El domingo 10 de noviembre, el presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció su renuncia en medio de una profunda crisis desatada por denuncias de fraude electoral. Algunos inversionistas y exportadores chilenos que negocian con Bolivia se inquietaron, otros, sin embargo, ven con buenos ojos el exilio autoimpuesto del exmandatario.
Ilustración: Malmo Diseño

  • 28 noviembre, 2019

Fue en un almuerzo en el Palenque, clásica parrillada frecuentada por los empresarios industriales de la zona de Quilicura, en octubre de 2018. Dos días antes se había transmitido el fallo de La Haya, que determinaba que el gobierno de Chile no tenía la obligación de negociar con Bolivia una salida soberana al mar. Con esto, Evo perdía las esperanzas y la Cancillería chilena se ganaba un triunfo.

Sentados en una mesa se encontraba Tomás Buttazzoni, gerente general de Technosteel S.A, Safedrill y Polimet -empresas de diseño y fabricación de equipos y tecnología para la minería-, y ejecutivos de la operadora minera boliviana Asociación de Ingenios de Potosí. Lo que se discutía en la mesa no era precisamente lo que había pasado en la Corte Internacional de Justicia. El foco estaba en llegar a un acuerdo para la fabricación por parte de la chilena de un sistema de transporte de desechos de explotación de una mina de zinc en Potosí hacia una zona más lejana. La tensa relación entre los gobiernos de Sebastián Piñera y Evo Morales no afectó el acuerdo entre los empresarios. El proyecto de intervención en la mina le significó a la firma de Buttazzoni una inversión de 700 mil dólares, con un margen de ganancias del 20%.

Separar aguas

La relación comercial entre Chile y Bolivia se ha dado históricamente y de forma natural principalmente en el norte de Chile, plataforma logística para gran parte del comercio exterior boliviano. Según el Departamento de Estudios Subrei-ProChile, sobre la base de cifras del Banco Central, en los últimos quince años el intercambio comercial ha pasado de 516 a 1.248 millones de dólares al año en 2018. La balanza comercial ha favorecido permanentemente a Chile.

La relación comercial se profundizó a partir de abril de 1993, cuando empezó a regir el Acuerdo de Complementación Económica entre Chile y Bolivia, el que sentó las bases para que ambas economías se integraran y el intercambio comercial creciera.

A partir de ese momento, varias empresas emblemáticas chilenas aterrizaron en tierras bolivianas. Una de las pioneras fue Embonor en 1995, a través de su filial Embol. Hasta la fecha, la compañía es una de las más importantes del país y ha aumentado su participación de mercado en la industria de bebidas gaseosas de manera considerable. Tienen cuatro plantas embotelladoras, nueve centros de distribución y un volumen de ventas de 145,7 millones de cajas unitarias.

Lo mismo hizo hace veinticinco años laboratorio Durandin, el que ingresó al mercado boliviano como exportador de productos de cuidado personal y consumo masivo a través de su marca Simond’s. El negocio tuvo éxito, por lo que en 2015 hicieron lo mismo con Familand, marca orientada a lo biodegradable y al cuidado del medioambiente. “La versatilidad del mercado en cuanto a que la venta de los productos se da principalmente en el comercio tradicional, a través de ferias libres establecidas y en grandes supermercados, hace que sea un mercado muy competitivo para nosotros, ya que las políticas de márgenes de los retailers a veces son muy altas”, comenta Sergio Martin, Business Manager de Durandin.

CCU, por su parte, participa en el negocio de bebidas no alcohólicas y cervezas desde 2014, a través de BBO, sociedad que cuenta con dos plantas en la ciudad de Santa Cruz y 48.412 puntos de ventas en todo el país, según lo indica su memoria 2018. En bebidas no alcohólicas, está presente en el negocio de gaseosas con las marcas Mendocina, Free Cola, Sinalco y Malta Real y tiene participación en las categorías de aguas, jugos y cervezas, con las marcas Real, Capital y Cordillera.

La automotora Derco a través de IMCruz tiene una participación del 50% del sector automotor y ocho puntos de ventas, siendo este negocio el puntapié de la internacionalización de sus operaciones. 

Otras de las grandes que plantaron bandera en Bolivia son SK Rental en 2015, a través de la unidad de venta de equipos usados, y Latam Bolivia.

Para Lorena Sánchez, directora comercial chilena de ProChile, “el mercado boliviano es súper relevante para las pymes chilenas, especialmente para las del norte del país”. Hasta el año 2019 había 1.062 empresas nacionales que exportaban a Bolivia, de las cuales 327 son pymes. Y añade que “resulta importante destacar que el empresariado boliviano tiene una mirada positiva, de confianza y seriedad respecto del chileno”.

Tomás Buttazzoni coincide en que el doing bussiness con Bolivia es fluido, aunque carece en algunos aspectos de cierta profesionalización, como no tener los mismos tipos de gerencias. “En un principio nos dio algo de temor, había un prejuicio, pero después te das cuenta de que no es tal. Los empresarios bolivianos logran separar aguas respecto de los negocios y lo que sucede a nivel político”.

Bajo perfil

El crecimiento económico boliviano de los últimos años ha sido notable, sin embargo, este se originó principalmente por un aumento desproporcionado del gasto público y del endeudamiento fiscal. Estas medidas fueron adoptadas por el gobierno de Morales en 2006, cuando llevó adelante el Modelo Económico Social Comunitario y Productivo, que como piedra angular posicionó al Estado a cargo de la producción y la industrialización de los recursos naturales -entre ellos los hidrocarburos-, el suministro del mercado interno y la exportación de productos. En su momento, la opinión pública lo tildó como el “milagro boliviano”, porque funcionó como uno de los más exitosos y estables de la región. Bolivia despuntó como el país de mayor crecimiento económico en Sudamérica durante los últimos cinco años, al aumentar el índice de su producto interno bruto (PIB) alrededor de un cinco por ciento anual, según los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Pese a esto, a partir del año 2016 Bolivia ha entrado en un proceso de desaceleración debido a la baja del precio de los commodities, en especial el de los hidrocarburos (petróleo y gas). Esto ha producido que las reservas de dólares del Banco Central Boliviano se hayan visto reducidas aproximadamente de 15 mil a 7 mil ochocientos millones de dólares, generando un impacto en las inversiones internas y externas de los empresarios bolivianos.

Esta situación no es vista con buenos ojos por algunos empresarios y compañías chilenos, los que en su mayoría prefieren mantener un bajo perfil tanto en sus movimientos en el mercado boliviano como en sus opiniones respecto de la situación política del país.

La mayoría de los negocios con Bolivia son exportaciones o empresas de servicios que operan en Chile. Los menos, los que tienen inicio de actividades en el país vecino. Un ejemplo de ello es el bajo quórum que tienen las reuniones que organiza el consulado chileno. La mayoría tiene sus oficinas en el centro empresarial Torre Duo, ubicado en una zona empresarial de la ciudad de Santa Cruz, y el modus operandi del ejecutivo chileno se caracteriza por darle un mayor protagonismo al actor local y adoptar un bajo perfil.

Una de estas empresas chilenas, que prefirió mantener su nombre en reserva, ofrece a sus clientes bolivianos invertir sus capitales en los mercados offshores porque en el mercado local no hay productos para hacerlo en dólares. Un especialista ligado a esta compañía comenta que la posibilidad de los inversionistas locales de hacer negocios en el exterior ha disminuido, debido a que las tasas de interés locales en dólares han aumentado progresivamente, alcanzando un 2%, lo que lo hace poco atractivo.

Otro caso es el de la empresa de servicio de logística en transporte de carga aérea y marítima internacional Andes Logistics, que opera en Bolivia hace cinco años. Sus oficinas se ubican en Santa Cruz donde, según Cristóbal Huidobro, gerente general, “negociar con los ‘cambas’ -empresarios cruceños- es más fácil y existe un trato más formal y cordial. Sin embargo, con los ‘collas’ -originarios de La Paz y Cochabamba- resulta muchísimo más complejo porque tienen un trato más áspero y una gran concentración de población indígena rechaza a los chilenos”. Pese a todo, han invertido aproximadamente un millón de dólares y el retorno alcanzó una tasa del 7%. “Lo que es sumamente atractivo”, agrega Huidobro.

Lo que viene

Los temores generados por la inestabilidad política de Bolivia tras la renuncia de Evo Morales no alcanzan, hasta el momento, a dañar las auspiciosas cifras económicas del país altiplánico. Pese a que el mercado boliviano es relativamente pequeño -tiene un PIB anual de 41 mil millones dólares, a diferencia de los 298 mil millones de dólares chilenos-, se estima que el crecimiento del PIB real para 2019 será del 4%, doblando la cifra de nuestro país, que alcanzaría como máximo entre 1,9% y 2%, lejos del 2,5% proyectado antes de la crisis que ha afectado a Chile durante las últimas semanas.

Pese a los buenos augurios, las repercusiones que acarrea la crisis social boliviana de estos últimos días hablan de desabastecimiento y problemas en las exportaciones. El gobierno transitorio actual de Jeanine Áñez tiene la misión de llamar a nuevas elecciones y mantener la administración del país, sin embargo, ha hecho un llamado a la prudencia fiscal y a incentivar la inversión local, la que es de apenas un tercio.

Para el sector financiero, la situación actual, si bien no afectó al stock de dólares que ya salió del país, los nuevos fondos y proyectos se han frenado sobre todo en el sector regulado, como el de las AFP y corredoras de bolsa. Al ser compañías de servicio y no de producción, están más alejadas de los problemas propios de la convulsión social que afecta a las líneas de abastecimiento y acceso al cliente final.

Para Andes Logistics ha sido más complejo. El estallido social ocurrido en ambos países casi de manera simultánea afectó sus operaciones. “En Bolivia tuvimos que cerrar nuestras oficinas por tres semanas, lo que significó pérdidas importantísimas por problemas en las cadenas de abastecimiento”, comenta Cristóbal Huidobro. En Chile, en cambio, la empresa siguió funcionando con casi completa normalidad, gracias a una política de flexibilidad laboral que aplicaron con los trabajadores. El ejecutivo se siente esperanzando ante un eventual cambio de gobierno y advierte que “el primer beneficiado debería ser la zona franca de Iquique, la cual podría retomar su movimiento histórico que ha estado bloqueado por años”.

En el caso del Laboratorio Durandin, no han sufrido discontinuidad en sus ventas,  sin embargo, el momento político los hará tomar resguardos, como mantener a sus clientes de exportación bajo seguros de crédito en caso de default financiero o no pago de facturas de exportación.

Y tal como le ocurrió con su primer negocio con Bolivia, el que se materializó en medio de una crisis política nacional, en estos momentos Tomás Buttazzoni está negociando un segundo proyecto de ingeniería minera, equivalente a 400 millones de dólares. Está esperanzado y confiado en que resultará, pero siente cierto temor y la necesidad urgente de que Bolivia vuelva a la normalidad.

El empresariado chileno coincide en que no es momento de tomar decisiones ni de emitir juicios, ya que es una situación aún en desarrollo y que, independiente de la política de cada país, los empresarios, ejecutivos y exportadores seguirán trabajando por estrechar los vínculos con el sector empresarial boliviano y buscar nuevas oportunidades y espacios comerciales.