Granjeros de mar En cosa de 25 años, un puñado de amigos ha dado forma a una empresa que ambiciona ocupar el tercer puesto entre las productoras acuícolas del mundo. A fuerza de garra y de saber tomar el sendero correcto en las horas decisivas, hoy Multiexport da empleo a 1.700 personas y se prepara […]

  • 15 junio, 2007
Granjeros de mar

En cosa de 25 años, un puñado de amigos ha dado forma a una empresa que ambiciona ocupar el tercer puesto entre las productoras acuícolas del mundo. A fuerza de garra y de saber tomar el sendero correcto en las horas decisivas, hoy Multiexport da empleo a 1.700 personas y se prepara para abrir a bolsa su filial estrella, Multiexport Foods.
Por Soledad Pérez R.; foto, Enrique Stindt.

En Multiexport están convencidos que la acuicultura es la gran promesa de la alimentación mundial o la Revolución Azul como la llamó The Economist. Y por eso se están armando: quieren estar, en muy corto plazo, en el club de los tres mayores productores de seafood del planeta. Llevan años trabajando con ese objetivo, solo que ahora se hacen un espacio para contarlo, en medio del fuerte ajetreo que les ha significado el proceso de colocar en bolsa parte de su filial estrella, Multiexport Foods, dueña entre otras cosas de la séptima salmonera del mundo.

La apertura, a cargo de LarrainVial, los tiene revolucionados. En los últimos meses prácticamente no han dejado de armar prospectos, afinar detalles y definir los timings de la operación, que se producirá en julio con la oferta de entre 10% y 20% de la compañía, en un precio que analistas calculan superará los 70 millones de dólares.

Más allá de las cifras, para los socios de la empresa –José Ramón Gutiérrez, Martín Borda, Alberto del Pedregal, Carlos Pucci y Arturo Clement– esta jugada tiene un significado muy especial. De partida, implica compartir la propiedad con terceros, después de casi 25 años de trabajo silencioso y a puertas cerradas. Lo segundo, que tiene que ver con la etapa de globalización a la que aspiran, ello les permitirá actuar en las ligas mayores, conectarse con el sistema financiero de una manera distinta y acceder a nuevas formas de financiamiento a futuro.

-Lograr estar dentro de los tres mayores players del mundo no nos cabe en la cabeza sin estar abiertos a bolsa, porque vamos a requerir de nuevos aumentos de capital –explica José Ramón Gutiérrez, presidente del directorio.

Por lo pronto, Multiexport Foods tiene bajo el brazo un paquete de inversiones por 250 millones de dólares hasta el 2010, cifra similar a la que esperan facturar este año y que representa el 70% de todas las ventas del grupo. Entre líneas, sin embargo, se advierte que el plan podría considerar más. Solo en el negocio salmonero, los socios tienen definido crecer con fuerza en los años que vienen, en un mercado donde el tamaño es cada vez más clave y la competencia internacional, con Noruega en específico, apta solo para gigantes.

A eso se agrega que están apostando fuerte por el incipiente negocio del cultivo de choritos, a través de la filial Mytilus Multiexport en Mejillones, que recién el 2006 tuvo su primera cosecha pero está creciendo “vigorosamente”, como dicen ellos. Una tercera cara es la internacionalización. Para eso formaron la empresa Cultivos Acuícolas Internacionales, con la idea de producir dentro de América latina otras especies marinas, a través de operaciones propias. “Esperamos que empiece a hacer de las suyas a fines de este año”, comenta Gutiérrez.

De la mano de estas áreas, los dueños de Multiexport Foods creen que lo tienen todo para conquistar el mundo. En el proceso los acompaña la capacidad empresarial y sobre todo la fuerte cohesión con que han trabajado para transformarla en una compañía de clase mundial.

Martín Borda, hijo de don José Borda Aretxabala y director ejecutivo de la sociedad, lo resume así:

-Una de las gracias de esto es que es muy raro encontrar una empresa que lleve 25 años y no haya tenido que vender una parte o sus socios se hayan separado. Y eso se da porque nos conocemos de niños y tenemos la libertad de hablarnos muy francamente –explica.

Pero la empatía y la amistad no es lo único que los une. Tienen un pacto escrito y otro de honor, pero además comparten una misma forma de hacer las cosas: que son conservadores en lo financiero y aventureros en lo empresarial. Tanto, que recién hace seis años se decidieron a repartir dividendos, en un porcentaje que no supera el 10% de las utilidades netas. “Si la mejor rentabilidad ha estado en nuestra industria ¿para qué íbamos a retirar la plata?”, dice Borda.

Eso les permitió crecer hasta los niveles que tienen hoy, en que producen alrededor de 53 mil toneladas de salmón, dan empleo a unas 1.700 personas, poseen casi un centenar de concesiones acuícolas, exportan a más de 35 países y, más encima, tienen oficinas en Estados Unidos y Japón.

LA CRISIS, EL ORIGEN

En su origen Multiexport no pretendía otra cosa que aprovechar la apertura comercial chilena y exportar lo que fuera y adonde fuera. La idea inicial fue de dos amigos, Alberto del Pedregal y Martín Borda, que por los años 80 tenían menos de 30 años y recién partían en el mundo laboral, el primero en la Colocadora Nacional de Valores y el segundo en el holding de su familia, por entonces dueña del Banco Sudamericano. Eran tiempos malos para la economía chilena tras la devaluación, la intervención de la banca y la caída de los grandes conglomerados industriales y Del Pedregal y Borda creían que la única salida a la debacle era que Chile dejara de ser mono exportador y pagara sus gigantescas deudas en dólares… con dólares.

{mospagebreak} Y así, en una oficina que les prestó don José Borda en el centro de Santiago, instalaron la Sociedad de Exportaciones Múltiples, Multiexport, desde la cual vendían desde cueros, maletines y carteras, hasta champiñones en salmuera, berries congelados, aletas de tiburón, productos deshidratados, algas y un sinfín de cosas que sería largo de enumerar. En su primer año facturaron 300 mil dólares y al siguiente ya estaban operando con oficinas propias. Un personaje clave en su despegue fue Hugo Pino, un ejecutivo con experiencia en comercio internacional que les enseñó, desde la gerencia general, las claves para comerciar con clientes en todo el mundo.

En vista que el crecimiento superaba con creces sus expectativas, Del Pedregal y Borda invitaron a Carlos Pucci y a José Ramón Gutiérrez –este último amigo y ex compañero del Colegio San Ignacio– a participar en el emprendimiento. Para entonces, las ventas de la empresa llegaban a los 3 millones de dólares.

-Nuestro gran activo en esos tiempos de crisis fue que no teníamos pasivos. Eramos jóvenes y teníamos proyectos, al revés del resto de la economía, donde había gente consolidada pero muy endeudada en dólares –recuerda Borda.

Las cosas, cuentan, se les fueron dando. Los bancos les creyeron y muchas empresas, que estaban en pésimas condiciones económicas, no eran capaces de responder a sus clientes internacionales y por eso comenzaron a trabajar con ellos. Pero llegó un momento en que de tanto abarcar el negocio se les tornó difícil. Fue entonces que hicieron su primer brainstorming. “No podíamos seguir adelante en esas condiciones y pensamos que si queríamos proyectarnos hacia delante teníamos que darle un foco al negocio y concentrarnos en cuatro o cinco temas no más”, dice Gutiérrez.

Se quedaron con las algas y los productos del mar. Y ahí partió la historia de Multiexport que conocemos hoy, que se estructuró como una organización peineta para dar un orden a los distintos rubros en los que empezaron a operar. Se creó Alimentos Multiexport, para comprar, procesar y vender seafoods en un área que iba desde la IX hasta la XI Región, y también Conservas Multiexport, que se dedicaba a los productos enlatados en su planta de Coronel. En el norte chileno, en tanto, siguió operando una filial exclusivamente dedicada a las algas.

Hasta esa época, mediados de los 80, la compañía maquilaba la producción de terceros, pero no tenía ni plantas de proceso ni infraestructura propia, en parte por restricciones de capital y en parte porque el volumen con el que trabajaba no justificaba palabras mayores. Pero con el tiempo no les quedó otra alternativa y muy endeudados construyeron su primera planta en Puerto Montt, sin sospechar que sería clave en la futura transformación de la empresa en player mundial.

Los comienzos, sin embargo, no fueron fáciles. Gutiérrez todavía se acuerda de esos primeros años en el sur, en que a la poca cultura industrial se unía la escasez de mano de obra en las épocas de verano, cuando los trabajadores emigraban a Argentina. Tampoco había certeza sobre la disponibilidad de materias primas, las que a veces eran abundantes, pero muchas no. Con incertidumbres y costos fijos pasaron los primeros años. Hasta que aparecieron los salmones.

EL SALTO DE MULTIEXPORT

Si no se hubieran instalado en Puerto Montt, probablemente los socios de Multiexport se habrían enterado tarde del boom de los salmones. A la planta, una de las más modernas de la zona, empezaron a llegar las primeras producciones, las de los hermanos Fischer y Pucci –dueños de Aqua Chile–, para ser procesadas. En esta incipiente industria, vieron una muy buena oportunidad. No fue lo único. Intrigados por lo que prometía ser un buen negocio, algunos socios viajaron a Europa a investigar sobre la actividad.

-Nosotros éramos procesadores y comercializadores, pero vimos que el salmón calzaba perfecto en nuestro mix de abastecimiento. Por eso nos decidimos y empezamos a aprender cómo se cultivaba, con la idea de tener una producción lo más estable posible en la planta y a menores costos. Podría decirse que partimos al revés -dice Gutiérrez.

La decisión no pudo ser mejor. Justo en esa época, fines de los 80, Arturo Clement, ex compañero de universidad de Gutiérrez, había llegado a trabajar al sur con ellos. Le pidieron que se hiciera cargo de las primeras operaciones. Fue una aventura. Clement –socio de Multiexport Foods– se instaló en Dalcahue, en una casa que quedaba a metros de los peces.
“Salía de su casa, tomaba el bote y se iba a las balsas”, cuenta Borda.

Mientras tanto, la planta estaba sufriendo algunos problemas. Comenzaron a escasear las materias primas y el acceso a ellas era cada vez más difícil. Para remediarlo, decidieron entrar al negocio de la captura, en alianza con Pesquera Omega, de capitales norteamericanos. Pero en los 90 hicieron su segundo brainstorming y vieron que estar en las dos actividades, la pesca y los salmones, requería de más capital del que podían apostar. Entonces se concentraron solo en la salmonicultura.

De ahí en adelante no hubo quién los parara. Armaron una empresa en Estados Unidos, que partió en el garaje de un restaurante en Miami, de propiedad de unos socios, y se dedicaron a vender salmones a los norteamericanos. La planta en Chile, poco a poco, no dio abasto para los requerimientos de sus clientes y solo luego de un tiempo pudo atender la producción propia. A fines de los 90, los socios compraron la operadora Chisal al grupo Córpora y eso les significó catapultarse a las ligas mayores, con una producción de 18 mil toneladas anuales, bien lejos de las 53 mil toneladas con que esperan cerrar diciembre. Se transformaron en productores mundiales sin siquiera proponérselo, dicen ambos.

Hoy son conocidos en todo el mundo y, aunque sus productos van en un 44% a Estados Unidos, también tienen presencia en mercados nuevos para los chilenos, como Rusia, China, Corea, Taiwán y Singapur. Pero quieren más. Y cifras en mano cuenta por qué. En el planeta, apunta Gutiérrez, el 70% de las especies está en riesgo de sobreexplotación y hace unos 20 años que la captura a nivel mundial se mantiene en el mismo nivel. La solución a todo eso, dice, está en arar sobre el agua para garantizar el alimento a una población que crece y crece.