• julio 19, 2018

El argentino Mario Angelastro llevaba 35 años en Accenture, donde era el responsable para Latinoamérica, cuando decidió retirarse. Era 2014, tenía 59 años y quería hacer un cambio en su vida. Así que se radicó en Chile con su mujer donde vive uno de sus hijos.

Ahí fue cuando uno de los directores de la Fundación Aportes de Gestión para el Tercer Sector en Argentina le propuso abrir esta misma organización en Chile.

Angelastro entonces invitó a participar a Javier Zabala, socio de Luminis, con quien había trabajado en la consultora, y empezó a armar el directorio, al que se sumaron la española Rosa Madera, socia de Empatthy; Patrick Horn, ex CFO de Ultramar, entre otros ex gerentes de empresas.

La idea era replicar el modelo de Aportes de Gestión en el país, fundación que recluta a voluntarios entre profesionales senior del sector privado para mejorar la gestión de diversas organizaciones sociales. Así fue como empezaron a reclutar voluntarios entre las empresas que operan en Chile.
Actualmente, Aportes de Chile trabaja con 24 voluntarios, pero se hacen pocos para los 13 proyectos que apoyan y los que se proyectan para este año. En promedio, se pide a cada voluntario que se involucre en una o dos iniciativas por año y que dedique al menos una mañana de calidad a esta. Todo probono. El perfil de los ejecutivos que participan son gerentes de alta línea que tienen libertad para manejar su tiempo y también ex ejecutivos ya retirados.

Los aportes de la fundación se concentran principalmente en temas de sustentabilidad, eficiencia, priorizar recursos, procesos y logística. Y su manera de operar es a través de proyectos que las organizaciones sociales quieren desarrollar, en los que participan voluntarios de Aportes de Chile con el fin de entregar su expertise para lograr el éxito de las iniciativas.

Entre los programas en los que han participado está Rostros Nuevos del Hogar de Cristo, que acoge a adultos con discapacidades físicas o intelectuales en situación de extrema pobreza. Actualmente atiende a 1.600 personas, aunque según su catastro, son 90.000 quienes se encuentran en esta condición en el país. “Nuestro aporte fue justamente identificar oportunidades de mejora para saber cómo podemos hacer más con los recursos que hay”, explica Angelastro.