El autor de La vida doble revisa y resume el inmenso aporte literario de Nicanor Parra, reciente y merecidísimo ganador del Premio Cervantes, el más importante de la lengua española. Un homenaje de poeta a poeta.

  • 13 diciembre, 2011

 

El autor de La vida doble revisa y resume el inmenso aporte literario de Nicanor Parra, reciente y merecidísimo ganador del Premio Cervantes, el más importante de la lengua española. Un homenaje de poeta a poeta. Por Arturo Fontaine; fotos, gabriel pérez

l hijo de una familia con antiguas raíces campesinas, el aficionado a García Lorca y a Pablo Neruda llega a Oxford a estudiar Física. Vuelve aficionado a la poesía coloquial en lengua inglesa, vuelve en condiciones de resistirse al poder encantatorio de los ritmos y metáforas de Pablo Neruda y da con un tono propio e inconfundible. Su influencia en la poesía y en la narrativa posterior será inmensa. Con él cambia el concepto de poesía en la lengua castellana.

Pero todas las precauciones eran pocas
Puesto que por razones difíciles de precisar
Comenzaba a deslizarme automáticamente por una especie de plano inclinado,
Como un globo que se desinfla mi alma perdía altura,
El instinto de conservación dejaba de funcionar
Y privado de mis prejuicios más esenciales
Caía fatalmente en la trampa del teléfono
Que como un abismo atrae a los demás objetos que lo rodean.
Y con manos trémulas marcaba ese número maldito
Que aún suelo repetir automáticamente mientras duermo.
De incertidumbre y de miseria eran aquellos segundos
En que yo, como un esqueleto de pie delante de esa mesa del infierno…
(De La trampa)

El genial salto creativo de Parra es una suerte de parri-cidio que ilustra bien la teoría de la “ansiedad de la influencia” de Harold Bloom. A juicio de este teórico de la literatura, la necesidad de encontrar una voz propia surge vis-à-vis un grande ya establecido, una suerte de figura paterna de cuyo embrujo el joven escritor quiere defenderse y ante quien quiere plantarse de tú a tú.
Parra descubre la posibilidad de trabajar sus versos a partir de giros y frases hechas que se dan en el lenguaje hablado o que lo evocan, y darles una vuelta inesperada. El poema se transforma en el parlamento de un personaje, generalmente absurdo y cómico.

Ay! … si yo les contara todos mis sufrimientos
imaginen el nieto de un conde
pidiendo limosna en la vida pública:
¡es para poner los pelos de punta!
Además mi mujer se fue con otro
me dejó por un capitán de ejército
so pretexto de que soy paralítico
no negaré que soy paralítico…
(De Canción para correr el sombrero)

Incluso cuando el poema no está en boca de un personaje propiamente tal, lo está porque quien habla en el poema parriano siempre es un otro. El que escribe –o escribe y dibuja– lo está mirando con una semisonrisa si es que no está a punto de explotar de la risa. Otras veces el poema es narrativo:

La madre de un hombre está gravemente enferma
Parte en busca de un médico
Llora
En la calle ve a su mujer acompañada de otro hombre
Van tomados de la mano
Los sigue a corta distancia
De árbol en árbol
Llora…
(De Un hombre)

Sus artefactos son destellos, iluminaciones súbitas, en donde la imagen y la palabra al unirse causan la explosión.
El humor de Parra es siempre sorpresivo, inteligente y –lo que es más difícil– compasivo. A veces, como Chaplin, vacila entre el humor y la tristeza. Esto, tanto en su poesía como en la conversación. Quiero decir que su humor resulta ser un modo de dar con lo más humano de lo humano. De repente, así es como puede contarse una pena.
Su poesía viaja extraordinariamente bien al inglés. Gracias a las ediciones de City Lights y, luego, New Directions, tuvo un temprano reconocimiento en los Estados Unidos, ya a mediados de los años sesenta.
Un merecidísmo Premio Cervantes que celebra la valiente apuesta que es la poesía de Nicanor Parra, creador de un humor nuevo; vale decir, de una belleza nueva.

al tomar una hoja por una hoja
al tomar una rama por una rama
al confundir un bosque con un bosque
nos estamos comportando frívolamente
esta es la quinta-esencia de mi doctrina
felizmente ya comienzan a vislumbrarse
los contornos exactos de las cosas…
(De Prédicas y Sermones del Cristo de Elqui, XXVI)

 

 

La periodista de Capital Carla Sánchez daba sus primeros pasos en el reporteo cuando trabajaba en el programa Medianoche de TVN y recibió la misión de pillar a Nicanor Parra en la inauguración de una muestra en 2004 y sacarle alguna declaración. Pese a que el poeta es conocido por su rechazo a dar entrevistas, carla logró lo impensado: habló casi media hora con el autor de Soliloquio del individuo. Esta es una pequeña muestra de la conversación. Impagable. Por Carla Sánchez

 

Parra: Yo soy un anciano decrépito no más, y punto. Empezó la cuenta regresiva. Desde los 90 empieza la cuenta regresiva: cuatro, tres, dos, uno, cero… ¡goooo!

Carla: ¿Quiere que le traiga más? (Parra tiene una copa de vino semi vacía).

Parra: No, no, no. Hay que esperar el efecto.

Carla: Cuénteme, don Nicanor, ¿sigue escribiendo?

Parra: Sigo buscándole el cuesco a la breva. Fíjese que estoy trabajando ahora: entre otras cosas, hay varios frentes; estoy muy interesado en los chistes propiamente tales, por ejemplo, los chistes de don Otto. ¿Tu señora te sigue poniendo el gorro? le pregunta alguien a don Otto, y don Otto contesta: no, porque ya vendí el sofá… Parece que en los chistes de don Otto hay tanta o más sustancia que en la poesía de los grandes poetas chilenos.

Carla: ¿Qué significa la antipoesía?

“-¿Usted se siente un genio?
-Yo sé contestar esa pregunta, me la han hecho más de una vez. La respuesta es: yo me considero un hombre del montón. Alguien que pretendió hacer algo, de la nada”.

Parra: El antipoeta no es anti tradición, de ninguna manera, no. Lo que pasa ahí es que el discurso grecolatino, que es el discurso tradicional, suele pecar de pedantería y entonces el público se rebela contra esta pedantería… y opone a la pedantería otro vicio, que es la vulgaridad. Entonces el antipoema es una mezcla entre pedantería y vulgaridad.

Carla: ¿Usted se siente un genio?

Parra: Ahora vamos a las preguntas de periodistas (se ríe y en algún momento parece a punto de abortar la entrevista, pero luego continúa). Yo sé contestar esa pregunta, me la han hecho más de una vez. La respuesta es: yo me considero un hombre del montón. Alguien que pretendió hacer algo de la nada.

Carla: ¿Cree que puede pasar con usted lo mismo que pasó con Borges, que finalmente nunca le dieron el Nobel?

Parra: Bueno, hay dos listas. Los premiados y los despremiados. Yo no sé cuál es preferible.

Carla: ¿Por qué?

Parra: Bueno, hay que recordar no más, por ejemplo, que Rulfo no recibió el premio Nobel y tampoco Borges y tampoco Huidobro y tampoco Enrique Lihn.

Carla: Igual es un reconocimiento importante que a usted, como escritor, ¿le gustaría recibir o no?

Parra: Bueno, este… El premio Nobel no deshonra a nadie. Creo más en el Kino que en el Nobel. Se dice que este es un premio geopolítico; o sea, no es un premio estrictamente literario. El que no lo recibe puede guarecerse detrás de ese biombo.

Yo tengo escrito varios, varios… ¿cómo es que se llaman? ¿Esos textos breves que se ponen en las tumbas?

Carla: ¿Epitafio?

Parra: ¡Epitafio¡ Uno de los epitafios es el siguiente: Aquí descansan los restos de un candidato al premio Nobel de Literatura.

Carla: ¿Está esperándolo?

Parra: ¿Esperando qué?

Carla: Que se lo den.

Parra: No espero nada. En la medida en que uno no espera el premio Nobel, a lo mejor se lo dan. Pero el que efectivamente lo espera ya está desesperado, que se despida de él de una vez por todas. Eso me pasó con el premio Nacional de Literatura. Mientras yo lo busqué y lo perseguí, no me lo dieron y cuando renuncié a él me dijeron aquí está tu premio.

Carla: La última pregunta, ¿tiene polola o no tiene polola?

Parra: Esas preguntas yo las contesto sólo por escrito.