Estaba internada desde el miércoles en el Hospital de la FACH, y hoy falleció a los 93 años.

  • 2 julio, 2020

Cerca de las 11 de la mañana, a los 93 años, murió Ángela Jeria, madre de la exPresidenta Michelle Bachelet. Fue internada de urgencia ayer en el Hospital de la FACH con diagnóstico reservado, de acuerdo al comunicado de prensa de la Fuerza Aérea. «Dado su delicado estado de salud y pese a todas las atenciones y cuidados brindados por personal médico de la Fuerza Aérea de Chile, en horas de esta mañana se produjo su deceso, situación que fue informada en forma directa a sus familiares quienes la acompañaron en todo momento», aseguró la institución.

Jeria nació en Talca, se casó con el general Alberto Bachelet, secretario de la DINAC durante el gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe de Estado, fue detenido y torturado y falleció en 1974 en la Cárcel Pública de Santiago. Madre de dos hijos -Michelle y Alberto- tras la muerte de Bachelet, y luego de ser torturada también en Villa Grimaldi, Ángela se exilió en Australia junto a la Alta Comisionada de DDHH, luego en la URSS y la RDA. La exPresidenta, radicada en Ginebra, tomó un vuelo a Santiago para despedir a su mamá.

Pasión por la arqueología

Ángela Jeria entró a estudiar arqueología el año ’69 siendo madre y ya jubilada como funcionaria de la Universidad de Chile. Según una carta que publicaron cuatro miembros del Colegio de Arqueología de Chile, su amor por esa ciencia vino principalmente gracias a una profesora que tuvo mientras vivía en Arequipa, que era ayudante de Julio Tello. En esos años se «enamoró» de la arqueología, «pero llegando a Chile la pesca a uno la vida y la lleva por veinte caminos”, reconoció en una entrevista que la institución le hizo en abril de 2018.

A continuación un extracto de la publicación:

«Ángela nos contó sobre sus años universitarios, cuando estudiaba con 43 años y mucho entusiasmo.  Nos compartió acerca de las sesiones de estudio que hacían en su casa, las discusiones y la buena relación que mantenía con sus compañeros y compañeras: “Una vez que salimos a excavar, yo estaba excavando una trinchera y de repente sentí como una palada de tierra encima. Y me decían “Ángela, agua va” y era la tierra que me tiraban encima. Entonces imagínate la relación que tenían conmigo. Ellos me incorporaron como una compañera más de su edad”.

Le faltaba dar solo un examen para licenciarse, cuando el Golpe cambió su vida para siempre. Inmediatamente después, fue detenida junto a su hija, torturada y tuvo que pasar a la clandestinidad, hasta su exilio en 1975. No obstante, durante su exilio en Alemania Oriental continuó con su pasión y trabajó en el Museo Prehistórico de Postdam. En 1979 regresó a Chile y trató de finalizar sus estudios, pero obstáculos académicos se interpusieron: “Hice un año porque ahí me dejaron entrar, pero ahí tenía que recuperar los nueve ramos que yo no había tomado… eran ya de cosas que aprendí cuarenta años atrás”.

El vínculo con la arqueología no terminó allí, en su velador distintos libros la acompañaron y en varias oportunidades la conversación se desvió a preguntas sobre temáticas y nuevas investigaciones. Al despedirnos, Ángela nos agradeció porque había disfrutado la conversación y había sido agradable volver a hablar de arqueología.

“Siempre me ha entusiasmado saber cómo fue naciendo la humanidad, cómo fueron desarrollándose las civilizaciones (…) Eso es lo que me apasionaba, cómo fue el desarrollo de la humanidad desde antes. Entonces yo digo que la gente no entiende la importancia que tiene la arqueología para poder saber a través de los años cómo se ha ido desarrollando una sociedad y ver qué es lo que no se debe hacer en una sociedad. Porque no tiene sentido saber lo que hacían, si uno no lo usa o no lo relaciona. Decir así como de memoria todo lo que era una ruina, no tiene sentido para mí”

Con estas palabras, quisiéramos homenajear y despedir a una gran mujer arqueóloga, muy querida por sus colegas y amigas, hijos, familiares y nietos, a quienes les acompañamos con profundo cariño en este momento.

Adriana Brinck, Cristian Dávila, Nicole Fuenzalida y Francisca Moya».

Condolencias

En las redes sociales, varias figuras políticas la homenajearon, mientras que el rector de la U de Chile, Ennio Vivaldi decretó duelo universitario.