Son 8.200 millones de dólares, unos 4.600.000 millones de pesos (millones de millones), los que aspira a recaudar en régimen el alza tributaria que hoy discute el Senado. Con el aval del voto popular, en lo general, y con la responsabilidad del voto parlamentario, en lo singular, se subentiende que el país se está embarcando en un proyecto de inversión que está siendo bien evaluado.

Y claro, no es por gusto que la sociedad le transferirá al Estado esa ingente cantidad de recursos. Porque si fuera por gustitos, seguro que a los contribuyentes y ciudadanos que pagarán la cuenta con mayores impuestos y precios de bienes y servicios, se les ocurrirían infinidad de cuestiones más rentables o placenteras que hacer con esa plata.

Es por lo anterior que en Capital quisimos hacer el ejercicio de preguntar a exponentes de distintos ámbitos qué harían o cómo invertirían esa suma de dinero y el resultado es el que da forma al reportaje de portada de la presente edición.

Y si bien la forma de lograr esa cantidad es un tema de debate abierto, no quisimos adentrarnos en ese territorio, tanto porque es un ejercicio técnico donde ya hemos intentado hacer aportes como con la entrevista a Klaus Schmidt-Hebbel en la anterior edición, como porque hoy, a medida que se ha comenzado a detallar cómo se quiere gastar ese dinero, han crecido las voces que echan de menos una mayor claridad y racionalidad en el uso del dinero.

A la base de este ejercicio hay un hecho político evidente que suma y resta al capital del Gobierno. Suma, porque cada vez hay más voces que apoyan que un país como Chile puede plantearse proyectos y reformas estructurales que den forma a una sociedad mejor asentada. Y resta, porque en los mecanismos para lograrlo igualmente son cada vez más las voces que critican las formas, incluso a nivel de respetados técnicos y ex autoridades que ejercieron el poder durante 20 años de gobiernos de la Concertación.

Como sea, y entendiendo que ahora está en manos del sistema político resolver cómo se recauda la cifra mágica y cómo se gastará si es que se logra recaudar, no está de más tener a la vista lo que se puede hacer con ella, porque en una realidad de necesidades infinitas y recursos escasos, tener conciencia de las opciones es sano democráticamente. Y lo es porque quienes piden hoy pagar una cuenta, es justo que a la larga rindan cuentas. Y es justo que quienes pagan las cuentas, los ciudadanos y contribuyentes, exijan también una rendición de cuentas. Todo, claro, en la expectativa de que ojalá al final del día los números cuadren. •••