Milagros Abalo es una de las jóvenes voces de la poesía chilena actual. Ahora, esta profesora y editora –elogiada por Raúl Zurita, entre otros– publica Hábitat, su tercer libro. Es un poemario lleno de pequeñas epifanías sobre la transición del tiempo y el frágil estado de la condición humana.

  • 28 febrero, 2019

Por: Antonio Díaz

Foto por: Verónica Ortíz

Se titula “No fue una muerte” y está dedicado “a la vecina del 203”. Es uno de los últimos poemas incluidos en Hábitat y comienza así:

Quedó la terraza llena de plantas

el conserje de la tarde preguntando

por ella, los niños por las galletas

quedó el sonido de sus tacos de princesa

quedé con su foto en mi teléfono celular.

“Uno advertía de que iba perdiendo la cabeza, pero aun así mantenía su independencia y su economía. Y éramos muy cercanas porque siempre estaba pendiente de llevarles galletas a mis hijos”, cuenta Milagros Abalo en el café Faustina, en Providencia, entre sorbos de una taza transparente con té negro de Ceylán. “No fue la muerte”, incluido en su tercer libro de poemas, está influido por su vecina. O, más bien, por la desaparición de su vecina. “De un día para otro se la llevaron los hijos a un asilo”, dice.

-Fue como una emboscada.

-Claro, fue como un “te vamos a llevar a pasear” y así se fue.

-¿Y esto lo viste o te enteraste después?

-No, me enteré por el conserje. Él me dio los detalles. Y nada, ahí quedó toda su casa, ahí quedó todo su hogar y nosotros por la ventana mirando.

A partir de este suceso, Abalo escribió uno de los poemas más urgentes de su libro. Es un poema que representa bien el espíritu de Hábitat, publicado por Hueders, en el cual abundan imágenes sobre la naturaleza (espinos, buganvillas, campos de trigo, cactus, picaflores, queltehues, cerezos, jacarandás y ceibos); pero en el cual, también, hay momentos y escenas urbanas, como justamente el poema dedicado a la vecina del 203, que sirven para explorar lo efímero de la condición humana:

Quedó el tejido de una bufanda en el canasto

puntadas insinuando el día.

Y quedamos nosotros

árboles quebradizos moviéndose en la ventana.

-Y tus hijos, me imagino, te preguntaban por la vecina, ¿no?

-Sí, porque nos juntábamos en un patio y siempre había una relación. Son muchos casos que están contenidos ahí, en ese poema, que representan esa cosa de la vejez cuando uno ya pierde toda autonomía e independencia. En ese caso creo que es mejor retirarse de la carrera. Si es que se puede, claro.

Paisajes de la poesía chilena

Nacida en Santiago, en 1982, Milagros Abalo estudió literatura en la Universidad Diego Portales. Una vez graduada, trabajó para la editorial de aquella casa: estuvo tras la edición de un libro del poeta-mito chileno Rodrigo Lira, y otro de la uruguaya Idea Vilariño. También fue ayudante de cátedra para una clase con Alejandro Zambra, quien desde hace un tiempo sigue su obra: “En sus tres libros ha construido un mundo propio y reconocible, abierto a los tránsitos, a la incertidumbre”, dice el autor chileno radicado en México. “Su literatura es valiente y reflexiva, particularmente alerta a las contradicciones del presente”.

Su primer poemario se llama La normalidad de una familia y lo publicó por una editorial independiente, Las Cortaderas Libros, en 2012. Cuatro años más tarde vendría Esto es, ahora por Hueders. Y si en su primer libro exploraba el funcionamiento de las familias –y en especial de los tantas veces claustrofóbicos clanes chilenos–, en el segundo las imágenes eran más puertas afuera que adentro. Así, en Esto es hay poemas sobre el Costanera Center (o sobre los suicidios en aquel centro comercial), la influencia de la televisión en nuestras vidas, el debate en torno al aborto y, al final del libro, un extenso poema (“Canción de mar”) de casi diez páginas.

“Y este último libro, Hábitat, no es que se aleje de esos temas, porque siempre están en mi cabeza, pero sí busqué otro lugar desde el cual escribir. Y ese lugar en este caso seguramente me lo dio la naturaleza, aun cuando hay muchos poemas insertos en la vida citadina totalmente, pero lo que predomina son imágenes de la naturaleza, porque también coincidió con que lo escribí en un período en que salía mucho fuera de Santiago y eso va determinando: los viajes en la carretera, los espinos, la playa. Obvio que no es un trasvasije literal, pero todo eso está en el nuevo libro”.

Ese 2016, cuando publicó Esto es, la poeta fue seleccionada como joven líder por El Mercurio y recibió elogios de nombres claves de la literatura local. “La poesía de Milagros Abalo abre una nueva ventana en el horizonte de la poesía chilena”, dijo Raúl Zurita. Mientras tanto, Sergio Parra, también poeta y dueño de la librería Metales Pesados, dijo sobre ella en una entrevista al The Clinic: “Lo que construye son poemas como tales, que no se quedan con esa sensación de victimización de una poesía que ya se hizo a fines de los ochenta”.

-En Hábitat hay mucha naturaleza de edificios o de casas. Refleja esa reducida vida verde que se tiene al vivir en la ciudad.

Sí, pero no es simplemente dar cuenta de una planta que se me murió en el balcón. Lo que trato, con cada uno de los poemas, es tomar una imagen y buscar ahí un pensamiento: ¿qué quiere decir esta imagen?, ¿qué supone eso? Y eso, esa combinación, por así decirlo, se traduce en el poema. No tiene que ver con tomar una fotografía del pasaje y hacer una descripción literal. Es una imagen que supone un estado de las cosas. Y es un estado de las cosas que uno va haciendo aparecer.

-¿En qué momento te diste cuenta de ciertos temas que cruzan estos poemas?, ¿fue durante el proceso de escritura o una vez ya tenías todo el material y tomaste conciencia de ciertos temas?

-De alguna manera, sí, había una conciencia. No sé si sucede en el primer poema que se escribe luego del libro anterior. Pero sí hay una conciencia. Hábitat es un libro más contenido, mucho menos narrativo, como algunos de los poemas de Esto es. Es un libro más silencioso, porque también fue un período más silencioso en mi vida. Y en esa forma de estar más callada, incluso más alejada, es que surgen también esos otros registros de escribir. Son transformaciones que se van teniendo.

-¿Te gusta leer cosas que influyan tu escritura? Hay autores que les gusta contagiarse con libros similares a los suyos. A otros no, para nada, y hasta lo evitan.

-No, es que en ese sentido leo de manera instintiva y libre. Nunca he sentido el miedo a que me puedan influir. Para mí la lectura tiene que ver con un ejercicio de gozo, de placer. No es algo laboral. Y en esa medida, la lectura opera con total libertad; también la escritura. Leo lo que quiero, cuando quiero y a quien quiero. Así que, si puede nutrirla o desnutrirla, bien. No supone un pensamiento previo.

-Te lo pregunto porque hay una corriente de la poesía chilena que está vinculada con la naturaleza. Y Hábitat es un libro que también explora la geografía chilena.

-Probablemente porque Chile es un territorio muy rico en su paisaje. Y todos son testigos y todos observan eso. Por eso aparece en la poesía chilena. Es el lugar donde vivimos. No estamos ajenos. Pero la manera de abarcarlo es distinta. Un poeta puede ser mucho más lírico y otro más contenido; y, sin embargo, ambos tienen una mirada o imágenes que podemos leer. Y ambos pueden interesarnos. Creo que uno tiene que tener una libertad absoluta. Leer lo que quiera leer.

La figura del poeta único

Milagros dice que tiene pocos amigos poetas. Y que tampoco participa demasiado en la parte social de la poesía chilena. “Aunque como lectora, sí”, agrega. Y acto seguido menciona algunos poetas, de los más jóvenes, que le interesan: Víctor López, Antonia Torres, Matías Rivas, Juan Carreño. “Hay muchos escribiendo muy bien”, asegura.

Tal como en sus libros anteriores, los poemas de Hábitat vienen de cuadernos. Abalo dice que escribe a mano, ya que el texto inicial se puede editar y modificar eventualmente, pero le gusta mantener un vínculo con el original. “Más allá de que esté lleno de imperfecciones o ruidos, en ese primer texto hay un espíritu que no se puede perder”, dice. “Y si bien yo hago correcciones y reviso hasta que más o menos me parece que sea digno de existir; sí, también trato de que no se me pase la mano. No sobre-editarlo al punto de enfriarlo”.

-¿Sientes que hay un peso extra por ser poeta en Chile? La mochila con que alguien debe cargar al ser poeta puede que sea más pesada que en otros países.

-Acá la vara es alta. La exigencia que tengo cuando escribo también tiene que ser alta. No lo siento como peso, al contrario. Creo que es muy positivo en ese sentido. Pero claro, al haber tantos y tan buenos poetas, imagino que la exigencia puede ser mayor. Pero también uno hace lo que puede y lo que quiere, sin ojalá tener en órbita ese tipo de pensamientos todo el rato.

-¿Qué crees que va a pasar con la figura del poeta en Chile? Hace un año y un poco más murió Nicanor Parra y hay mucha gente acostumbrada al poeta único. Gente que tal vez no lee mucha poesía, pero sí estaba al tanto de esa figura.

-Yo creo que la figura del poeta único se ha difuminado. La poesía chilena es un campo en el que pueden convivir muchas cosas, muchos registros distintos. Creo que la figura de un solo poeta ya es algo que es casi obsoleta porque hay muchas voces y son voces poderosas y distintas. Por lo tanto, ¿por qué hay que instalar un poeta único? Ya esa figura no tiene sentido para dar cuenta de lo que está pasando.

-¿Y cuál es el lugar de la poesía en el Chile de hoy?

-Siempre a haber lectores de poesía. Siempre va a haber poesía. La poesía es importante en un lugar como Chile. Además, hay mucha gente haciendo cosas muy buenas. La poesía chilena es una referencia para otras poesías de otros lugares. Y ya por eso es importante.