una cinta con Eduardo Frei, y sentado junto a Michelle Bachelet en su primer gobierno.

En 2014 escribió por primera vez una carta criticando a su sector, donde planteaba que lo que estaba haciendo el gobierno de Bachelet iba a terminar mal. “La imagen es de ver que mi manada está corriendo hacia un acantilado, y no me dan ganas de correr con ellos, sino que advertirles del peligro. Esto con la lógica de querer dejar en claro que nadie me diga después que soy corresponsable de lo que está ocurriendo”, asegura.

El diagnóstico lo profundizó los años siguientes a través de columnas de opinión principalmente, hasta que a fines de mayo se le acercó un dirigente disidente del PS. “Hablaba en nombre de varios, y me dice que no ha habido ninguna discusión en el partido y me pide que redacte un documento sobre la crisis del socialismo”, cuenta.

El 29 de mayo entregó “Los viejos decálogos han muerto”, un texto de 14 páginas en el que plantea el fracaso de la izquierda y asegura que “debemos matar el orden establecido socialista, para construirle un futuro al socialismo”.

Tras hacerse pública su salida del PS, con el documento dando vueltas en los medios, “se produjo una mezcla que no era tal con mi renuncia, que no tuvo que ver con esto”, aclara. Y agrega: “Me abre mucha esperanza esto de la curiosidad que ha provocado el documento… Alguien me decía, ‘pero no vas a poder participar en la discusión del PS habiéndote ido’. Ahí hay un supuesto bien equivocado: y es que adentro del PS hay discusión. Este documento creo que ha provocado mucha más discusión que la que ha habido en mucho tiempo en el PS”.

-¿Qué futuro le ve al partido socialista? ¿Cree que va a morir?

-Tengo la impresión de que a la dirección política le complica que haya discusión, casi le molesta. Pero a las bases sí les interesa.

-Entonces usted está en la línea de Mahmud Aleuy, que dijo que el partido está pasando de ser irrelevante a insignificante…

-Aleuy es un dirigente importante en el PS. Negar la realidad es una mala cosa en momento de crisis. Si él, Marcelo Díaz, Fernando Atria, han actuado bien o mal, no es un tema. Incluso aunque a veces haya sido de manera súper agresiva, por lo menos no han caído en lo que es el problema más grave del PS, que es negar la realidad.

-¿Cuánta responsabilidad le atribuye a Elizalde de la situación política del PS?

-Voy a hacer una distinción, porque mi problema no es con personas: creo que hay una forma de hacer política, que no es solo en la izquierda, pero que ocurra en la derecha no me preocupa tanto… Yo formo parte de una generación que estamos de salida: vivimos la UP, el exilio, nos jugamos la vida por la vuelta a la democracia, yo entré clandestino, estuve entre los 10 más buscados. En esa época hicimos algo muy profundo. Nos dijimos: “Sabemos, y está en todos los textos, que el imperialismo es muy malo. Pero ¿por qué los malos ganaron entonces? ¿En qué nos equivocamos?”. Y entonces, con mucho desgarro, dentro y fuera de Chile comenzó una reflexión muy poco después del golpe, unos 15 años antes de la caída del Muro de Berlín, y es lo que se llamó después el proceso de renovación socialista, que puso en cuestión cosas súper potentes. Una de las más obvias es que con un tercio de los votos no se puede hacer cambios profundos, se necesita tener mayorías. Y terminamos en esa lógica unidos con un adversario de la UP, que es la DC, y llegamos a la lógica de la Concertación, que en cualquier estadística fue súper potente para el país.

-En el documento hace el mea culpa de que ustedes no fueron capaces de transmitir este orgullo por la Concertación, ni de los errores de la UP…

-Cometimos algunos pecados, que fueron básicamente no transmitir que esa renovación socialista era una revisión muy crítica de lo que habíamos hecho; que hubo que perder la democracia para entender bien su valor; y el rechazo a la vía armada como una cosa de pensamiento, porque ganan los armados, nunca los pueblos. Basta ver lo que pasa con el comandante sandinista de Nicaragua para entenderlo, para no dar otros ejemplos…

-Usted es crítico de lo que pasa con Maduro en Venezuela…

-Por supuesto, he escrito muchas columnas al respecto y me he agarrado con algunos amigos socialistas por lo mismo, no tanto por el tratamiento a Guaidó, que a todo esto es de la Internacional Socialista, no es un piñerista de derecha, pero la izquierda no ha entendido la magnitud del drama de Venezuela.

-Es también muy crítico del Frente Amplio. Ha planteado que prefería alianzas del PS más hacia el centro, con la DC…

-Soy crítico del FA porque veo en ellos la encarnación de muchos de los errores sobre los cuales tuvimos que hacer ese pensamiento desgarrador que te decía.

-¿Siente que el FA va a caer por su propio peso con el pasar de los años?

-Es que pueden ser biológicamente jóvenes, pero políticamente son bastante antiguos. Se inspiran en textos de historia que yo estudiaba a esa edad, ¡pero han pasado unos 50 años de ese tiempo! Cuando los ves leyendo a Marx y Engel, o Ernesto Laclau, o fascinados con Tomás Moulián, que fue el que me llevó a mí al Mapu, o con Marta Harnecker, que era de la Acción Católica en los tiempos que yo estaba en la universidad… Tengo la impresión de que ahí hay procesos en curso que tienen que de alguna manera decantarse.

¿Piñerista?

-La semana pasada fue el aniversario del natalicio de Salvador Allende. ¿Cómo lo recordó?

-¡Tienes toda la razón! Es a fines de junio, no me acordé. En general me cuesta recordar el cumpleaños de mis hijas y de mi pareja, para acordarme de otros aniversarios… Si ese es un símbolo de consecuencia socialista, estoy sospechando que ninguno es muy consecuente (ríe).

-¿Le dicen que se ha derechizado?

-Es que no me molesta que me lo digan. Porque en el fondo, yo repetidamente les replico yo soy de un tipo de socialismo que es distinto a aquellos que siempre admiraron los éxitos en la política como sospechas de traición y derechización. Esos se terminan identificando con los mártires y los muertos, y acaban diciendo que Lagos y Felipe González son neoliberales, que Cardoso no es de izquierda, son todos derechistas. Entonces, es la izquierda que anda con las fotos con un cartelito de Fidel Castro, de Maduro, de Ortega, de Lula y Dilma… Con eso yo no me identifico. Comparado con eso me pueden calificar de derechista. A mí me parece dudoso que ellos sean de izquierda.

-¿Se siente hoy más cercano a la DC que al PS chileno?

-No, pero tengo la impresión de que el fenómeno político más interesante en la etapa que se abrió después del cambio de gobierno fue la aparición de una DC dispuesta a ser oposición constructiva. Eso, que dicen que es la identidad de la DC, bueno, yo quiero decir que es la identidad concertacionista y en eso estuvo el PS mucho tiempo. Que ahora no esté, es problema del PS, no mío. No es porque sea la DC, sino porque la lógica que debiera tener la izquierda en este país solo la está teniendo la DC en este momento.

-Coincide entonces con Piñera cuando critica la actitud obstruccionista de un grupo de la oposición.

-Es que no es un argumento, es una realidad.

-Usted fue muy crítico de Bachelet 2, ¿cree que con Piñera el país está mejor?

-Desde el punto de vista económico, evidente que estamos mejor. La verdad es que el país ha crecido el doble del promedio de los años anteriores, incluso con este crecimiento menor que a todos preocupa. Eventualmente, las expectativas que se generaron fueron más altas que las que correspondía crear. Creo que cometieron un error al dar una gran centralidad a las reformas porque decidieron jugar de visita en el estadio local de su adversario. Y eso generó mucha frustración porque si no salen los proyectos termina habiendo una responsabilidad del gobierno. En cambio, hay cosas que no tenían que pasar por el Parlamento y que sí eran muy sentidas por la gente –porque las reformas son una cosa muy poco clara para la gente–, como que haya obras de infraestructura, que se generen empleos y esas cosas.

-Escuchándolo diría que está casi piñerista…

-Que a los gobiernos les vaya mal me cae muy mal. Por eso yo se los digo, sean de los míos o no.

-¿Va a volver a militar en algún partido?

-Es que si volviera a militar, lo único que podría ser es algo como fue el PS concertacionista.

El factor Lavín

-Las cinco figuras políticas mejor evaluadas en la encuesta CEP son Lavín, Bachelet, Ossandón, Cubillos y Jackson. ¿Qué le parecen los liderazgos?

-Creo que toda la política debería sentarse a sacar cuentas en qué se equivocó porque es evidente que dentro de la mitad con mejor nota hay tres del FA, dos de la NM y nueve de Chile Vamos. Y llama la atención el alza de Lavín y Ossandón, dos de los que han buscado aparecer más corridos a una posición más de centro popular que de derecha. Creo que JAK es lo mejor que le pudo suceder a la izquierda: que la derecha renuncie a disputar el centro y dejar ese espacio vacío para que se pueda constituir nuevamente una posición de centroizquierda. Ese centro lo dejó vacío la NM y es una tendencia que ha intentado buscar Piñera menos exitosamente y más exitosamente Lavín y Ossandón.

-¿Estaría dispuesto a votar por alguno de estos candidatos que están más hacia el centro?

-En este momento, no. Me costaría mucho votar por alguien de derecha. Pero lo de Lavín tiene un rasgo muy particular y es que su éxito en las encuestas tiene que ver con una obsesión por el cliente: lo primero que se pregunta Lavín, y es lo que se preguntan las empresas y que debería hacerlo la política, es qué quiere la sociedad.

-Pensar más en las clases medias…

-Por ejemplo. Estas medidas inmobiliarias de Las Condes me hicieron pensar que la gente lo que quiere son dos cosas: no retroceder y prosperar. Usaron la bandera de la igualdad para mejorar sus niveles de protección y fortalecer su prosperidad, pero si me fijo en la popularidad que le trae el construir viviendas populares en Las Condes, me deja la impresión de que mucha gente querría ser de los desiguales de arriba, más que iguales. Y eso lo leyó Lavín en la gente. Puede ser atroz esa conclusión, pero si yo me atengo a esos datos, es lo que en verdad quieren. Él ha logrado algo en captar, me guste o no, lo que la gente está pensando. No tiene por qué gustarme tampoco.

Faceta empresarial

-¿Le costó asumirse como empresario?

-Fue una cosa complicada al comienzo, pero te voy a decir una cuestión: mi parte final del exilio fue en Argentina y yo viví, o sobreviví, allá con una empresa de exportaciones que creé con otros chilenos amigos que vivían allá. Y me fascinaron dos cosas de esa experiencia: que en política uno necesita a veces mentirse para sobrevivir y en la empresa tú no te puedes mentir, porque si te fue bien o mal, a fin de mes vas a comer o no vas a comer. Y lo segundo es que en la política normalmente tienes que construir consensos permanentemente, y en la empresa tenías la posibilidad de crear, imaginar y más libertad para hacer lo que querías. No es que yo me encontrara con el tema de ser empresario con una cosa que me horrorizara. Vengo de una familia de empresarios. Pero ahí descubrí algo que la política normalmente no ve: la capacidad que tienen las empresas de hacer revoluciones sociales.

-Entre sus pares socialistas, ¿le dijeron alguna vez que era un traidor o un vendido?

-Puede que alguno lo haya pensado, pero no me lo dijeron. Y la verdad es que hasta ahora nunca dejé de militar, fui a la última votación y fue súper agradable. ¿Sabes por qué? Porque el PS en su tradición, por lo menos, tiene una virtud que no tenían ni el PC, ni el Mapu, ni el MIR: que es un partido más popular que ideológico, y como los pueblos son una cosa muy variada, donde hay buenos, malos, flacos, guatones, chascones, peludos, pelados, hediondos, y todo lo que tú quieras, tienen una gran tolerancia por la diversidad. Por decir mucho menos de lo que he dicho, en cualquier otro partido me hubieran echado altiro.