Por look, por trayectoria, por la cantidad de experiencias que ha vivido, Leonardo Farkas Klein es un hombre del mundo de los negocios muy poco representativo del establishment minero. Durante 20 años se dedicó a la música y a vivir su vida en Estados Unidos. Hoy, de vuelta a Chile, dice que quiere reinstalar el […]

  • 23 marzo, 2007

Por look, por trayectoria, por la cantidad de experiencias que ha vivido, Leonardo Farkas Klein es un hombre del mundo de los negocios muy poco representativo del establishment minero. Durante 20 años se dedicó a la música y a vivir su vida en Estados Unidos. Hoy, de vuelta a Chile, dice que quiere reinstalar el nombre de su familia en los dominios del hierro y llegar a ser un actor en los mercados de este metal. ¿Quién es y qué se trae entre manos este músico y empresario?
Por Javiera Moraga

Su historia es atípica. Durante años Leonardo Farkas Klein se dedicó a la música. Fue su pasión y sustento. Mal no le fue. Llegó a ser telonero de artistas de la talla de Tom Jones y Julio Iglesias en Las Vegas. También Mario Kreutzberger –Don Francisco– lo llevó a Sábados Gigantes cuando el rating de su programa era total. Al mismo tiempo, Farkas realizó muchas funciones en solitario como “hombre orquesta” –intermediario, representante, importador– en Estados Unidos.

A los 35 años (hoy tiene 40), literalmente su vida en el espectáculo iba viento en popa. Pero eso no pesó a la hora de tomar una drástica decisión: jubilarse. Así de simple. Ya había logrado cierto éxito en la música y disponía de un patrimonio atendible, acumulado a partir de sus intuiciones comerciales en variadas áreas. De hecho, en un tiempo llevó una leche infantil a Centroamérica y en otro vendió a Wal-Mart Canadá genéricos de shampoo y cremas elaborados por Pharma Science, un gigante farmacéutico. Todo bien, a lo que se suma que su mujer es hija de los dueños de la cadena de hotel Concorde, con importantes activos inmobiliarios.

Pero Leonardo quería disponer de su tiempo y retomar el negocio minero que había sido tantos años el sustento de su familia. Por eso, desde el 2005 se encuentra instalado en Chile, junto a su mujer y sus tres hijos, y comprometido por entero en un proyecto por el cual incluso cambió en parte su look. Sí, en parte. Porque Farkas dio de baja sus coloridos trajes de show y los cambió por convencionales trajes de negocio. Pero no por eso renunció a su toque personal, que se reconoce en una abundante colección de pañuelos y corbatas que probablemente serían la envidia de Hernán Somerville.

Su regreso a Chile también le significó dejar de cocinar y hacer personalmente la sopa de pollo que tanto le gustaba a sus niñitas. Al hombre no le quedó otra que contratar cinco empleados para su casa en Lo Curro, una mansión de vista fabulosa sobre Santiago, con cancha de fútbol y hasta un bosque. La casa, difícilmente visible desde el exterior, protege a su propietario de la sobreexposición, cosa que a él le carga, según confiesa.

No hay que equivocarse con Leonardo Farkas. A pesar de su facha poco convencional, dice que él se toma con seriedad sus negocios. Sabe perfectamente lo que quiere y cómo lograrlo. De hecho, apunta que cuando decidió volver a Chile podría haber vivido de las rentas. Pero lo que él quería era reconquistar el nombre de su familia en el mundo del hierro con un proyecto emblemático, sacar adelante la Compañía Minera Santa Bárbara. Y está dispuesto a todo ello.

 

 

LAS VUELTAS DE LA VIDA

La nueva vida minera de Leonardo Farkas en realidad no es tan nueva. Porque antes de irse a Estados Unidos ya tenía una década de minería en el cuerpo. Aunque muy para callado, eso sí, dado que a mediados de los 90 exploró la zona de Vallenar, con la idea de ubicar nuevos yacimientos para adosarlos a las viejas pertenencias que provienen de la época de su padre, Daniel Farkas. Hoy dice tener importantes extensiones en la zona de Chañaral y más al sur con alto contenido de hierro.

-Cuando vi los ofrecimientos de dinero que le hacían a mi padre por sus pertenencias le aconsejé que no las vendiera y que en cualquier caso yo prefería comprárselas, porque siempre creí que el hierro volvería a tener una era de esplendor -explica.

Tan en serio se lo tomó que hace más de diez años rastreó con aviones magnéticos los cielos nortinos y con esta información fue comprando pertenencias. Los términos en que se ha revalorizado el hierro –60% en los últimos cuatro años– ahora están dándole la razón. Los expertos aseguran que el precio se mantendrá inalterable por los próximos años, luego que China se convirtiera en el principal consumidor en el mundo.

Aunque la producción de hierro en Chile dista mucho de ser relevante para el concierto mundial, ya que representamos menos del 1% del total, Chile tiene ventajas por sobre otros productores. Primero, porque acá el hierro se obtiene como magnetita, es decir, es magnético, lo que facilita la separación con los residuos. Y segundo, porque el mineral está ubicado en el lado “correcto” del continente para los chinos, lo que significa menos costos de flete.

Para llevar a cabo sus planes de explotación de yacimientos de hierro, Farkas se asoció con la australiana Admiralty Resources, que maneja un 49% de Santa Bárbara. La empresa australiana es más bien joven y se ha especializado en metales como plomo, zinc, litio magnesio, sodio sulfato, boro, níquel, cobalto y, por supuesto, hierro. Además, la compañía ha adelantado que está interesada en estudiar otros proyectos en Chile vinculados a yacimientos de cobre y sal.

Los primeros embarques de Santa Bárbara están por salir hacia China, y según cuenta Farkas la compañía ya tiene contratos asegurados para que Cometals USA comercialice la producción en el país asiático. Eso en lo que respecta a Santa Bárbara, porque en el sector minero nos han dicho que en el intertanto Farkas estuvo operando con desmontes de la mina Cerro Imán de la familia Zauschquevich.

 

 

{mospagebreak}UN PRIMER APPROACH

Leonardo Farkas no pasa inadvertido. Es cosa de verlo. Parece más un rockero glam de los años 80 que un empresario del establishment minero. Usa el pelo largo desde los 15, y no deja que su cabellera (de rulos muy rubios) sea intervenida por nadie más que él. Y como vivió mucho tiempo en Estados Unidos, habitualmente apela a expresiones y modismos gringos para hacerse entender.

Aunque el mito diga que en Estados Unidos nadie se fija en la facha, a Farkas tampoco le gusta pasar completamente inadvertido. Su círculo íntimo asegura que de alguna manera le saca provecho a sus excentricidades. Más de alguna vez –dicen– ha reconocido que una de sus estrategias de marketing en el mundo de los negocios es que nadie lo olvide. Hasta sus tarjetas de presentación –de acero, aunque usted no lo crea– tienen un dejo de excentricidad. Y se las pelean en las reuniones sociales y de negocios.

De estilo bastante franco y directo, sus observaciones se equilibran entre el candor y la ironía.

-En mi opinión –dice– en Chile los ricos viven como pobres… y los pobres quieren vivir como ricos. La mayoría de la gente que conozco con plata y un buen auto lo dejan en su casa para que nadie vaya a sospechar ostentación.

Hace poco decidió hacerse socio de un club de golf, pero cuando fue a pagar las cuotas su ejecutivo bancario le preguntó (por orden del club) cuándo pensaba cortarse el pelo. En ese instante, Farkas cerró su chequera y canceló su ingreso. A pesar del impasse, no se dio por vencido y como le gusta el golf decidió inscribirse en otro club. Ahí le dijeron que como querían elevar el nivel de la gente y toda su familia era rubia, no solo lo recibían con los brazos abiertos sino que hasta le darían seis meses gratis. Sáquele molde.

-Muchos creen que porque ando en un Hummer soy el dueño de Chile… pero existen Mercedes Benz que son mucho más caros. Lo que pasa es que el Hummer no se exporta acá y los míos son una rareza por estos lados -explica.

-Teniendo una carrera aparentemente ya hecha en Estados Unidos, ¿por qué quiso regresar?
-Cuando Arnold Schwarzenegger llegó a Estados Unidos era campeón de físicoculturismo. Luego se hizo actor y ahora en la política llegó a ser gobernador. Si Arnold Schwarzenegger pudo cambiar dos veces de profesión, why not? Yo partí con la música a los 15 años. En esa época ya tenía una orquesta con la cual tocábamos en matrimonios o en eventos de la colonia judía. Incluso viajé a países como Perú y Argentina. La verdad es que me iba muy bien. A esa edad viajaba por Europa con mi plata y hasta invitaba a mis hermanas. En resumen entre los 15 y los 35 años, me dediqué a la música. Casi 20 años. Y bueno, pensé que ya era hora de cambiar.

-¿Cómo lo ha recibido el gremio minero?
-Lo que pasa es que no me he metido mucho en el gremio. Voy de vez en cuando a las comidas, pero yo no tengo cobre… ojalá tuviera.

-¿Por qué?
-Porque si produces cobre se lo vendes a Enami o a quien sea, en cambio yo estoy solo y eso es problemático. Para sacar el mineral tienes que tener un puerto y a mí no me dejan salir por cualquier puerto privado. Y construir uno significa una inversión de entre 30 y 50 millones de dólares, además son muchos años de estudios y evaluaciones. Tengo que reconocer que todos me han tratado de matar… pero he seguido adelante.

-De suerte que el cuello de botella está en los puertos. ¿Por dónde saca CAP su hierro?
-Por sus puertos, aunque la mayoría de ellos fueron construidos por mi familia.

-¿Y qué pasó?
-Con la Unidad Popular, mis tíos Klein (hermanos de su madre y los primeros familiares que explotaron hierro en el norte) se fueron de Chile, pero mi papá se quedó. Por entonces él tenía algunos negocios vinculados al hierro y, como era una especie de consultor del gobierno, lo dejaron quedarse con algunas de sus pertenencias. Pero si mi familia tenía 100, al final se quedó con 1. El resto pasó a manos del gobierno. Luego muchas empresas se privatizaron y según lo dicho por mi tío José Klein la plata que a él le llegó en el proceso por sus cosas apenas le daba para un Fiat 600.

-¿Cómo se ha tomado CAP el regreso de Santa Bárbara, la mina de los Farkas, al mercado?
-Deben haber creído que pronto se me iba a acabar la plata, o que tal vez como fui músico seguro que no entendía nada de este negocio. Por otro lado, las cosas no han sido fáciles. Originalmente pensamos que la mina La Japonesa (uno de sus proyectos) iba a costar 10 millones de dólares y ya vamos en 45 millones de dólares. También estamos trabajando en la construcción del puerto Punta Alcalde, que son otros 35 ó 40 millones de dólares más. Y compré la mina Cerro Imán que son otros 20 millones de dólares.

-¿Conoce a Roberto de Andraca?
-Estuve con él en una comida y me dijo… ¿sabes como empecé yo? Sí, le dije, seguramente trabajó para alguno de mis tíos. No, me dijo, yo era el asistente de tu papá. Muchas personas trabajaron en las minas de mi familia. Imagínate, llegamos a tener 7 mil empleados. Entre ellos Eduardo Frei Montalva, quien fue el primer abogado que tuvo Santa Bárbara. Después lo sería don Jacobo Schaulsohn, el padre de Jorge Schaulsohn.

-¿Qué lo anima en su proyecto?
-Me jubilé a los 35 años y gracias a Dios no necesito trabajar ni para vivir ni para pagar las cuentas de la luz o el agua. Reconozco que vivía bien en Estados Unidos, en mi casa de Boca de Ratón. Ahí tomaba sol y llevaba a mis hijos al colegio… incluso hasta cocinaba. Pero volví, y mi intención no es ganar tanta plata… Mi sueño es crear y dar trabajo. Te confieso que todavía no he ganado un peso en Chile pero estoy contento porque hemos hecho muchas obras sociales como El Salado (ver recuadro).

-¿Le molesta ser tildado de excéntrico y que haya cierto prejuicio por llevar el pelo largo?
-No. Lo que pasa es que una vez me trataron de freak y yo le dije a la Andrea (su ex asesora de prensa y hoy jefa de comunicaciones de El Teniente) que en Estados Unidos esa palabra era terrible porque es como ser una especie de monstruo. Cuando tocaba en Las Vegas a veces me trataban de excéntrico, pero era porque me gustaba usar trajes de marca (Versace o Armani) y mis amigos me decían que me comprara mejor un terno barato. A mí de verdad no me importa lo que la gente piense. Yo no ando buscando nuevas amistades. Con mi familia y los amigos que tengo, me basta. ¿Qué quieres que te diga? A mí me encanta Chile, pero últimamente me molesta un poco lo grosera que está la gente. Te subes a una micro y nadie le da el asiento a una mujer. Y en el mall ni hablar que dejen subir a tu mujer embarazada primero en el ascensor. Y para qué hablar de la televisión… la palabra del huevo es a cada minuto. Pero por otro lado, este fue un país que acogió maravillosamente a mi familia.

Desde que volvió ha estado involucrado en sus proyectos tiempo completo. Dispuso, por ejemplo, un sitio web del portal de la compañía en chino mandarín, japonés, inglés y, por supuesto, en español. Según él, muchas veces la clave del éxito está en los idiomas. Cuando cantaba, lo hacía hasta en 15 lenguas distintas valiéndose de temas clásicos. Eso era carta segura en su show.

Y está entusiasmado. Según dice, las estimaciones dan cuenta que la producción de Santa Bárbara fluctuará entre 1 a 1,5 millones de toneladas al año, al margen de Santa Fe y Cerró Imán (yacimientos recientemente comprados). Farkas sueña para el bicentenario con una producción conjunta del orden de los 22 millones de toneladas anuales.{mospagebreak}

 

 

RAICES NORTEÑAS

Los apellidos Farkas y Klein tienen tradición en el norte. Están asociados desde antiguo a la minería del hierro. El precursor fue José Klein (hermano de la madre de Leonardo), quien estuvo exiliado en Argentina junto a Arturo Alessandri, el León de Tarapacá. Cuando Alessandri volvió, estuvo entre los primeros a quienes el León se trajo de vuelta.

Las minas de los Klein –judíos de origen húngaro– fueron Santa Bárbara y Santa Fe. A fines de los 50 exportaban nada menos que 10 millones de toneladas, el equivalente aproximado al 10% de las exportaciones del mundo. Hoy Chile representa una ínfima proporción de la exportación mundial.

Su padre, Daniel Farkas, ingresó al mundo de la minería por un camino más pedregoso:
-Mi padre llegó a los 15 años a Chile. Venía junto a su familia directamente desde Transilvania (región húngara), donde residía mi abuelo. Aquí fue vendedor puerta a puerta en la época de oro de las salitreras. Encontraba que Chile era un país amigable para los judíos y recordaba que en Estados Unidos había letreros que decían “no se aceptan judíos ni perros”.

Sin conocerse su padre y su madre llegaron a Chile en el mismo barco. Sus caminos siguieron por separado, hasta que un día de 1951 José Klein lo contactó para que le construyera una mina. El padre de Farkas en ese entonces se había hecho de un buen pasar con un negocio de transporte (llegó a tener una flota de 80 camionetas a los 18 años) y tenía fama de talentoso. Cuando Daniel Farkas llegó a las minas no solo se enamoró de la madre de Leonardo, sino además ayudó a su familia a optimizar sus recursos y finalmente terminó fundando sus propias empresas mineras llegando a tener más de nueve compañías.

Con ese antecedente en mente, Farkas apunta que “antes de radicarme nuevamente en Chile me dije a mí mismo que si mi familia llegó a construir seis minas, casi sin recursos y con cero tecnología, cómo no iba yo a ser capaz de levantar al menos una”.
Mientras tanto, el tema social le preocupa.

-Voy al norte y hasta donde puedo ver la gente sigue igual de pobre. Hay mucho abandono. Sabes, un día decidí operar a todas las perras de Caldera. A mi señora le encantan los perros y en un viaje me preguntó dónde estaban los amos, porque se veía mucho perro callejero. Le expliqué que acá no era como en Estados Unidos.

 

 

{mospagebreak}¿ALMA DE HIERRO?

Antes de reincorporarse al negocio minero, Leonardo Farkas se incorporó a la asociación minera de Estados Unidos para aprender más del asunto. Hoy también se actualiza en cuanta convención y seminario se desarrolle en el mundo. Y a pesar de ser una especie de self made man en la minería –ya tiene amplios conocimientos del negocio y un título de ingeniero comercial en la Universidad de Santiago– se instaló para arremeter con todo.

-Se sabe que China, el principal consumidor de hierro del mundo, había encontrado reservas… ¿le preocupa?
-Son reservas muy chicas y que están un kilómetro hacia abajo, lo que hace difícil la extracción. Hay que tener en cuenta que los chinos son además los mayores exportadores de acero del mundo.

-¿Usted tiene sociedad con una compañía australiana?
-En Santa Bárbara controlo el 51% de la propiedad, el 49% restante está en manos de Admiralty Resources. En lo que concierne a Santa Fe, hace pocas semanas el presidente de Shougang (compañía que compró hace diez años Hierro Perú) vino a Chile y expresó intenciones de asociarse conmigo. Habrá que ver.

-¿Cuándo planea hacer su primer embarque?
-Decidimos hacerlo por Caldera. Este es un puerto frutero que trabaja solo dos meses exportando las frutas desde Copiapó, y que vamos a utilizar el resto del año. El puerto es de Sergio Ruiz-Tagle y los Prohens. Es un puerto para buques de 50 mil toneladas aunque hoy en el mundo del hierro necesitas naves que puedan trasladar entre 200 y 300 mil toneladas. De todas formas, ya estamos vendiendo hierro a compañías chilenas de cemento como Polpaico y Melón, que antes le compraban a CMP (filial CAP).

-¿Pero está construyendo un puerto?
-Sí, a Santa Bárbara le dieron la concesión para construir un puerto en Punta Alcalde, 15 kilómetros al sur de Huasco. Ahí construiremos el puerto más grande y moderno de Chile para hierro, para buques de 300 mil toneladas y ritmos de embarque de 100 mil toneladas diarias.

-¿Cuándo estaría listo?
-Esperamos que para el 2009. Pero lo importante es que yo estoy haciendo un puerto abierto para todos en la III Región, y ya tengo empresas interesadas en sacar otros productos.

LOS FETICHES DE FARKAS

• Tarjeta de presentación: Su tarjeta es un modelo único. Es de hierro puro y made in Chile –solo existe un proveedor– que ha podido cumplir con los requisitos. La idea nació de Farkas, tras sostener una reunión con un ejecutivo minero en la bolsa de metales de Londres. Allí, la tarjeta de presentación parecía de hierro, pero no era tal. Fue entonces cuando se dijo por qué no hacer algo especial en el caso suyo… Y, bueno, aquí está. Suele manejar unas diez dentro de su billetera con las cuales impresiona a sus interlocutores.

• Sus cassettes y CD: Son de su etapa musical. No hay que olvidar que actuó en Las Vegas como telonero de artistas de la talla de Tom Jones y Julio Iglesias. Tenía un equipo de promotoras que durante sus shows se paseaban vendiéndolos. Costaban alrededor de US$ 20 dólares, una ficha de casino, según Farkas.

• Sus juegos: Tiene dos máquinas directamente importadas desde Estados Unidos. La primera es de Miss Pacman y es verdaderamente toda una reliquia. Y un flipper de los Locos Adams que toca continuamente la música de la serie. Son su mejor fetiche para el relajo. Como los horarios de los países asiáticos no coinciden con los nuestros, aparte de su oficina en El Golf, maneja una oficina en casa. Esto le permite estar conectado 24 horas.

• Sus autos: En el garage de Farkas se pueden observar dos Hummer y un Cadillac Limusine. Fueron importados directamente desde Estados Unidos. El Hummer, que nació en 1979 como vehículo de usos múltiples y respuesta a necesidades específicas del ejército estadounidense, vivió su prueba de fuego en las operaciones Escudo y Tormenta del Desierto en la Guerra del Golfo. En 1991 se anunciaron cuatro versiones comerciales del vehículo destinado para usos civiles. El Cadillac limousine es utilizado por personajes como el presidente George Bush y Michael Jackson.

• Sus instrumentos: La música lo sigue apasionando. Por algo lo llamaban el hombre orquesta en Estados Unidos, aunque según él la idea está asociada a un teclado que le permitía obtener sonoridades propias de muchos instrumentos en su show.

EL SALADO

Durante años El Salado –un pequeño poblado en la Región de Atacama– estuvo dejado a la mano de Dios. Aunque cueste creerlo, el pueblo no tenía líneas telefónicas y menos conexiones a internet. Antes que la Minera Santa Bárbara donara los equipos, los habitantes llevaban años juntando el dinero para completar la cifra que necesitaban para instalar las líneas.

La donación, dice Farkas, consistió en una planta para 90 teléfonos fijos y 50 conexiones de banda ancha. Un alivio para los habitantes del lugar –distante unos 35 kilómetros de Chañaral– quienes solo podían comunicarse telefónicamente a través de una estación de servicio público o mediante equipos celulares, lo que generaba un grave problema en casos de emergencia.

La nueva central fue inaugurada con un llamado al teléfono presidencial en La Moneda. La conversación con Michelle Bachelet –amplificada con altoparlantes– llenó de emoción a los habitantes de El Salado. Y también a Farkas:
-Cuando me contaron que las personas se enfermaban y no tenían cómo contactarse porque la telefonía no había llegado a este lugar de inmediato hice las gestiones para que esta comunidad tuviera un servicio que en estos tiempos es indispensable.