Con un concierto en su capilla de Alto Jahuel, en medio del amplio parque de la viña, Santa Rita festejó el inicio del otoño. Habrá uno por cada estación, retomando una tradición congelada hace siete años.

  • 29 marzo, 2012

Con un concierto en su capilla de Alto Jahuel, en medio del amplio parque de la viña, Santa Rita festejó el inicio del otoño. Habrá uno por cada estación, retomando una tradición congelada hace siete años. Por Cristóbal Fredes; Fotos, Gabriel Pérez

El 21 de marzo pasado, día del equinoccio de otoño, el parque de la viña Santa Rita acusaba los primeros indicios del cambio de estación: algunas hojas secas, un sol más clemente que el de febrero y, más entrada la tarde, la temperatura levemente fría, difícil ya de sobrellevar con poco abrigo. Hasta allí, los cerca de 150 invitados (autoridades, ejecutivos de la bodega, directores de las empresas del grupo Claro, entre otros) llegaban con tranquilidad y silencio. Un sigilo acaso motivado por la magnitud del paisaje: la cordillera de los Andes que vigila imponente toda la zona del Alto Maipo y, por cierto, los amplios jardines que rodean el Hotel Casa Real y su capilla contigua.

El parque impresiona tanto por sus dimensiones (40 hectáreas), como por su elegancia, que pareciera de otros tiempos. Ostenta el lugar una belleza aristocrática, europea, decimonónica, donde impera la armonía y se entrelazan una laguna verde con cisnes, diversas estatuas, impecables parcelas de pasto raso y otros sectores generosos en árboles y arbustos para admirar, como una impresionante buganvilia de más de seis metros de altura. Entre medio, como perdida en la vastedad de los jardines, una piscina amurallada y barroca, que invita a imaginar ocupantes de otros siglos.

El parque es una de las cúspides de la obra de Guillermo Renner, el afamado paisajista francés que lo diseñó. Sin duda, una de las creaciones mejor mantenidas del hombre también responsable del Parque Cousiño, el Parque Lota, el ex Congreso Nacional y los jardines de otras centenarias bodegas del valle como Concha y Toro y Cousiño Macul.

La capilla, destino final de los asistentes pues allí se iba a realizar el concierto de otoño, también remite a costumbres de otra época: se dice que fue un regalo de Domingo Fernández Concha, fundador de la viña en 1880, a una de sus hijas al momento de casarse. De arquitectura neogótica, llama la atención por fuera e impresiona por dentro, con formas y trazos que remiten al interiorismo de las más célebres iglesias europeas. En 1980, cuando Ricardo Claro compró la viña, pensó en aprovecharla como escenario musical y con el tiempo ideó conciertos que celebraran la llegada de cada estación. Fue una costumbre que perduró por más de dos décadas. La misma que ahora se retoma, tras haber estado congelada por siete años.

Curiosamente, también un 21 de marzo, pero en el equinoccio de primavera, por estar en el hemisferio norte, nació Johann Sebastian Bach, compositor que sería protagonista ese día en la capilla. El Ensamble Bach, orquesta de cámara local dirigida por el organista Luis González, fue el encargado de interpretar al compositor alemán en dos cantatas –BWV 170 y BWV 158; ambas, obras de corte religioso–, como también a Händel, a través del Gloria en re mayor. La 170, una intensa y emocionante cantata para solista, brilló más que las otras piezas. Lo hizo en buena parte por la jerarquía de la contralto Pilar Díaz, versátil intérprete de reconocida trayectoria. Lo que también resaltó fue la capilla, gracias a su acústica exquisita y a su tamaño apropiado, perfecto para las orquestas de cámara, a veces, a merced de salas que no le hacen justicia. La envidiable sonoridad de la sala (donde uno se encuentre se escucha bien y con nitidez) fue celebrada por el propio director del ensamble en más de una ocasión, cuando presentaba las obras antes de la interpretación. Terminó el concierto con aplausos generosos y con Elena Carretero, gerente de Asuntos Corporativos de Santa Rita, celebrando la ocasión y recordando que la próxima velada será el 21 de junio, para saludar a otra estación: el invierno.

La música dio paso al vino, actor principal del cóctel que sucedió al concierto. Fue en el patio interior del Hotel Casa Real, cuya arquitectura y sofisticación difícilmente dejan indiferentes. Fue la casa del fundador pero también hogar de Vicente García Huidobro, yerno de Fernández Concha y cabeza de una familia que tuvo la propiedad de la bodega por más de siete décadas. Un clan que tenía entre sus hijos al célebre poeta Vicente Huidobro, quien frecuentaba este espacio de arquitectura pompeyana, hoy transformado en un exclusivo hotel, lujoso y con un aire campestre.

En medio de aquel escenario, María Luisa Vial, viuda de Ricardo Claro, tomó la palabra. Celebró “el momento grandioso brindado por el Ensamble Bach” y homenajeó, emocionada, a quien fuera su esposo. “Él fue un gran visionario de la viña y todo lo que la rodea”, dijo del impulsor de estos conciertos. Juan Agustín Figueroa, presidente de Santa Rita, también entusiasmado por la música, se explayó: “en el mes en que maduran las uvas, en el inicio del otoño, resulta una fecha mágica para convocar nuestra vocación cultural. La viña Santa Rita ha contribuido a la cultura con un maravilloso museo, ha restaurado esta casa y hoy venimos de una capilla que es una verdadera joya. Construida a fines del siglo XIX, los años y las inclemencias del clima la fueron deteriorando, pero fue la perseverancia de don Ricardo Claro la responsable de que se recuperara. Y hoy, en este verdadero hallazgo de la arquitectura, Bach y Händel nos han brindado una fiesta de la armonía”.

Agregó: “el vino, producto del terroir, de las uvas y las cepas seleccionadas, pero también de la perseverancia y de la inteligencia de quienes contribuyen a elaborarlo, ha estado siempre íntimamente ligado a la música. Música y vino parece que fueran expresiones de un mismo sentimiento”. Por otro lado, Elena Carretero insistió en que esto era solo el inicio de una serie de actividades culturales.

Ya en conversación con Capital, ahondó en el sentido de este tipo de instancias. “Antes los fundos tenían gente viviendo dentro, por lo tanto la capilla era el lugar donde se encontraban todos los que vivían en las cercanías. Obviamente, en las capillas siempre han interpretado coros, pero hacer algo especial, aprovechando su acústica, fue la iniciativa creada por Ricardo Claro y que decidimos retomar. Y es una actividad que además va muy unida al vino”.

Comentó también la idea de abrir esta actividad al público en general. “Tenemos la visión de poder también repetir este ciclo para la comunidad de Buin, de Alto Jahuel, quizás hacerlo a otra hora para que pueda venir gente de la zona a disfrutar también de estas instancias”. Aún no se conoce el repertorio de los conciertos que festejarán las fechas venideras, aunque Carretero dice que probablemente alguno incluirá algunas de las conocidas Estaciones de Vivaldi.

La jornada empezó con música y terminó con vino. Lucía la viña, sobre todo, su carménère Casa Real, una de sus nuevas apuestas de alta gama, que los invitados pudieron degustar. Mientras tanto, a escasos metros, la bodega de vinificación se preparaba para recibir pronto la mayor parte de la cosecha del año. Las uvas que después se hacen vino. El otoño había comenzado.