A riesgo de caer en barbaridades poéticas, a veces la mejor forma de describir un vino es con metáforas. Así sucede con Le Dix 2002, de Los Vascos, que parece un concierto de cámara.

  • 11 diciembre, 2008

 

A riesgo de caer en barbaridades poéticas, a veces la mejor forma de describir un vino es con metáforas. Así sucede con Le Dix 2002, de Los Vascos, que parece un concierto de cámara. Por Marcelo Soto.

¿Cómo hablar de vinos sin hablar de vinos? O mejor dicho: ¿cómo hacer del lenguaje del vino un lenguaje sencillo, nada pretencioso? Es una pregunta que suelo hacerme y que muchos periodistas de vinos han intentado responder para alejar el tema de los esnobs de siempre y acercarlo a la gente de la calle, la gente que disfruta el vino junto a comidas, sin pensar en taninos ni parazinas.

Pienso en esto durante una degustación de tres añadas de Le Dix, el vino ícono de Los Vascos, la viña de Colchagua en cuya propiedad participa Domaines Barons de Rothschild, propietarios en Francia de Château Lafite, uno de los vinos más famosos del mundo.

El sommelier Héctor Riquelme presenta la añada 2002 de este cabernet Sauvignon de viejas parras del viñedo El Fraile y lo describe así: “música para el paladar”. Puede que alguien diga que la frase le parece cursi, pero sin duda da en el clavo. El vino tiene una textura interminable, con una fruta densa y profunda junto a especies y hojas de té. No es un vino estridente, de esos que “matan” en los concursos. Siguiendo con la analogía, parece un concierto de cámara, delicado, pero conmovedor.

Antes probamos la cosecha 1999, un vino que me gusta porque huele a campo, a tierra y cuero. Un catador diría que sus aromas son terciarios, es decir aquellos que provienen del envejecimiento del vino en la barrica o en la misma botella. Terminamos la cata con Le Dix 2003, de estilo generoso, con cerezas negras casi dulces. Seguramente mis amigos periodistas calificarían este tinto como de estilo nuevo mundo, o sea, más goloso y maduro.

Conversando con Héctor Riquelme en una mesa del Latin Grill, mientras despachamos unas ricas costillas de cordero, coincidimos en el entusiasmo por la cosecha 2002, que nos deja sin habla. “Es curioso lo que pasa con las añadas en Chile”, comenta el sommelier, uno de los mejores catadores del país. “El 2002 fue un año complicado, entre dos cosechas espectaculares, la 2001 y 2003, pero hoy está mejor que otros vinos de esas añadas”.

Los Vascos posee uno de los viñedos más grandes de Colchagua, en Peralillo, un enorme paño que antes perteneció a la familia Eyzaguirre- Echenique. Dicen que el mismísimo Gilbert Rokvam, entonces director técnico de Château Lafi te Rothschild, decidió instalarse en la zona a fines de los 80 tras probar más de 120 vinos de diferentes regiones y visitar unas 30 propiedades.

Aparte de Le Dix y de un excelente Cabernet Sauvignon Grande Réserve (probé la cosecha 2006, muy recomendable), Los Vascos produce, entre otros vinos, un muy conveniente Sauvignon blanc de Casablanca. La versión 2008, con un 10% de Leyda, ya está en el mercado y tiene la chispa suficiente para refrescar –y encender– estas tardes primaverales.