• 1 marzo, 2018

Director Revista Capital

Hace unos meses y con su campaña presidencial ya desechada, el ex presidente Ricardo Lagos disparó en un seminario una frase que a más de alguien sacó roncha. Dijo: “La tarea número uno de Chile es crecer, lo demás es música”. La frase no pasó inadvertida porque a no pocos se les vino a la cabeza una afirmación que hiciera la presidenta Bachelet poco antes, en la que apuntó que como mandataria no le interesaba para nada un crecimiento económico brutal, si no había a la par una mejora en la vida de las personas.

Si bien no se trató de una confrontación explícita de puntos de vista, se podría decir que el tiempo terminó instalando dichas frases en la disyuntiva electoral y que las urnas terminaron dando la razón a la primera de las visiones, la de Ricardo Lagos.
En efecto, hoy pocos discuten que la tarea número uno del país es crecer, ya que de lo contrario difícilmente se podrá mejorar la vida de las personas.

Y es que quienes abogan por una actividad económica sostenible saben que crecer no es un fin: es un medio. Uno que, en la medida que opere con reglas claras, en un ambiente de competencia, con las debidas licencias sociales, regulaciones y aprobaciones, debería redundar en mejores condiciones para todas las personas involucradas: clientes, trabajadores, accionistas, proveedores, comunidades, etc.

De ahí la importancia de que las nuevas autoridades, sobre todo las económicas que encabeza Felipe Larraín que ilustra nuestra portada, deban enfocarse desde el primer día en exorcizar los demonios que comenzaron a agitarse bajo nuestros pies en los últimos años y que tomaron forma de una rebaja en la nota de riesgo país; de advertencias internacionales sobre la situación fiscal; de indicadores de empleo deteriorados cualitativamente; de tasas de inversión negativas y respecto de las cuales ya no se puede seguir estirando el elástico si es que no se quiere comprometer la salud económica y social de mediano y largo plazo.

Se ha dicho que Chile tuvo “mala pata” estos últimos cuatro años y que el nuevo gobierno asume favorecido por una buena estrella. Se ha dicho que las reformas emprendidas eran complejas y que eso tenía un precio en crecimiento (que el almuerzo no fue gratis –ni grato, agreguemos– fue lo último que apuntó el ministro Eyzaguirre). En fin, se han dado ya demasiadas explicaciones para justificar expansiones económicas impresentables.

Como sea, ahora que se aparece marzo y que su llegada no es sinónimo de angustia sino que de esperanza, tal vez sería bueno y oportuno parafrasear al presidente Lagos y recordarle a los chilenos que “la tarea número uno de Chile es crecer…”. Y que si “lo demás es música”, pues bien: ¡música maestro!