“Nosotros hicimos una promesa de un país más justo. La realidad es que somos un mejor país, pero claramente no somos más justos”, admite el ex ministro de Educación y de Hacienda de Michelle Bachelet. Aquí su mirada crítica respecto a lo que hizo y dejó de hacer la centroizquierda en el preámbulo de esta crisis social.

  • 12 marzo, 2020

Cuando el economista y ex ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, aceptó encabezar la cartera de Educación del segundo gobierno de Michelle Bachelet, seguramente lo hizo pensando en una de sus obsesiones intelectuales: cómo esta área puede contribuir a reducir la desigualdad.

Así que apenas terminó ese gobierno, Eyzaguirre volvió a su escritorio de investigador para profundizar su idea de la igualdad de oportunidades como un factor nuclear para que una sociedad pueda alcanzar el desarrollo.

El resultado es un libro de 456 páginas en el que, bajo el título Desigualdad, raíces históricas y perspectivas de una crisis, quien también fuera ministro de Ricardo Lagos reflexiona sobre un tema que ha marcado la conversación nacional luego del estallido social del 18 de octubre.

“Siento que mi deber es pensar profundo”, afirma.

-¿Es de los que cree que el país va a estar mejor o peor después de esta crisis?

-Todavía el juego está abierto, pero sí creo que esta crisis era inevitable. Los países que logran prevalecer son los que logran administrar coyunturas críticas. La fortaleza se prueba en estos procesos que tienen puntos de inflexión.

-¿Por qué era inevitable?

-Tendríamos que hablar largamente. La forma en cómo se estructuró esta sociedad –que fue por la dominación de unos sobre otros– hizo que fuéramos una sociedad escindida; unos trabajaban para otros. Eso ha ido cambiando poco a poco. El problema es que todavía las oportunidades para la mayoría son demasiado distintas a las que tiene la elite. Eso genera mucha rabia y frustración. Es imprescindible que las oportunidades sean parejas para todos. En Chile, tu cuna determina tus opciones.

-¿Y cómo llegamos hasta aquí? Convengamos que la centroizquierda gobernó varios períodos…

-Tenemos que entrar en profundidades para analizarlo. Durante los últimos 30 años tuvimos golpes de suerte que nos permitieron crecer muy rápido y eso tenía que ver con factores externos. ¿Qué pasó? Se alojó en la gente, y también en la elite, la idea de que esto era llegar y abrazarse, pero no era así. La historia muestra que los países que han logrado el desarrollo es porque hicieron un círculo virtuoso desde la equidad al crecimiento, y no al revés.

-El presidente Piñera dijo que se necesita crecer primero para después tener equidad. Usted dijo que eso era mentira. ¿De verdad no es cierto?

-El tema es cómo crecemos. Hace rato venimos diciendo que si no mejorábamos la educación y la innovación, el crecimiento corría peligro. Desde 1990, el país se vio beneficiado por olas internacionales que nos permitieron crecer con mucha fuerza. El ciclo del cobre nos ayudó. Pero nos creó la ilusión de que, sin hacer cambios de fondo, podíamos seguir caminando bien. Y hay momentos en que, si no te haces cargo de la equidad, la economía se va a desacelerar sí o sí.

-La Concertación puso el crecimiento casi por sobre la equidad, ¿ahí estuvo el problema?

-Diría que la pregunta aquí es por qué ha pasado esto. Porque, si no se entiende la causa, no vas a encontrar la solución. El relato que nos mantenía mínimamente cohesionados se cayó a pedazos.

-¿Pero cuándo empezó la caída?

-En el primer gobierno de Sebastián Piñera, las circunstancias económicas externas fueron extraordinarias. Cuando llegó la presidenta Bachelet, eso se había terminado. Todos los países exportadores de materias primas se fueron al suelo. Pero la derecha, que quería volver el poder, decía que esto era por la reformas de la presidenta. Una y otra vez, yo dije que no tenía nada que ver. ¿Y qué pasó? Que cuando las condiciones externas se normalizaron dejaron al descubierto nuestra precariedad. Eso es lo que le pasó a Piñera ahora.

-Muchos dicen que fue durante Bachelet 2 cuando se frenó el crecimiento…

-Eso no resiste análisis. Este espejismo de que habíamos clavado la rueda de la fortuna, que íbamos a crecer siempre y eso iba a permitir mayor equidad, terminó por revelarse como lo que era: un espejismo. Solo los países que lograron construir contratos sociales de igualdad de oportunidades se han desarrollado.

-Michelle Bachelet llegó a La Moneda con la promesa de la igualdad. ¿Por qué después la gente votó por la derecha?

-Porque la gente tenía el recuerdo de Piñera 1, donde las cosas habían estado bien. Luego, como la economía había andado lenta durante el período de la presidenta, la gente le creyó. Pero muy tempranamente nos dimos cuenta de que esos tiempos fantásticos habían terminado. La economía empezó a guatear. Entonces, la promesa de que no importa que seamos un poco desiguales, porque el crecimiento nos va a permitir estar mejor, se derrumbó. No era cierto que esta gente traía crecimiento.

Las reglas del juego

-Más allá de las cifras, ¿por qué se acumuló una desconexión entre la ciudadanía y la elite?

-Porque no hemos generado un contrato social a través de nuestra historia y que realmente surja desde la base social. Este es un país construido por la elite para gobernar al pueblo llano. Y eso no funciona. Los países desarrollados generaron su estructura social desde abajo hacia arriba y delimitaron sus reglas del juego.

-O sea, ¿hicieron una redistribución del poder?

-Por supuesto. Aquí ha habido una mirada oligárquica de la sociedad. Nosotros intentamos en repetidas ocasiones –incluso hicimos un proceso constituyente durante el gobierno de la presidenta– cambiar la Constitución, pero no fue posible. ¿Sabes por qué?

-¿Por qué?

-Porque la derecha no necesitaba cambiar la Constitución y porque, con la promesa de los tiempos mejores, la gente creía que la desigualdad y la política oligárquica eran para los textos de estudio, pero no les afectaba su vida cotidiana. Hoy se dan cuenta de que sí les afectaba.

-Y la centroizquierda, ¿qué rol ha jugado? También hay un castigo hacia ustedes…

-Por cierto. Nosotros hicimos una promesa de un país más justo. La realidad es que somos un mejor país, pero claramente no somos más justos. Y más encima, el país dejó de crecer.

-¿Eso explicaría la rabia de la ciudadanía? Porque esta crisis ha tenido emocionalidad.

-Como en la vida, todo se expresa en emociones. En su último libro Capital e Ideología, Picketty  dice que los países funcionan cuando tienen un relato con el que la gente se siente identificada. Entonces, cuando el éxito individual es realmente producto del mérito y del esfuerzo, hay un pegamento que los mantiene cohesionados. Cuando, por el contrario, la sociedad está estructurada en castas donde el esfuerzo individual y el mérito valen poco, lo que prevalece son tus redes, tu familia. Ahí llega un momento en que se hace intolerable para la gente.

-¿Y hasta antes del estallido, el relato que nos unía era solo el crecimiento?

-El relato que nos cohesionaba decía que era posible seguir creciendo y que eso disminuiría la desigualdad. A la derecha le convenía. Tiene garantizado que sus hijos van a tener 10 veces más probabilidades de que les vaya bien que a los hijos del resto de los chilenos. A ellos les viene como anillo al dedo.

-¿Y a la izquierda?

-Mi explicación es que tuvimos una excesiva dosis de prudencia producto del sufrimiento de los años de la dictadura y del riesgo de volver a caer en autoritarismos. Eso lo teníamos muy a flor de piel. El país estaba creciendo, la gente estaba viviendo un poco mejor. Y a veces uno elige no tener conflictos. Hasta que llega un momento en que te cobran la cuenta igual. Bueno, el país nos cobró la cuenta, porque eso no era sostenible. Se necesitaban cambios más profundos.

-¿Asume que el país los castiga por eso?

-Es verdad que lo anterior ya no daba. Hoy estamos con una centroizquierda deslegitimada porque no fue lo suficientemente clara de lo que había que cambiar. Pero se creció, el país se modernizó, superamos la pobreza. Hubo avances. El despertar social, aunque a la gente le moleste, es gracias al éxito de estos 30 años. La insurrección social se explica también cuando hay una pérdida del miedo y una capacidad de empoderarse. No olvidemos que a nosotros nos tocó cambiar una dictadura militar. 

-¿Les faltó fuerza en insistir o les faltó claridad?

-Te diría que la falta de profundidad en la redistribución de oportunidades y de ingresos nos cobró la cuenta. Y no solo porque es un tema de injusticia social. Chile no va a crecer si no igualamos las oportunidades. ¿Cómo lo han hecho Finlandia, Suecia? Con miles de jóvenes que, independientemente la situación de sus padres, saben que van a ser innovadores o empresarios. Pero aquí, ¿qué solución tiene el 70% de la gente y sus hijos? Ninguna.

La nueva generación

-En estos meses hemos visto un choque generacional. ¿Cómo lo ha vivido usted con sus hijos?

-Ellos son los más críticos del mundo de mi gestión, pero no voy a meter a mi familia en esto. Para mi generación, el trauma de la dictadura fue muy fuerte. Entonces, si nosotros visualizábamos que podíamos ir resolviendo gradualmente los temas de la equidad, de la pobreza, pero sin grandes conflictos, tomábamos esa opción. Porque, para cambiar las cosas realmente, tienes que meterte con conflictos pesados.

-¿A su generación lo condicionó el pasado?

-A ver, esos días que tuvimos toque de queda, los cabros ni pescaban. Los de mi generación salíamos arrancando porque a varios de nuestros amigos los mataron. Y no es un eufemismo. ¡Los mataron! Entonces, efectivamente la centroizquierda quedó bastante desvalorizada ante las generaciones jóvenes, creen que transamos.

-Eso dicen, exactamente.

-Pero había que estar ahí, pues… A mí me echaron para atrás varias leyes. Pero, claro, no fuimos capaces de demostrarle a la gente, y quizá convencernos nosotros mismos, de que bajo la armadura de la Constitución –que es el modelo– esto no iba a solucionarse. La desigualdad del acceso al poder político es brutal. Una minoría tiene capacidad de veto y te dice: “Esto sí y esto no”.

-¿Y cree que eso va a cambiar?

-Parto por dejar en claro que la solución del problema no pasa por una vuelta de tortilla o que esto se resuelve con que los actores sociales tomen el poder. Lo que necesitamos es una democracia más profunda, con una Constitución donde la gente decida y no una minoría.

-El punto es si, para los más jóvenes, eso resolverá realmente los problemas…

-Los jóvenes tienen menos miedo y, por otro lado, no tienen plena conciencia de que la concentración del poder –sea en la derecha o en la izquierda– es fatal.

-¿Y cómo evalúa el rol que ha jugado la izquierda en esta crisis? ¿Ha estado a la altura?

-Cuando vemos que el espejismo de la salida fácil –no conflictiva– se cae a pedazos y las protestas de la gente te vuelven a recordar que, más allá del crecimiento, las desigualdades y el abuso siguen campeando, claramente quedas en una posición incómoda. Quizá no lo dijimos con la suficiente claridad.

-Pero en el segundo gobierno de Bachelet fueron bien claros, ¿no?

-Sí, fuimos mucho más claros, y así nos fue. Con la presidenta Bachelet, hicimos un esfuerzo honesto por empezar a cambiar de verdad el contrato social. Pero el espejismo de que era posible desarrollarse sin cambiar el contrato social, y que Piñera propugnó diciendo que estábamos llevando el país a la ruina, convenció a la gente y lo apoyaron.

-O sea, su resumen es que aquí todos fallaron.

-Haciendo una síntesis, diría que la derecha se sentó en sus reales oligárquicos no viendo que este pueblo iba a despertar, y ahora se encuentran con los alienígenas. La centroizquierda fue complaciente con ese círculo virtuoso del crecimiento. Y la izquierda más radical o los grupos sociales, no veo que tengan un proyecto. ¿Cuál es su proyecto de democracia? ¿Asambleas populares? La democracia es una cuestión muy seria, muy compleja.

-¿Y cuál es, a su juicio, la salida?

-Cambiar la Constitución, desde luego. Si no lo haces, no vas a poder desarrollar la agenda social. Nuestra Constitución está escrita para que los derechos individuales de quienes los tienen –o sea, los ricos– prevalezcan sobre los derechos sociales. Sin cambio de Constitución, esto no funciona.