A finales de 1999, Juan Ricardo Marín le donó tres millones de pesos a su hijo Francisco para impulsarlo a ser independiente. El joven de 23 años llevaba un año sin estudiar y trabajaba en la empresa de su padre. Con ese dinero compró una camioneta Nissan Suv para comenzar en el rubro del reciclaje. […]

  • 25 octubre, 2018

A finales de 1999, Juan Ricardo Marín le donó tres millones de pesos a su hijo Francisco para impulsarlo a ser independiente. El joven de 23 años llevaba un año sin estudiar y trabajaba en la empresa de su padre. Con ese dinero compró una camioneta Nissan Suv para comenzar en el rubro del reciclaje. En medio de la era “puntocom”, Francisco decidió crear un emprendimiento llamado “Cachureos”, un sitio web donde las personas podían inscribirse para que les retiraran sus botellas plásticas y así iban acumulando puntos que luego podían canjear por descuentos en restaurantes. Juan Pablo, hermano de Francisco, cuenta entre bromas que “lentamente se convirtió en el cartonero más distinguido de Santiago”. Sin embargo, la cantidad de solicitudes no logró hacer que el negocio despegara, pero el emprendedor sabía que quería seguir en el rubro. Cambió su nombre a Eco-Lógica y empezó a retirar botellas plásticas de restaurantes, las que luego vendía por kilo a una empresa que reciclaba plástico.

Su primer gran proyecto surgió por la solicitud de la empresa Wenco, que los contrató para extraer los residuos plásticos que tenía acumulados en un potrero. Así comenzaron a crecer.

En 2008, Juan Pablo, periodista y magíster de Administración en Harvard, compró acciones de Eco-Lógica para salvar la empresa en medio de la crisis subprime. A los tres años decidieron cambiar el modelo de negocios. Pasaron de pensar que estaban en el negocio de los residuos a estar en el de los servicios. Con el paso del tiempo, cada vez más compañías empezaron a interesarse en su oferta. Y no solo querían reciclar botellas y plásticos, sino también otro tipo de desechos y bautizaron su modelo de negocios como waste management, o gestores de residuos.

Su sistema se volvió cada vez más sofisticado. Cada kilo de basura que retiran puede ser rastreado a través de un código de barra para que luego pueda ser seguido por sus usuarios. Estos pueden saber y entender cuál es el proceso que se realiza con los desechos, que va de la mano con otro de los propósitos de la empresa: crear conciencia sobre los desperdicios y lo tóxicos que pueden ser para el planeta. Para Juan Pablo Marín, el negocio de la basura está mal pensado porque las personas creen que todo es basura, cuando en realidad no lo es.

Hoy, más de 10 mil toneladas mensuales son recolectadas por Eco-Lógica a lo largo de Chile, 170 empresas contrataron el servicio y el 60% se recupera. Una de sus metas de aquí a 10 años es ser una empresa Cero Basura, es decir, que toda los desechos que retiran puedan reutilizarse.