Luego de que en 2017 la corporación que administra el Museo de Ferroviario y el Museo de la Ciencia y Tecnología dejara de recibir $40 millones anuales por parte de la Municipalidad de Santiago, debió utilizar sus fondos de reserva y así mantener su funcionamiento. El director, Nicolás Troncoso, confiesa que la situación es crítica, tanto, que ambos centros podrían cerrar sus puertas para siempre. “No tenemos cómo seguir pagando”, lamenta.

  • 10 julio, 2020

Cada año que se celebra el Día del Patrimonio, el Museo Ferroviario –ubicado en el Parque Quinta Normal– se convierte en una de las tres atracciones favoritas. Sus amplios jardines que albergan reliquias como el coche de Pedro Aguirre Cerda y que ocuparon más de nueve Presidentes de la República, se atestan de visitas. El año pasado, el Museo de la Ciencia y Tecnología, emplazado a pocos pasos y conocido por su material pedagógico y familiar, se unió a la festividad y abrió sus instalaciones. Hoy, sin embargo, el panorama para ambos recintos es desolador.

Desde 1983 la Corpdicyt, (Corporación Privada para la Divulgación de la Ciencia y Tecnología) que reúne a ambos establecimientos, recibía un aporte del 25% de su operación –que equivale a unos $40 millones de pesos– de la Municipalidad de Santiago, monto que fue disminuyendo de manera gradual. Y desde el 2017, la situación económica se ajustó significativamente. Por lo mismo, a principios de 2019, Nicolás Troncoso –quien forma parte de la corporación hace seis años– asumió como director general para mejorar la estructura, renovar el financiamiento y ordenar la administración. Junto a ello, comenzaron a recibir donaciones privadas. El año pasado se hizo además una mejora estructural a la fachada del Museo de Ciencias. Según explica Troncoso, nunca quedó claro porqué la municipalidad dejó de brindarle financiamiento a ambos museos. “No logramos entender por qué o bajo qué criterio se tomó esa decisión. Hay otros centros culturales similares a los que se les sigue entregando el apoyo y a nosotros no”, asegura dando como ejemplo el Museo Violeta Parra.

Museo Ferroviario

Pasar agosto

Cada año, el Museo de Ciencia y Tecnología recibe 91.000 visitas, mientras que el Museo Ferroviario, 131.000. “Nuestro presupuesto es escaso, es 30 veces menor que el de los grandes, como el Museo de la Memoria y el MIM. Ellos tienen un presupuesto estatal enorme y yo no sé si tienen 30 veces más público que nosotros,” asegura Troncoso quien plantea que los fondos de reserva están casi agotados y sólo alcanzan para mantenerse hasta agosto y septiembre.

El estallido social marcó una baja en las visitas, aunque el cierre fue por pocos días. Este significó que el déficit de 15 millones de pesos que habían acumulado en 2018 se elevara a $65.000.000. Tanto el directorio como los funcionarios y guías de los establecimientos decidieron mantener los lugares abiertos lo más posible, con restricciones de horario por seguridad. “Sentimos que como institución cultural era precisamente el momento de no dejar botado al público que tiene necesidades culturales”, explica Troncoso.

El director plantea que es una «paradoja de la historia moderna», el que los medios de comunicación y la opinión pública estén preocupados de la ciencia y exactitud de los datos, «pero que el primer museo en cerrar sea precisamente el de esa área». “No tenemos cómo seguir pagando la mantención. Aquí falta una sensibilización política. Por ley de presupuesto nosotros no tenemos acceso a fondos. Queremos mostrar esta situación y estamos desarrollando la búsqueda de fondos de privados, lo que en esta época no es fácil”, explica.

Desde marzo, los empleados de ambos museos se encuentran acogidos bajo la Ley de Protección de Empleo.

“El llamado a las autoridades es a clarificar cómo quieren entender la cultura. ¿Por qué el público que va al Museo Ferroviario o al de Ciencia no tiene derecho a que el Estado lo promueva? ¿Cuáles son los criterios?”, remata Troncoso.